“Esta
era la vida que más me gustaba, la
vida de ser un gigante de dos ojos,
para vivir en el lago, cerca de
la cueva de La Doña Patria”.
–Decía- Moreno Blanco, para
explicar su Metempsicosis. ¿Se
acuerdan? .¿ Se acuerdan también de
La Doña Patria?. ¿Aquella columna
verde e interminable que recorría
todo el pueblo?; ¿dividiendo las
propiedades?; ¿con huecos profundos,
infinitos y maravillosos en su
ombligo?; ¿donde los niños solían
jugar?. ¿Recuerdan este
cactus de
múltiples brazos espinudos que al
ser golpeado vomitaba una especie de
leche babosa, pastosa y
nauseabunda?. Seguro que sí, que
muchos la recuerdan.

Para esos
tiempos, cientos de decenas de
personas buscaban una explicación
para la desaparición de estas verdes
catacumbas. Infructuosamente, las
conjeturas si no eran falsas rayaban
en lo ridículo. Sucede que luego de
la muerte del tirano Manuel Tolima
Morillo, los locales del partido
Dominicano, fueron invadidos,
destruidos, saqueados y hasta
quemados. Los enseres fueron
esparcidos, como minúsculas
partículas, repartidos y expropiados
por los enfurecidos manifestantes.
En muchas casas se conservan
reliquias de ese histórico momento
como: Sillas, mesas, figuras de
cerámica, muebles, cortinas.
Esto se fue pasando de boca en
boca,
-“No me rompas esa mecedora que era
del Partido Dominicano de Morillo”-
le decía- una señora a un niño, que
brincaba al mueble, como si se
lanzara en una piscina a darse el
último chapuzón. En medio de la
refriega, un sobreviviente encontró
en el suelo un royo de papel todo
arrugado y pisoteado. Este folio
apócrifo supuestamente fue escrito
por uno de los amigos más cercanos
del mismísimo Moreno Blanco, enredo
que ningún filólogo, elucubrador,
ha podido descifrar al no traer
dicha odisea, firma alguna. Esto a
todas luces representaba una
dificultad para la clarificante
labor de los linguístas.
El documento de este
Evangelista dice así: -“En medio de
La Doña Patria, en una zona
pantanosa, a orilla del lago de la
niega, donde florecen bosques de
aromas, cambrones milenarios,
guayacanes silvestres, caobas
sempiternas, anacahuitas
prehistóricas, entre las
interminables plantaciones de yuca,
plátano, batata, Tabaco, y las mil
y una especie de mangos
innombrables, pero más que nada,
debo mencionar la importante
biodiversidad existente en esta
región contando con aves y pájaros
cantores de especies endémicas,
algunas de las cuales hoy se
encuentran en estado de extinción
por la barbarie depredadora del
hombre, como son: Pericos, cotorras,
Guacamayos, pajuiles, ciguas
palmeras, gallaretas, búhos, pájaros bobos, tórtolas, rolas, cuervos,
carpinteros, garzas, judíos,
ruiseñores, petigres, Gansos, pavos,
y guineas. En ese paraíso rural,
apartado del pueblo vivía El Gigante
Bambilón. Yo, había leído en –El
Amadis de Gaula- que los llamados
gigantes mitológicos tenían un solo
ojo en medio de su frente, pero él
no, él poseía dos enormes ojos bien
definidos. Era realmente un ser
temible, pero a la vez
extraordinario continuador de las
proezas y batallas de Desiderio
Arias por la libertad, pero siempre
hechas las cosas a su manera. Sin
decirlo, él inspiró a muchos que
alzaron su voz contra las
injusticias de una tiranía sin
cuartel.

De generación en generación,
se contaba que su familia fue objeto
de un conjuro, de un hechizo maldito
que obligó a los de su raza a tener
Dos prominentes ojos saltones y
colorados, semejantes a dos tomates
de los llamados Barceló.
El, se le fugaba a su madre y
venía a la Doña Patria donde los
niños jugaban a papá y mamá, que era
un juego inofensivo y muy popular
entre los infantes. Su madre le
había prohibido ir a la Doña patria,
a juntarse con humanos, pero sobre
todo le advirtió –“ Si te encuentro
jugando esos insensatos, insanos e
impúdicos juegos te voy a mandar a
Limbotropía, la tierra de tus
abuelos”.- le decía- ella, pero él
no entendía, tenía la cabeza como un
hierro de dura y siempre se le
escapaba.
El era muy grande, pero tenía
el tierno candor de un bebé. Creo
que nunca dejó de ser niño,
divertido y juguetón; aunque creció
desproporcionadamente casi topando
al cielo. La verdad es que siempre
fue un espíritu jovial. A veces,
cuando hacía calor le decíamos: -“Ve
a ver como nos baja las nubes para
fabricar frío-frío”, y el nos traía
ese maná del cielo.
–“ Sí, Bambilon, a menudo se
aproximaba a la boca de la cueva de
la Doña Patria”. Al verlo nos
asustábamos tanto, pero tanto que en
cuestión de segundos la Doña Patria
quedaba pelada, triste y solitaria.
Les cuento que estas catacumbas del
espinudo cactus eran túneles
encrucijados que algunos consideran
fueron construidos por los indios en
tiempos de la colonia, como forma de
llegar a las ciudades sin dificultad
y sin ser vistos por los españoles.
Cuando el gigante nos veía adentro
gritaba : -“Gwuuuuaaaahhhh!!Gwruuuuuaaaahh!!!,
tan enorme era nuestro susto y
sorpresa que por temor al
abominable ser de los pantanos
durábamos varios días sin volver a
visitar aquellas divertidas cuevas
de la infancia. No sé porqué, pero
tenía la presunción que el gigante
se molestaba cuando nos veía entrar
a la cueva de la Doña Patria. Como
si él fuera el dueño de dichas
megápolis. Un día cansados de que el
desproporcional, mitológico y
enfurecido espécimen nos fastidiara
el juego construimos un hueco en la
tierra, bien pero bien hondo y lo
cubrimos de ramos verdes. Cuando el
gigante llegó para asustarnos, cayó
patas arriba en el hueco. Este
fatídico día hubo un temblor de
tierra que se sintió en todo el
país, producto de su desplome
desafortunado. Al verlo abajo, en
el hueco, vencido, corrimos a
nuestras casas dejándolo en la
soledad hasta que sus padres se
percataron y vinieron a rescatarlo.
Bambilón se había enamorado de
Juanita, una típica niña, hermosa y
lavadita , a la que él solo le
inspiraba terror.
Juanita Cartago se fue sola
al bosque, a buscar unas ramas
verdes, para su mamá fabricar unas
escobas. Ella, mientras tanto
aprovechó el mandado para atrapar
unas mariposas de las monarcas y
unos caballitos alados de los que
abundaban en los solares baldíos, y
así poder pasar el tiempo jugando
luego de las tareas de la escuela.
Bil, como también era conocido,
Bambilón, se encontró con Juanita,
solita en ese desierto mundo de la
Niega Florida.
–“Vamos a la cueva de la Doña
Patria”. -le dijo- -“Ven conmigo a
practicar nuestro jueguito
preferido”. –insistió- el insólito
niño.
Ella salió corriendo, pero él
la atrapó. –“Déjame, déjame” –decía-
ella. –“Yo no quiero jugar contigo.
Déjame malvado. Déjame ir”. –le
repetía- sin descanso, desesperada.

Yo había ido al bosque a pastorear
unas vacas y al percatarme de los
gritos de la niña corrí hacia el
lugar donde se escuchaban los
gritos, tomé una estaca de un palo
seco de guaconejo y desafié sin
miramientos a Bambilón, cuando se
me vino encima, me agache y él pasó
corriendo de largo. Ahí, me levanté
y le pegué varios estacazos en los
tobillos. Así se vio obligado a
soltar la niña que aún llevaba en
sus brazos. Mientras se redoblaba
del dolor y gritaba como un recién
nacido. Juanita Cartago y yo
escapamos corriendo, del furioso Bil,
provocando que ella se olvidara de
las escobas, las mariposas y los
caballitos alados.
Los padres del niño, megalito y
celestial, lo reprendieron por
dejarse apabullar de un niño, tan
pequeño como yo. –“No te preocupes”-
le decía – su madre, -“ya llegará
el día de tu venganza.-le reforzaba-
instigando en el gigante espureos
deseos. A partir de aquel día bil
bajó la guardia y comenzó a buscar
amistad con los niños , fuera de su
aldea. Para empezar, sus padres lo
inscribieron en la escuela de kinder
garden donde asistian los niños del
pueblo. Se pueden imaginar mi
impresión de aquel día. Llegar y ver
ese fantasma ahí sentado en primera
fila.
Todos los estudiantes se
asustaron, corrieron despavoridos en
todas direcciones. El maestro
gritaba y no sabía que hacer. Por
tal razón , yo me escapé de la
escuela con un grupo de niños.
Cuando me preguntaron en la casa :
-“Porqué te escapaste de la
escuela”?. Yo les dije:-“ES QUE YO
NO SE DELEYER”, pero la verdad es
que me impresionó muchísimo ir a mi
primer día de escuela y encontrarme
este horripilante ser sobre natural
sentado allí. No fue un sueño mió,
de ser así no se explica el por qué
todos los niños también salieron
corriendo a sus casas. No creo que
era un fantasma, o quizás si lo era,
lo cierto es que, Bambilón, el
gigante de la Doña Patria, vino a mi
escuela, a mi clase precisamente el
primer día. Me daban sudores fríos,
creo que hasta los pipis se me
salieron del susto tan grande. La
escuela quedó completamente vacía,
pues los niños no quisieron volver
a esta escuela hasta que no sacaran
de ahí al grandullón. Así sucedió.
El maestro se vio sin trabajo por
casi una semana, por lo que
transfirió al Pequeñón para otra
escuela más apropiada para él. En
tal virtud, la escuelita volvió a
llenarse de nuevo.
A medida que fue aprendiendo a
leer y escribir Bambilón se fue
encogiendo y terminó poniéndose de
la misma estatura que los niños
humanos, casi se hizo humano. Yo
mantenía mis reservas, respeto y
hasta una temerosa distancia hacia
el peculiar y extraño personaje. El
tiempo voló de prisa y sin mayores
inconvenientes, hasta que al empezar
el segundo grado de la primaria
volvimos a tener el niñote en
primera fila. Esta vez no hubo forma
de librarnos de su presencia. Para
más complicaciones tenía yo que
recorrer diariamente el largísimo y
solitario trayecto desde la escuela
a la casa en compañía de Bambilon,
ambos vivíamos en la Niega, cerca
del lago y la Doña Patria. De tanto
ir y venir para arriba y para abajo
fuimos perdiéndonos el temor y
acostumbrándonos a convivir en el
medio.
Eso sí, jamás le permitimos
introducirse con nosotros en la Doña
Patria, donde jugamos a papá y mamá.
Su cabeza era del tamaño de dos
cabezas y era lentísimo para
aprender. Lo que si tengo que
reconocer es que en materia de la
vida, él era muy versado, pues podía
andar por sí solo los parajes más
lejanos sin perderse, siendo el
maestro de muchos niños de mi
generación, en muchas cosas de la
difícil vida que nos tocó vivir. Un
Viernes, antes de la semana santa,
salimos para la escuela y el propuso
que cortáramos la escuela y nos
fuéramos a conocer a Limbotropía. La
legendaria tierra de la sacerdotisa
Iluminada Beliar donde vivían sus
abuelos. Nos internamos en los
prodigiosos túneles interiores de La
Doña Patria. Nos bañamos en el
arroyo Guanábano. Llegando por los
intrincados pasadizos a Villa Nueva,
donde duramos gratos momentos
observando las inmensas helices del
legendario molino de viento. El paso
por estas tierras nos sorprendió
porque aquí vivían las gentes de
hielo, un mundo totalmente congelado
en el tiempo. Donde el que sale
jamás vuelve, y los que se quedan,
nunca se despiden por temor a la
maldición de Sodoma y Gomorra.
Hicimos todo el trayecto a pié,
disfrutando el paisaje
esmeraldizante, el aire fresco con
olor de cascada y la naturaleza
armaniosa. Pasamos por las paredes
subterráneas e invisibles de La
Pailita, una de las siete entradas
secretas para llegar a los
prodigiosos linderos de la maga.
Por fin, al cumplirse el ombligo del
día arribamos a la fabulosa,
misteriosa y si se quiere mitológica
ciudad conocida como LIMBOTROPIA.
Allí conocimos los tiernos,
pacíficos y acogedores habitantes de
estas tierras; trepamos en una
palmera de tres dedos conjuntos; y
en los cocoteros sempiternos que
guardaban en su interior el agua de
la felicidad. Estos cocales eran tan
inmensos que hasta nos bañamos en
puritita agua de coco, y rastreamos
incontables clases de frutas:
Mangos, melones, guayabas, sandías,
níspolo maduro, anón, jagua, mamón,
lechosas, mamey, granadillos, chinolas, pero sobre todo
desgustamos de las Guanábanas
Gigantes. Frutas prohibidas para las
musas, porque los sabios de aquí
aseguraban que las mujeres que
comían de estas guanábanas se
hacían más fértiles.
Ya en una ocasión, un grupo de
mujeres luego de un baño en la
cascada, se fue a comer de la
dichosa fruta. Subieron tan en su
momento, que resolvieron su
calentón con varios de los Enanos.
Esta refriega erótica les costó la
expulsión de LIMBOTROPIA al grupo
completo. El objetivo de estas, era
procrear más mujeres, pero como los
pequeñines eran esteriles la
relación fue trunca. Ellas habían
aprendido en el libro invisible de
los sabios, que en luna llena los
Enanos podían ponerse fértiles. La
revuelta terminó sin resultados
tangibles. Algo salió mal, porque
las insurrectas jamás salieron
embarazadas.
Las musas desnudas, eran
mujeres solas que vivían sin hijos y
sin esposos. Su sociedad, era fruto
de la herencia Amazónica, con leyes
matrialcales, de mujeres guerreras,
protegidas por murallas
infranqueables, de la penetración
masculina y donde solo ciertos
elegidos podían entrar. Las ninfas
vivían allí, tan solo acompañadas
por sus hombresillos y el sabio de
los sabios Tételo Trombina Kurioso.
En las profundidades de estas
catacumbas conocimos a la Maga,
Iluminada Beliar; tomamos el agua
de la felicidad; departimos con las
finas y lindas musas con sus trajes
de Eva; quedando hechizados, por el
trino de las paradisíacas aves; la
imponente fuerza de los búfalos
fabulosos; los saltos increíbles de
los monstruos de tres cabezas y
trece manos; los puercos salvajes y
la sabiduría genial del Doctor,
Filólogo, profesor de generaciones,
poeta de los poetas y lingüista
reconocido en la Real Academia de
las lenguas prehispánicas Don
Fideligno Original de Copiosoneta
que orgullosamente afirma haber
inventado el idioma caona,
proveniente de la singular reina
indígena, Anacaona, martirizada por
el misógino Nicolás de Ovando. El
mismo Provenía de la ciudad de
Copiosoneta ubicada en los
entramados límites de Limbotropía.
Fumamos con ILuminada la pipa de la
paz, nos hicieron una ceremonia,
rito de iniciación y limpieza a
orillas de la cascada a la luz de la
luna. El Sabio Don Tételo Trombina
Kurioso nos dio un recorrido por los
increíbles territorios al tiempo que
nos hablaba de cosas que muchas
veces eran incomprensibles.
Volvimos a nuestras casas
cuando entendíamos que ya era hora
de regresar para que nuestros padres
no sospecharan los pasos y caminos
que habíamos recorrido sin su
consentimiento. Durante el trayecto
de regreso visitamos casa por casa a
los moradores de allí, compartimos
con todos tipos de personas, y sus
caracteres. Paramos por largo rato
en la casa de los abuelos del
gigante. Dos viejitos inmensos, de
pelo canoso y piel muy arrugada,
pero de una gran vitalidad,
jovialidad y ternura a todo dar. El
viaje de retorno fue muy placentero,
veníamos con las cabezas llenas de
múltiples aprendizajes y el corazón
que nos saltaba del susto.
Hablando de susto, permítanme
interrumpir el relato en este punto
y volver a los tiempos cuando aún
había una guerra no declarada con
Bambilón. Luego que los niños
metieran al grandote en el hoyo,
siguiendo las palabras de la madre,
este inventó la manera de vengarse
de las travesuras que les hicieron.
Me acuerdo muy bien –dice- el
relator del informe, que cerca de su
casa casi llegando a la frisada
comunidad de Villa nueva,
específicamente en la llamada Niega
de los pantanos verdes, muy juntito
a La Doña Patria había un inmenso
lago, digo que era un lago porque al
estar nosotros tan pequeños, veíamos
aquel pocito como un mar
inconmensurable. Bambilón, era tan,
pero tan monumental, que dentro de
sus calzados cabían las tres
carabelas de Colón. A menudo le
quitábamos los zapatos y cientos de
muchachos del pueblo nos metíamos en
ellos. Allí nos divertíamos,
jugábamos y bromeábamos hasta que
llegaba la noche. A veces soñábamos
y teatralizábamos la situación
semejando a los desesperantes
tiempos de Noé. Cuando millones de
personas y animales entraron en su
vote para salvar sus vidas por
mandato divino. El también se
fastidió de nuestras travesuras y se
las ingenió para darnos a tomar de
nuestro propio chocolate. Un día
innombrable, cubrió sus tenis con
pacas de tabaco, recogidas en el
Instituto de los Batistas, en La
niega. Nosotros: un numeroso grupo
de mozalbetes, niños y niñas nos
dirigíamos cantando, cherchando y
muy quitados de bulla, a la cueva de
La Doña Patria. Por error tomamos un
sendero equivocado y sin darnos
cuenta real entramos en las calzas
de Bambilón, el gigante, como
ratones a la cueva del gato.
Una vez adentro, el gigante
cerró la lengua de sus tenis y nos
quedamos atrapados en el interior de
ese oscuro y gran mundo. El por su
parte, lucía feliz, y jubiloso. Los
niños, al sentirse atrapados,
temblaban de miedo, oyendo los
rugidos y risas del temible ser.
Sin mucho esfuerzo empujó sus
tenis con el grupo de más de siete
chiquitines a bordo. El tecnobarco
salió a la deriva por el lago
inconmensurable de la impiedad, más
bien parecido al arca de Noé.
Llegamos al medio del lago y él se
reía, también se golpeaba el pecho
en señal de victoria. Luego de una
delirante risa loca sopló con todas
sus fuerzas y la embarcación se
introdujo lago adentro. De la nada
sobre salió una tormenta. El cielo
empezó a ennegrecerse, incesantes
aguaceros caían sobre el mojado
lago, las aguas se agitaban, la
embarcación se tambaleaba de un lado
a otro sin cesar. El oscuro panorama
se alumbraba con los constantes y
ensordecedores truenos. Detrás,
veíamos descender decenas de
relámpagos y rayos, que solo
infundían más temor. Se oían gritos
y llantos espantosos de los
asustados, indefensos e infelices
marineros que iban sin rumbo ni
capitán por los mares de la infamia
hacia lo desconocido. El lago creció
infinitamente y se hizo mar. Sin
saber como ni cuando fuimos a parar
a la otra orilla. El gigante, todo
mojado bajo la lluvia, seguía
observando impávido su obra. Cuando
ya casi topábamos tierra, él
extendió su brazo y detuvo el vote
en seco. Volvió a empujar la
embarcación con sus enormes dedos
para el corazón del lago. Al vernos
en tales aprietos se marchó, riendo
como loco, después de cumplida su
anhelada vendetta. Por varias
semanas estuvimos en ese mar
enfadado sin poder retornar a
nuestras casas; sin comida ni agua
pasando frío y en peligro inminente
de zozobrar. La tormenta calmó y
ayudados por la providencia de una
mano divina tocamos nuevamente la
orilla de la partida. Allí nos
esperaban atormentados los
familiares y amigos. Muchos de los
niños de la travesía fueron a parar
al hospital por desnutrición, además
de que llegamos prodigiosamente
hediondos de tantos días durmiendo
entre vómitos y porquerías.
Cuando volvimos a ser amigos,
el mismo Bambilón me contó que él
fue ese brazo fraternal que nos
salvó trayéndonos de nuevo a la
orilla inicial del lago. Bueno,
volviendo a lo que les contaba del
retorno a casa, desde la legendaria
tierra de ILuminada Beliar,
LIMBOTROPIA, y de lo emocionados que
nos sentíamos por esta mágica
experiencia de volver a nuestras
casas luego de cortar la escuela por
un día para aventurarnos a conocer
estas desconocidas tierras. Yo
caminaba silencioso, pensando en la
fiesta que me esperaba cuando mis
parientes se percataran de nuestro
escape. Mi gigante amigo también
venía preocupado, pero en el fondo
yo sabía, que él se preocupaba más
por mi situación que de la suya. En
cuanto a lo que podía suceder si se
llegaba a saber nuestra aventura.
Según , Bambilón me contó esta no
era la primera vez que él cortaba
la escuela para irse a recorrer
mundos desconocidos. Por diversos
pueblos y ciudades, ya él se había
ido caminando, en barco, nadando,
por los túneles de la Doña Patria y
buceando mares y ríos subterráneos e
infinitos. La verdad que yo ni
siquiera puedo imaginarme como él
tenía los pulmones tan desarrollados
para aguantar tanto tiempo debajo
del agua. Esto no se lo creí mucho,
pero él lo aseguraba con tanta
firmeza que me dio escalofríos.
También me contó que se fue por una
semana en un barco gigante, llegando
a una tierra desconocida de seres
iguales a los de su raza, de
crecidos. Rubios, barbados y de ojos
azules.
Era llamada, la tierra de Los
templarios y de los Nórdicos
vikingos. Es probable que parientes
remotos del niño hallan venido a
Limbotropía, estableciéndose en esta
área. No me explico como el aprendió
el camino y hay hasta quienes
afirman que se llevó a su familia de
retorno a esos lejanos territorios,
puesto que un día desaparecieron de
la niega para siempre, sin que jamás
se supiera de ellos.
Esa misma voz pópulis
argumenta que ellos no se fueron a
ese sitio, sino que viven en
Limbotropía con la curandera Reina
de las musas. Yo que vengo de allí,
les puedo asegurar que no vi ni
señas de él ni de Desiderio Arias. A
mi, que me gusta investigar las
cosas, y no me llevo, de chismes de
patio. Supe por un tío
sobreviviente de las manaclas, que
toda su descendencia fue masacrada
por ordenes del tirano Manuel Tolima
Morillo. El único pariente que quedó
de aquella masacre, vivíó por mucho
tiempo en Navarrete dedicado a
distribuir pan. Su nombre era Nino
Blanco. Bambilón, de un momento a
otro, me sorprendió, cuando
caminabamos de regreso a la casa.
Escaló el tope cementado del canal
mayor, abrió los brazos al cielo,
lanzó un estruendoso grito. Apretó
los puños, cerró los ojos y hablaba
bajito como quien dice una oración
en silencio. Luego me explicó que
estaba pidiendo a las fuerzas del
cosmo la paz, para que los maestros
no les vinieran con el cuento a
nuestras familias. Su conjuro parece
que resultó, porque nadie se enteró
de esto, hasta ahora que lo cuento.
A mí me empezó a fascinar la
amistad con Bambilón, a pesar de
todo, él no era tan malo como
parecía ni como lo pintaban. Una
gran madeja de mentiras se habían
tejido sobre él : “Que comía niños,
que se volvía galipote, que era un
asesino cruel y confeso que mataba
gentes por gusto, que era brujo, que
se había ido a Haití, a prepararse
para salvarse de la muerte. etc.”
Después de conocerlo bien no me
pareció que era como decían las
gentes, e incluso el gobierno
tiránico. Nadie pudo impedir la
amistad que luego creció entre
nosotros. Vivíamos cerquitita en la
niega, al lado del lago, cerca de la
cueva de La Doña patria y muy a
menudo nos topábamos en la vida
cotidiana. Lo que sí era sumamente
difícil era jugar con el, sobre todo
porque su fuerza y poder no podía
competir con la de los niños
normales. Gracias a su ingenio
aprendimos a jugar el maravilloso
juego de la libertad.

El
único de los niños que le sacaba un
poco de partido, era Daniel el
travieso, que aunque paracía una
criatura normal, era como de otra
galaxia. Todo marchaba viento en
popa, la amistad con Bambilón, fue
creciendo hasta que un día a orilla
del Canal mayor, al lado del Cerro
de los Montan, Godofredo Sin
Vergüenza, un esquelético muchacho
de Pozo Colorado, desafió al
gigante. Mi amigo, el gigante
Bambilón, estaba destrozando a mi
otro amigo, el periflaco Sin
Vergüenza, que solo contaba con la
fuerza de su voluntad para enfrentar
al desproporcional luchador. Un
espectador, me empujó al medio de la
contienda como instigándome para que
saliera en defensa de Godofredo, él,
al verse perdido huyó despavorido
dejándome a mi el pleito con el
gigante. Le tiré una barredora con
mis pies y el gigante cayo de bruces
en el canal mayor. El público se
reía. Bambilón salió del canal y me
dio una patada en el estómago, que
me dejó si respiración. Me vi
indefenso luchando contra una fiera,
pero no me dí por vencido. Como pude
preparé mi arma secreta, un lápiz
nuevo que me habían comprado y se lo
enterré en uno de sus pies. El se
agarró el pie y gritaba. Mientras yo
corría como un antílope a mi casa.
Desde entonces no volví a saber más
del prodigioso gigante. Supe que una
mañana unos gendarmes se aparecieron
en su casa con macanas y rifles,
pero no lo encontraron.

Este se
escapó por La Doña Patria. Como
decían que él se escondía allí,
andaban buscando la forma de
destruir ese monumento prehispánico.
Nunca pudieron lograrlo, porque él
protegía aquellas
mallas espinudas
de la depredación. Como no querían
decir las reales razones para
destruir La Doña patria se
inventaron miles de diatribas:
“Que ahí se incubaban ratas;
que los puercos al pasar por las
mallas se infectaban de Dandí; que
su leche producía a los niños
vómitos y lombrices; que de su olor
estaban fabricando un sumo de una
peligrosísima enfermedad
desconocida, que sería la peste
humana más grande del mundo; que
producía la rabia a los humanos; que
era un refugio de brujos y
galipotes; que ya muchas personas
del área se habían enfermado de
Sífilis y tuberculosis.

Lo
raro es que ni los niños, ni
Bambilón nunca se enfermaron de
nada. Ni ellos ni nadie. Todo fue
una fábula inventada para hacer
desaparecer este glorioso monumento
natural hasta ahora irrecuperable.
Del prodigioso Gigante Bambilón solo
me quedaron estos recuerdos que aquí
escribo sin ningún ánimos de ofensa
y las enormes marcas de la
mordida que me propinó en el
costado Izquierdo. A muchos años
luces de aquellos acontecimientos
reconozco que: “Bambilón, El Gigante
de la Doña Patria” me enseño, a
amar la naturaleza salvaje de
Navarrete, el rudo y temible juego
de la libertad y la amistad, pero
sobre todo con él aprendí a
Tiguerear. La mano depredadora
del hombre derribó, La Doña Patria,
aquel gigante verde de incalculable
valor vegetal, para dar paso a la
civilización avasallante, sin el más
mínimo respeto por la naturaleza y
la vida de los seres humanos. Igual
que Bambilón, la Doña Patria, fue
aplastada. Yo en tanto escribo esta
nota para que se sepa la verdad de
lo que realmente pasó, con El
Gigante de la Doña Patria. No
estampo mi nombre, porque al hacerlo
estaría condenándome yo mismo a la
muerte, y tengo familia: Mujer e
hijos, como bien decía Moreno
Blanco:”Esta era la vida que más me
gustaba, la vida de ser un Gigante
de dos ojos, para vivir en el lago,
cerca de la cueva de la Doña
Patria”. Vida esta que yo también
adoro y añoro”. Así, decía
finalmente el increíble, y -plegado
royo apócrifo- de AUTOR ANONIMO,
pero atribuido al mejor amigo de
Moreno Blanco. Yo, más bien creo que
fue transcrito, de la memoria
colectiva inconciente del legendario
pueblo de LIMBOTROPIA, perdido en
el mapa, subyacente en el olvido,
la soledad y el abandono.