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   Este cuento Fantástico de Rafael Rosado, poeta y Escritor, titulado "Bambilon:El Gigante de la Doña Patria" pretende rescatar la historia y la naturaleza  de aquellos muertos vivientes que se resisten a morir. Que viven, hoy  más dispuestos  que ayer,  a levantarse como el ave feniz de las cenizas, para elevar prominente vuelo hacia las cumbres gloriosas de la esperanza, el amor, la justicia y la libertad. En definitiva, muertos amenazados por los des gobiernos, que han aniquilado dicha naturaleza, la libre expresión, y las ansias de  felicidad de un pueblo, que puede ser oprimido, pero jamás volverá a ser esclavisado por  ninguna clase de tiranía, llamese como se llame y venga de donde venga.

 
 
“Bambilon: El Gigante de La Doña Patria”

 

Cuento Fantástico de Rafael Rosado           correo:    rafael.rosado@yahoo.com  
 
 
“Esta era la vida que más me gustaba, la vida de ser un gigante de dos ojos, para vivir en  el  lago,  cerca de  la  cueva  de  La Doña Patria”.  –Decía-  Moreno  Blanco,  para explicar su Metempsicosis. ¿Se acuerdan? .¿ Se acuerdan también de La Doña Patria?. ¿Aquella columna verde e interminable que recorría todo el pueblo?; ¿dividiendo las propiedades?; ¿con huecos profundos, infinitos y maravillosos en su ombligo?;  ¿donde los niños solían jugar?. ¿Recuerdan este cactus de múltiples brazos espinudos que al ser golpeado vomitaba una especie de leche babosa, pastosa y nauseabunda?. Seguro que sí, que muchos la recuerdan. Para esos tiempos, cientos de decenas de personas buscaban una explicación para la desaparición de estas verdes catacumbas. Infructuosamente, las conjeturas si no eran falsas rayaban en lo ridículo. Sucede que luego de la muerte del tirano Manuel Tolima Morillo, los locales del partido Dominicano, fueron invadidos, destruidos, saqueados y hasta quemados. Los enseres fueron esparcidos, como minúsculas partículas, repartidos y expropiados por los enfurecidos manifestantes. En muchas casas se conservan reliquias de ese histórico momento como: Sillas, mesas, figuras  de  cerámica,  muebles,  cortinas.  Esto se fue pasando de boca en boca,
 -“No me rompas esa mecedora que era del Partido Dominicano de Morillo”- le decía- una señora a un niño, que brincaba al mueble, como si se lanzara en una piscina a darse el último chapuzón. En medio de la refriega, un sobreviviente encontró en el suelo un royo de papel todo arrugado y pisoteado. Este folio apócrifo supuestamente fue escrito por uno de los amigos más cercanos del mismísimo Moreno  Blanco, enredo que ningún filólogo,  elucubrador, ha podido descifrar al no traer dicha odisea, firma alguna. Esto a todas luces representaba una dificultad para la clarificante  labor de los linguístas.
       El documento de este Evangelista  dice así: -“En medio de La Doña Patria, en una zona pantanosa,  a orilla del lago de la niega, donde florecen  bosques de aromas, cambrones milenarios, guayacanes silvestres, caobas sempiternas, anacahuitas prehistóricas, entre las interminables plantaciones de yuca, plátano, batata, Tabaco, y las mil y una especie de mangos innombrables, pero más que nada, debo mencionar  la importante biodiversidad existente en esta  región  contando con aves y pájaros cantores  de especies endémicas, algunas de las cuales hoy se encuentran en estado de extinción por la barbarie depredadora del hombre, como son: Pericos, cotorras, Guacamayos, pajuiles, ciguas palmeras, gallaretas, búhos, pájaros bobos, tórtolas, rolas, cuervos,  carpinteros, garzas, judíos, ruiseñores, petigres, Gansos, pavos, y  guineas. En ese paraíso rural, apartado del pueblo vivía El Gigante Bambilón. Yo, había leído en –El Amadis de Gaula- que los llamados gigantes mitológicos tenían un solo ojo en medio de su frente, pero él no,  él poseía dos enormes ojos bien definidos. Era realmente un ser temible, pero a la vez extraordinario continuador de las proezas y batallas de Desiderio Arias por la libertad, pero siempre hechas las cosas a su manera. Sin decirlo, él inspiró a muchos que alzaron su voz contra las injusticias de una tiranía sin cuartel.
 
      De generación en generación, se contaba que su familia fue objeto de un conjuro, de un hechizo maldito que obligó a  los de su raza a tener Dos prominentes ojos saltones y colorados, semejantes a dos tomates de los llamados Barceló.
       El, se le fugaba a su madre y venía a la Doña Patria donde los niños jugaban a papá y mamá, que era un juego inofensivo y muy popular entre los  infantes. Su madre le había prohibido ir a la Doña patria, a juntarse con humanos, pero sobre todo le advirtió –“ Si te encuentro jugando  esos insensatos, insanos e impúdicos juegos te voy a mandar a Limbotropía, la tierra de tus abuelos”.- le decía- ella, pero él no entendía, tenía la cabeza como un hierro de dura y siempre se le escapaba. 
      El era muy grande, pero tenía el tierno candor de un bebé. Creo que nunca dejó de ser niño, divertido y juguetón; aunque creció desproporcionadamente casi topando al cielo. La verdad es que siempre fue un espíritu jovial. A veces, cuando hacía calor le decíamos: -“Ve a ver como nos baja las nubes para fabricar frío-frío”,  y el nos traía ese maná del cielo.
     –“ Sí, Bambilon, a menudo se aproximaba a la boca de la cueva de la Doña Patria”. Al verlo nos asustábamos tanto, pero tanto que en cuestión de segundos la Doña Patria quedaba pelada, triste y solitaria. Les cuento que estas catacumbas del espinudo cactus eran  túneles encrucijados que algunos consideran fueron construidos por los indios en tiempos de la colonia, como forma de llegar a las ciudades sin dificultad y sin ser vistos por los españoles. Cuando el gigante nos veía  adentro gritaba : -“Gwuuuuaaaahhhh!!Gwruuuuuaaaahh!!!, tan enorme era nuestro susto y sorpresa que por temor al  abominable ser de los pantanos durábamos varios días sin volver a visitar aquellas divertidas cuevas de la infancia. No sé porqué, pero tenía la presunción que el gigante se molestaba cuando nos veía entrar a la cueva de la Doña Patria. Como si él fuera el dueño de dichas megápolis. Un día cansados de que el desproporcional, mitológico y enfurecido espécimen nos fastidiara el juego construimos un hueco en la tierra, bien pero bien hondo y lo cubrimos de ramos verdes. Cuando el gigante llegó para asustarnos, cayó patas arriba en el hueco. Este fatídico día hubo un temblor de tierra que se sintió en todo el país, producto de su desplome desafortunado.  Al verlo abajo, en el hueco, vencido, corrimos a nuestras casas dejándolo en la soledad hasta que sus padres se percataron y vinieron a rescatarlo. Bambilón se había enamorado de Juanita, una típica niña, hermosa y lavadita , a la que él solo le inspiraba terror.
       Juanita Cartago se fue  sola al bosque, a buscar unas ramas verdes, para su mamá fabricar unas escobas. Ella, mientras tanto aprovechó el mandado para atrapar unas mariposas de las monarcas y unos caballitos alados de los que abundaban en los solares baldíos, y así poder pasar el tiempo jugando luego de las tareas de la escuela. Bil, como también era conocido, Bambilón, se encontró con Juanita, solita en ese desierto mundo de la Niega Florida.
     –“Vamos a la cueva de la Doña Patria”. -le dijo- -“Ven conmigo a  practicar nuestro jueguito preferido”. –insistió- el insólito niño.
     Ella salió corriendo, pero él la atrapó. –“Déjame, déjame” –decía- ella. –“Yo no quiero jugar contigo. Déjame malvado. Déjame ir”. –le repetía- sin descanso, desesperada.
     Yo había ido al bosque a pastorear unas vacas y al percatarme de los gritos de la niña corrí hacia el lugar donde se escuchaban los gritos, tomé una estaca de un palo seco de guaconejo y desafié sin miramientos  a Bambilón, cuando se me vino encima, me agache y él pasó corriendo de largo. Ahí, me levanté y le pegué varios estacazos en los tobillos. Así se vio obligado a soltar la niña que aún  llevaba en sus brazos. Mientras se redoblaba del dolor y gritaba como un recién nacido. Juanita Cartago y yo escapamos corriendo, del furioso Bil,  provocando que ella se  olvidara de las escobas, las mariposas y los caballitos alados.
     Los padres del niño, megalito y celestial,  lo reprendieron  por dejarse apabullar de un niño, tan pequeño como yo. –“No te preocupes”- le decía – su madre,  -“ya llegará el día de tu venganza.-le reforzaba- instigando en el gigante espureos deseos. A partir de aquel día bil bajó la guardia y comenzó a buscar amistad con los niños , fuera de su aldea. Para empezar, sus padres lo inscribieron en la escuela de kinder garden donde asistian los niños del pueblo. Se pueden imaginar mi impresión de aquel día. Llegar y ver ese fantasma ahí sentado en primera fila.
     Todos los estudiantes se asustaron, corrieron despavoridos en todas direcciones. El maestro gritaba y no sabía que hacer. Por tal razón , yo me escapé de la escuela con un grupo de niños. Cuando me preguntaron en la casa : -“Porqué te escapaste de la escuela”?. Yo les dije:-“ES QUE YO NO SE  DELEYER”, pero la verdad es que me impresionó muchísimo ir a mi primer día de escuela y encontrarme este horripilante ser sobre natural sentado allí. No fue un sueño mió, de ser así no se explica el por qué todos los niños también salieron corriendo a sus casas. No creo que era un fantasma, o quizás si lo era, lo cierto es que, Bambilón, el gigante de la Doña Patria, vino a mi escuela, a mi clase precisamente el primer día. Me daban sudores fríos,  creo que hasta los pipis se me salieron del susto tan grande. La escuela quedó completamente vacía, pues los niños  no quisieron volver a esta escuela hasta que no sacaran de ahí al grandullón. Así sucedió. El maestro se vio sin trabajo por casi una semana, por lo que transfirió al Pequeñón para otra escuela más apropiada para él. En tal virtud, la escuelita volvió a llenarse de nuevo.
     A medida que fue aprendiendo a leer y escribir Bambilón se fue encogiendo y terminó poniéndose de la misma estatura que los niños humanos, casi se hizo humano. Yo mantenía mis reservas, respeto y hasta una temerosa distancia hacia el peculiar y extraño personaje. El tiempo voló de prisa y sin mayores inconvenientes, hasta que al empezar el segundo grado de la primaria volvimos a tener el niñote en primera fila. Esta vez no hubo forma de librarnos de su presencia. Para más complicaciones tenía yo que recorrer diariamente  el largísimo y solitario trayecto desde la escuela a la casa en compañía de Bambilon, ambos vivíamos en la Niega, cerca del lago y la Doña Patria. De tanto ir y venir para arriba y para abajo fuimos perdiéndonos el temor y acostumbrándonos a convivir en el medio.  
     Eso sí, jamás le permitimos introducirse con nosotros en la Doña Patria, donde jugamos a papá y mamá. Su cabeza era del tamaño de dos cabezas y era lentísimo para aprender. Lo que si  tengo que reconocer es que en materia de la vida, él era muy versado, pues podía andar por sí solo los parajes más lejanos sin perderse, siendo el maestro de muchos niños de mi generación,  en muchas cosas de la difícil vida que nos tocó vivir. Un Viernes, antes de la semana santa, salimos para la escuela y el propuso que cortáramos la escuela y nos fuéramos a conocer a Limbotropía. La legendaria tierra de la sacerdotisa Iluminada Beliar donde vivían sus abuelos. Nos internamos en los prodigiosos túneles interiores de La Doña Patria. Nos bañamos en el arroyo Guanábano. Llegando por los intrincados pasadizos a Villa Nueva, donde duramos gratos momentos observando las inmensas helices del legendario molino de viento. El paso por estas tierras nos sorprendió porque aquí vivían las gentes de hielo, un mundo totalmente congelado en el tiempo. Donde el que sale jamás vuelve, y los que se quedan, nunca se despiden por temor a la maldición de Sodoma y Gomorra.   Hicimos todo el trayecto a pié, disfrutando el paisaje esmeraldizante, el aire fresco con olor de cascada y la naturaleza armaniosa. Pasamos por las paredes subterráneas e invisibles de La Pailita, una de las  siete entradas secretas para llegar a los prodigiosos  linderos de la maga. Por fin, al cumplirse el ombligo del día arribamos a la fabulosa, misteriosa y si se quiere mitológica ciudad conocida como LIMBOTROPIA. Allí conocimos los tiernos, pacíficos y acogedores habitantes de estas tierras; trepamos en una palmera de tres dedos conjuntos; y en los cocoteros sempiternos que guardaban en su interior el  agua de la felicidad. Estos cocales eran tan inmensos que hasta nos bañamos en puritita agua de coco, y rastreamos  incontables clases de frutas: Mangos, melones, guayabas, sandías, níspolo maduro, anón, jagua, mamón, lechosas, mamey, granadillos, chinolas,  pero sobre todo desgustamos de las Guanábanas Gigantes. Frutas prohibidas para las musas, porque los sabios de aquí aseguraban que las mujeres que comían de estas guanábanas  se hacían más fértiles.  
      Ya en una ocasión, un grupo de mujeres luego de un baño en la cascada, se fue a comer de la dichosa fruta. Subieron tan en su momento, que  resolvieron su calentón con varios de los Enanos. Esta refriega erótica les costó la expulsión de LIMBOTROPIA al grupo completo. El objetivo de estas, era procrear más mujeres, pero como los pequeñines eran esteriles la relación fue trunca. Ellas habían aprendido en el libro invisible de los sabios, que en luna llena los Enanos podían ponerse fértiles. La revuelta terminó sin resultados tangibles. Algo salió mal, porque las insurrectas jamás salieron embarazadas.
      Las musas desnudas, eran mujeres solas que vivían sin hijos y sin esposos. Su sociedad, era fruto de la herencia Amazónica, con leyes matrialcales, de mujeres guerreras, protegidas por murallas infranqueables, de la penetración masculina y donde solo ciertos elegidos podían entrar. Las ninfas vivían allí, tan solo acompañadas por sus hombresillos y el sabio de los sabios Tételo Trombina Kurioso.
     En las profundidades de estas catacumbas conocimos a la Maga, Iluminada Beliar;  tomamos el agua de la felicidad; departimos con las finas y lindas  musas con sus trajes de Eva; quedando hechizados, por el trino de las paradisíacas aves; la imponente fuerza de los búfalos fabulosos; los saltos increíbles de los monstruos de tres cabezas y trece manos; los puercos salvajes y la sabiduría genial del Doctor, Filólogo,  profesor de generaciones, poeta de los poetas y lingüista reconocido en la Real Academia de las lenguas prehispánicas Don Fideligno Original de Copiosoneta que orgullosamente afirma haber inventado el idioma caona, proveniente de la singular reina indígena, Anacaona, martirizada por el misógino Nicolás de Ovando. El mismo Provenía de la ciudad de Copiosoneta ubicada en los entramados límites de Limbotropía. Fumamos con ILuminada  la pipa de la paz, nos hicieron una ceremonia, rito de iniciación y limpieza a orillas de la cascada a la luz de la luna. El Sabio Don Tételo Trombina Kurioso nos dio un recorrido por los increíbles territorios al tiempo que nos hablaba de cosas que muchas veces eran incomprensibles.    
     Volvimos a nuestras casas cuando entendíamos que ya era hora de regresar para que nuestros padres no sospecharan los pasos y caminos que habíamos recorrido sin su consentimiento. Durante el trayecto de regreso visitamos casa por casa a los moradores de allí, compartimos con todos tipos de personas, y sus caracteres. Paramos por largo rato en la casa de los abuelos del gigante. Dos viejitos inmensos, de pelo canoso y  piel muy arrugada, pero de una gran vitalidad, jovialidad y ternura a todo dar. El viaje de retorno fue muy placentero, veníamos con las cabezas llenas de múltiples aprendizajes y el corazón que nos saltaba del susto.
     Hablando de susto, permítanme interrumpir el relato en este punto y volver a los tiempos cuando aún había una guerra no declarada con Bambilón. Luego que los niños  metieran al grandote en el hoyo, siguiendo  las palabras de la madre, este inventó la manera  de vengarse de las travesuras que les hicieron. Me acuerdo muy bien –dice- el relator del informe, que cerca de su casa casi llegando a la frisada comunidad de Villa nueva, específicamente en la llamada Niega de los pantanos verdes, muy juntito a La Doña Patria había un inmenso lago, digo que era un lago porque al estar nosotros tan pequeños, veíamos aquel pocito  como un mar inconmensurable. Bambilón, era tan, pero tan monumental, que dentro de sus calzados cabían las tres carabelas de Colón. A menudo le quitábamos los zapatos y cientos de muchachos del pueblo nos metíamos en ellos. Allí nos divertíamos, jugábamos y bromeábamos hasta que llegaba la noche. A veces soñábamos y teatralizábamos la situación semejando a los desesperantes tiempos de Noé. Cuando millones de personas y animales entraron en su vote para salvar sus vidas por mandato divino. El también se fastidió de nuestras travesuras y se las ingenió para darnos a tomar de nuestro propio chocolate. Un día innombrable, cubrió sus tenis con pacas de tabaco, recogidas en el Instituto de los Batistas, en La niega. Nosotros: un numeroso grupo de mozalbetes, niños y niñas nos dirigíamos cantando, cherchando y muy quitados de bulla, a la cueva de La Doña Patria. Por error tomamos un sendero equivocado y sin darnos cuenta real entramos en las calzas de Bambilón, el gigante, como ratones a la cueva del gato. 
     Una vez adentro, el gigante cerró la lengua de sus tenis y nos quedamos atrapados en el interior de ese oscuro y gran mundo. El por su parte, lucía feliz,  y jubiloso. Los niños, al sentirse atrapados, temblaban de miedo, oyendo los rugidos y risas del temible  ser.
     Sin mucho esfuerzo empujó sus tenis  con el grupo de más de siete chiquitines a bordo. El tecnobarco salió a la deriva por el lago inconmensurable de la impiedad, más bien parecido al arca de Noé. Llegamos al medio del lago y él se reía, también se golpeaba el pecho en señal de victoria. Luego de una delirante risa loca sopló con todas sus fuerzas y la embarcación se introdujo lago adentro. De la nada sobre salió una tormenta. El cielo empezó a ennegrecerse, incesantes aguaceros caían sobre el mojado lago, las aguas se agitaban, la embarcación se tambaleaba de un lado a otro sin cesar. El oscuro panorama se alumbraba con los constantes y ensordecedores truenos. Detrás, veíamos descender  decenas de relámpagos y rayos, que solo infundían más temor. Se oían gritos y llantos espantosos de los asustados, indefensos e  infelices marineros que iban sin rumbo ni capitán por los mares de la infamia hacia lo desconocido. El lago creció infinitamente y se hizo mar. Sin saber como ni cuando fuimos a parar a la otra orilla. El gigante, todo mojado bajo la lluvia, seguía observando impávido su obra. Cuando ya casi topábamos tierra, él extendió su brazo y detuvo el vote en seco. Volvió a empujar la embarcación con sus enormes dedos para el  corazón del lago. Al vernos en tales aprietos se marchó, riendo como loco, después de cumplida su anhelada vendetta. Por varias semanas estuvimos en ese mar enfadado sin poder retornar a nuestras casas; sin comida ni  agua pasando frío y en peligro inminente de zozobrar. La tormenta calmó y ayudados por la providencia de una mano divina tocamos nuevamente la orilla de la partida. Allí nos esperaban atormentados los familiares y amigos. Muchos de los niños de la travesía fueron a parar al hospital por desnutrición, además de que llegamos prodigiosamente hediondos de tantos días durmiendo entre vómitos y porquerías.  
     Cuando volvimos a ser amigos, el mismo Bambilón me contó que él fue ese brazo fraternal que nos salvó trayéndonos de nuevo a la orilla inicial del lago. Bueno, volviendo a lo que les contaba del retorno a casa,  desde la legendaria tierra de ILuminada Beliar,  LIMBOTROPIA, y de lo emocionados que nos sentíamos por esta mágica experiencia de volver a nuestras casas luego de cortar la escuela por un día para aventurarnos a conocer estas desconocidas tierras. Yo caminaba silencioso, pensando en la fiesta que me esperaba cuando mis parientes se percataran de nuestro escape. Mi gigante amigo también venía preocupado, pero en el fondo yo sabía, que él se preocupaba más por mi situación que de la  suya. En cuanto a lo que podía suceder si se llegaba a saber nuestra aventura. Según , Bambilón me contó esta no era la primera vez que él  cortaba la escuela para irse a recorrer mundos desconocidos. Por diversos pueblos y ciudades, ya él se había ido  caminando, en barco, nadando, por los túneles de la Doña Patria y buceando mares y ríos subterráneos e infinitos. La verdad que yo ni siquiera puedo imaginarme como él tenía los pulmones tan desarrollados para aguantar tanto tiempo debajo del agua. Esto no se lo creí mucho, pero él lo aseguraba con tanta firmeza que me dio escalofríos. También me contó que se fue por una semana en un barco gigante, llegando a una tierra desconocida de seres iguales a los de su raza, de crecidos. Rubios, barbados y de ojos azules.
       Era llamada, la tierra de Los templarios y de los Nórdicos vikingos. Es probable  que parientes remotos del niño hallan venido a Limbotropía, estableciéndose en esta área. No me explico como el aprendió el camino y hay hasta quienes afirman que se llevó a su familia de retorno a esos lejanos territorios, puesto que un día desaparecieron de la niega para siempre, sin que jamás se supiera de ellos.
         Esa misma voz pópulis argumenta que ellos no se fueron a ese sitio, sino que viven en Limbotropía con la curandera Reina de las musas. Yo que vengo de allí, les puedo asegurar que no vi ni señas de él ni de Desiderio Arias. A mi,  que me gusta investigar las cosas, y no me llevo, de chismes de patio. Supe por un tío  sobreviviente de las manaclas, que toda su descendencia fue masacrada por ordenes del tirano Manuel Tolima Morillo. El único pariente que quedó de aquella masacre, vivíó por mucho tiempo en Navarrete dedicado a distribuir pan. Su nombre era Nino Blanco. Bambilón, de un momento a otro,  me sorprendió, cuando caminabamos de regreso a la casa. Escaló el tope cementado del canal mayor, abrió los brazos al cielo, lanzó un estruendoso grito. Apretó los puños, cerró los ojos y hablaba bajito como quien dice una oración en silencio. Luego me explicó que estaba pidiendo a las fuerzas del cosmo la paz, para que los maestros no les vinieran con el cuento a nuestras familias. Su conjuro parece que resultó, porque nadie se enteró de esto, hasta ahora que lo cuento.
     A mí me empezó a fascinar la amistad con Bambilón, a pesar de todo, él no era tan malo como parecía ni como lo pintaban. Una gran madeja de mentiras se habían tejido sobre él : “Que comía niños, que se volvía galipote, que era un asesino cruel y  confeso que mataba gentes por gusto, que era brujo, que se había ido a Haití, a prepararse para salvarse de la muerte. etc.” Después de conocerlo bien no me pareció que era como decían las gentes, e incluso el gobierno tiránico. Nadie pudo impedir la amistad que luego creció entre nosotros. Vivíamos cerquitita en la niega, al lado del lago, cerca de la cueva de La Doña patria y muy a menudo nos topábamos en la vida cotidiana. Lo que sí era sumamente difícil era jugar con el, sobre todo porque su fuerza y poder no podía competir con la de los niños normales. Gracias a su ingenio aprendimos a jugar el maravilloso juego de la libertad.  
      El único de los niños que le sacaba un poco de partido, era Daniel el travieso, que aunque paracía una criatura normal, era como de otra galaxia. Todo marchaba viento en popa, la amistad con Bambilón, fue creciendo hasta que un día a orilla del Canal mayor, al lado del Cerro de los Montan, Godofredo Sin Vergüenza, un esquelético muchacho de Pozo Colorado, desafió al gigante. Mi amigo, el gigante Bambilón, estaba destrozando a mi otro amigo, el periflaco Sin Vergüenza, que solo contaba con la fuerza de su voluntad para enfrentar al desproporcional luchador. Un espectador, me empujó al medio de la contienda como instigándome para que saliera en defensa de Godofredo, él, al verse perdido huyó despavorido dejándome a mi el pleito con el gigante. Le tiré una barredora con mis pies y el gigante cayo de bruces en el canal mayor. El público se reía. Bambilón salió del canal y me dio una patada en el estómago, que me dejó si respiración. Me vi indefenso luchando contra una fiera, pero no me dí por vencido. Como pude preparé mi arma secreta, un lápiz nuevo que me habían comprado y se lo enterré en uno de sus pies. El se agarró el pie y gritaba. Mientras yo corría como un antílope a mi casa. Desde entonces no volví a saber más del prodigioso gigante. Supe que una mañana unos gendarmes se aparecieron en su casa con macanas y rifles, pero  no lo encontraron. Este se escapó por La Doña Patria. Como decían que él se escondía allí, andaban buscando la forma de destruir ese monumento prehispánico. Nunca pudieron lograrlo, porque él protegía aquellas mallas espinudas de la depredación. Como no querían decir las reales razones para destruir La Doña patria se inventaron miles de diatribas:
       “Que ahí se incubaban ratas; que los puercos al pasar por las mallas se infectaban de Dandí; que su leche producía a los niños vómitos y lombrices; que de su olor estaban fabricando un sumo de una peligrosísima enfermedad desconocida, que sería la peste humana más grande del mundo; que producía la rabia a los humanos; que era un refugio de brujos y galipotes; que ya muchas personas del área se habían enfermado de Sífilis y tuberculosis.
     Lo raro es que ni los niños, ni Bambilón nunca se enfermaron de nada. Ni ellos ni nadie. Todo fue una fábula inventada para hacer desaparecer este glorioso monumento natural  hasta ahora irrecuperable. Del prodigioso Gigante Bambilón solo me quedaron estos recuerdos que aquí escribo sin ningún ánimos de ofensa y  las enormes marcas de la  mordida  que me propinó en el costado Izquierdo. A muchos años luces de aquellos acontecimientos reconozco que: “Bambilón, El Gigante de la Doña Patria” me enseño,  a  amar la naturaleza salvaje de Navarrete, el  rudo y temible juego  de la libertad y la amistad, pero sobre todo con él aprendí a Tiguerear.  La mano depredadora del hombre derribó, La Doña Patria, aquel gigante verde de incalculable valor vegetal, para dar paso a la civilización avasallante, sin el más mínimo respeto por la naturaleza y la vida de los seres humanos. Igual que Bambilón, la Doña Patria,  fue aplastada. Yo en tanto escribo esta nota para que se sepa la verdad de lo que realmente pasó,  con El Gigante de la Doña Patria. No estampo mi nombre, porque al hacerlo estaría condenándome yo mismo a la muerte, y tengo familia: Mujer e hijos, como bien decía Moreno Blanco:”Esta era la vida que más me gustaba, la vida de ser un Gigante de dos ojos, para vivir en el lago, cerca de la cueva de la Doña Patria”. Vida esta que yo también adoro y añoro”. Así, decía finalmente el increíble, y -plegado royo apócrifo- de AUTOR ANONIMO, pero atribuido al mejor amigo de Moreno Blanco. Yo, más bien creo que fue transcrito,  de la memoria colectiva inconciente del legendario pueblo de LIMBOTROPIA,  perdido en el mapa, subyacente en el  olvido, la soledad y el abandono.