Una Academia de Música
Para que la Vocación por el Arte Musical Encuentre Donde Germinar

NAVARRETE
,. Todavía 30 años después de desaparecida la primera y única academia de música de aquí, en los nostálgicos tímpanos de los oídos de las afrudas generaciones que disfrutaron esas vivencias musicales, resuenan los redoblantes, las trompas, los clarinetes, las trompetas, los trombones, los saxos y el contrabajo al tocar las danzas, danzones y merengues excelentemente bien acompasados que interpretaban los integrantes de la primera banda de música municipal que tuvo su feliz existencia hasta el año 1972.La entrada o vestíbulo del "Palacio Municipal" fue siempre el escenario desde donde la banda de música municipal interpretaba, al caer las tardes de cada domingo, las diferentes composiciones musicales, joyas de la época dorada de los años anteriores a los 60, ya que en Navarrete, a diferencia de los otros municipios no había un parque municipal, por lo que la parte frontal de nuestro ayuntamiento se utilizó como pista de bailadores y tarima para los músicos de nuestra extinta Banda Municipal.
Aquí existieron hasta los inicios de los años 70, una Banda y una Academia de Música. La banda estaba integrada por 16 músicos y un director, el que asumía la función de Director de la Academia donde se formaban los futuros músicos e integrantes de la banda de Música y otras agrupaciones que iban surgiendo.
El local que hoy ocupa la Defensa Civil fue el espacio donde funcionaban la Academia y la Banda de Música.
En ese período, ambas instituciones eran financiadas por el ayuntamiento municipal, que operaba con un presupuesto subsidiado por el Gobierno Central y recibía la suma de tres mil pesos RD$3,000.00 cada mes, no obstante lo difícil de esas circunstancias de esa época, ambas instituciones musicales se nutrían de los fondos del ayuntamiento.
Pero ocurre que todavía más 30 años después de desaparecidas las dos entidades y habiendo surgido una innumerable cantidad de leyes, disposiciones y ordenanzas municipales, que han convertido a los Ayuntamientos en organismos que manejan muchos recursos económicos, lo que los convierte, desde esa óptica en reales gobiernos municipales, pues se ha fortalecido su autonomía, estos se han descentralizado e incluso en el año 2000 se aprobó una nueva Ley, la número 166-03 que le entrega el 10% del Presupuesto Nacional a los Ayuntamientos.
Lo que implica que si en los años 70 los cabildos sostenían una academia y una banda de música con un miserable subsidio que no superaba los 3 mil pesos al mes, cómo se explica que hoy cuando administran la astronómica suma de 130 millones de pesos al año, no muestren iniciativas ni la disposición de aperturar una labor artística que como la musical es indispensable en "…el alma de los pueblos".
Por lo que estamos proponiendo que nuestro ayuntamiento cree, de apertura a una Academia de Música con uno o varios profesores de solfeo, porque entendemos que estas instituciones requieren que el gobierno del municipio le preste la debida atención a tan importante elemento de la cultura de un pueblo.
Esta demás decir que de ellas surgen los instrumentistas de las bandas municipales que se encargan de ofrecer los conciertos y alboradas en cada localidad, sobre todo para las comunidades como la nuestra que no tiene acceso a centros artísticos y de diversión sanos ni mucho menos roce con compositores, literatos y trabajadores de la cultura.
Una de las metas de los gobiernos municipales debería estar relacionada con el correcto acondicionamiento de esos locales o espacios físicos, sin distinción alguna.
Otra meta, del Concejo de Regidores, sería dedicar partidas presupuestarias permanentes para la compra gradual instrumentos, pago de los profesores que se encargarían de formar musicalmente a los nuevas generaciones con la esperanza de forjar generaciones de hombres y mujeres que como músicos serían "…mejores ciudadanos".
Nuestra propuesta es fruto de que sabemos que los todos los Ayuntamientos disponen de un 10% del Presupuesto Nacional y por ello pueden darle al pueblo la oportunidad de ejecutar una obra de real trascendencia para la vida en sociedad.