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!Casualidades Increibles de la Vida!
Rafael Rosado (TONY)
Correo: rafael.rosado@yahoo.com
Si me permiten, ahora quiero relatarles
varias de las tantas paradojas, jocosidades y múltiples casualidades
de la vida que me contó mi amigo Tomas Froy aquel día que vino en sueño
a Limbotropía. “Iba yo un día, caminando por la parte final de la calle
Daniel Goris, frente A Don Mateo Gómez, en el pueblo abajo, casi
llegando al potrero de Augusto Batista".
–¿Quién será aquel que va allá? –me
pregunté-, porque vi una persona trotando muy de prisa en la más
terrible oscuridad de la noche. ¡Muchacho juguetón, al fin!, me vino la
idea de darle un susto al paisano. Este señor llevaba un filoso colín
(machete) terciado y un sombrero de aluminio. Tomé dos piedras, ¡brinqué! y le di
con ellas a ambos lados del sombrero. Luego me tiré al suelo, lejos del
asustado viajante. El señor también se arrojó en el pavimento. Agarró su
machete y tiró varios golpes al aire, gritando ¡Quién diablos anda ahí!
Yo estaba que quería explotarme de la risa. Cuando vio que era yo,
quería matarme. –“Muchacho del carajo…¿Cómo tú me haces eso a mí?
Precisamente, cuando me diste en el sombrero, yo pensé:¿Si alguien me
tira dos piedras, me puede hasta matar, en esto tan oscuro?
–“Yo exploté, con una enorme carcajada… ¿Se
asustó primo, eh? –le pregunté- -“¿Cómo tú dices eso? –dijo él- -“¿Qué yo me
asusté? ¡Jamás! no hay nada en este mundo que me haga asustar. –“Yo
diría que hasta un poco como que se mandó a correr”. –le dije- para
molestarlo. –“Mira, esto no se lo digas a nadie. Si yo sé, que tú le
cuentas esto a alguien, yo acabo contigo”. El Primo, era lo que se dice
un hombre machista, que privaba en guapo (valiente), por esto no quería
que nadie supiera que él se había mandado (Echado a correr). Cada vez que me iba a su
casa, se ponia chivo, y yo le preguntaba: ¿Primo Ney: ¡Hablo…lo digo!?
–“¡ATREVETE!” Nada más –me decía- muy enfurecido, y terminaba: -“Tu
sabes, que yo tengo la boca grande” Luego nos arrastrábamos de la risa,
juntos los dos. El Primo Ney se murió y esto jamás se lo conté a nadie
hasta ahora.
Asi, es la vida, los años pasan,
envejecemos y se va la vida, pero hay seres humanos que se niegan a
aceptar con dignidad la vejez. Doña Tide, era uno de esos casos raros, cada vez que me la encontraba por joderla le preguntaba: “Tide cuanto
años Usted Tiene? Y ella, contestaba: “Adios, Catorce (14), entrano en
trece (13)”. Como para conjurarme y que cuando me la volviera a
encontrar no se me ocurriera preguntarle de nuevo su edad, me tiraba su
conjuro preferido:
-“Detente animal feroz, induce tu cacho en la tierra,
que antes de tu nacer, nació el rey de los cielos”. Si yo la jodia
mucho, de no se sabe donde aparecia, un señor, a quien lo llamabamos: La Defebleza, que era el eterno enamorado de
Tide, dispuesto a darle una
carrera al que osaba molestar a su amada platonica. Muy a pesar de que
no queria envejecer, un dia Dona Tide se murio, lo que nunca morirá son
sus jocozas ocurrencias, que tando divertian a los muchachos.
Un día, me fui de playa a Boca Chica. Yo,
le dije al grupo de amigos y amigas, nos vemos allá. Cuando llegué no
los encontraba entre tantas gentes. Me fui caminando por la arena,
mojándome los pies entre el agua de la orilla. Entre los convidados
había personas a las cuales yo no conocía. Una joven se levanto de un
grupo que estaba comiendo, empezó a caminar para la playa y yo que
venia, a la primera persona que le pregunte fue a esa muchacha. –“Estoy
buscando a mis amigas. Entre ellas, esta mi prima Nerolisa”. Sin ningún
rubor, ella me contesto: -“Mira que casualidad, yo ando con Nero, ella y
las demás amigas y amigos, están debajo de aquel piragüita azul, que se
ve allá”. –me indico- señalando con su dedo.
Ustedes, no se imaginan la gozadera que se
armo, ese día bañándonos, jugando el divino juego de -ACUATIARE- Pareciamos estar en una olimpiada, pero no, nos la pasamos comiendo
coco, pescado y corriendo como locos por la arena. Al final ya muy
extenuados, nos montamos todos en un viejo carro Nissan Quest carretera
abajo. Como el carro no podía con tanta gente encima, el viejo cacharro,
empezó a votar humo negro por el frente y por detrás. Los mirones nada
mas nos decían: “Se va a quemar, ese carro se va a quemar”. Cuando ya el
pobre vehiculo no daba mas nos paramos en Bonao. Era evidente que le
faltaba agua. Se había hecho tarde y estábamos en un trayecto solitario
donde era imposible conseguir agua. Al abrir el frente del carro,
desesperado, sin saber que hacer le dije a los amigos que buscaran por
los alrededores para ver si encontraban algo. Fueron por todas partes y
nada. Al volver , toque con los pies algo casi debajo del carro. Me
agaché, vaya sorpresa que me llevé. Justo debajo del frente del carro,
encontré un galón de agua. Se lo pusimos en el compartimiento del agua
del carro y partimos con el problema resuelto, como a veinte y cinco
metros de aquel sitio, decidí devolverme para recoger el galón vació de
nuestra suerte, pero ya el pote no estaba en el lugar donde lo deje.
En Bonao, nos paramos donde mi amigo
Juancito Frías, le decían así, porque era loco con una fría cerveza
vestida de novia. En la casa del amigo vi una foto colgada en la pared,
de su esposa. –“¿Sabes, que yo vi una foto tuya, con un gorro y una capa
de graduación (Toga y Birrete), en casa de un fotógrafo en Navarrete?-le dije- y ella me
pidió que le trajera una foto de esas cuando vuelva, dandome diez pesos,
que en ese tiempo valían al 1x1. Ya en mi pueblo, Navarrete, me fui
donde Ramón el fotógrafo y le dije que me sacara una
foto de aquellas que el tenia en el escaparate de su tienda.-“Bueno, ¿si
encuentras el negativo, yo te la hago?, de muy buena manera -me refirió-
él. A la semana, pase por donde el fotógrafo con mi amigo Chicho
Cabrera para ver si ya Ramón tenia la foto encargada, me repitío lo
mismo, que buscara el negativo. Entonces le pedí a mi amigo
Chicho
Cabrera que me ayudara a buscar entre las cientos de cajas de
negativos que este apilaba en un estrecho cuarto. Hice una lotería,
diciéndole, oye baja esa caja. Con mucha paciencia él la tomo. Ábrela y
él la abrió. Mete la mano y pásame ese sobre. El introdujo su mano y
tomó uno de los sobres. A seguidas nos pusimos a ver los negativos de
ese sobre en la luz. Miré uno y dije, este es !!!. Se lo llevamos al
fotógrafo, me miró lleno de asombro y me hizo la foto de la esposa de Juancito Frías. También le
llevé los negativos de aquella foto tomada en la universidad, durante su
graduación. Ella conserva aun esta foto en la pared de su sala, que se
salvó gracias a esta terrible casualidad de la vida.
En otra oportunidad, me llegaron unos sobrinos de Los Estados Unidos, cosa rara por esos tiempos, como no tenían
nada que hacer, hable con Marino Jimenez, un hombre trabajador y honrado
para que le buscara trabajo al joven mayor en su hortaliza (canteros),
de los mas variados vegetales, preparando la tierra, bregando hasta con
estiércol de vaca (que servia de abono), y un sol de puros demonios.
Había que ver la cara dura que puso el muchacho, durante su primer largo
día de trabajo de su vida.
Luego de la pesada labor se procedía a
regar en dichos canteros las más variadas semillas. Marino le
puso de nombre, a mi sobrino “Cara Blanca”, por el pálido color de su piel,
logrado en el frió invierno del norte bravío. Cara blanca, no era muy
diestro en las artes de las hortalizas, ni en nada, hay que decir la
verdad. Su vida era ir y venir a la escuela, y estudiar. Su madre, le
tenia toda su ropa arregladita y le servia siempre la comida, muy bien
separada en la mesa. En su casa de los países, este cara pálida no movía
ni una cuchara, como se dice por aquí, pero llegado a la Republica,
teníamos que darle algún oficio para mantenerlo ocupado, cosa difícil
porque la mayor parte del tiempo en vez de ayudar, lo que hacía era
dañarle los canteros al pobre Marino. El le decía, “Mira Cara Blanca,
hasta que no aprendas bien a hacer las cosas, vas a estar aquí cogiendo
el sol”. Cuando se quería rajar, Marino lo ponía a echarle la
Mier… de
Vaca seca
a sus canteros, imagínense Ustedes con lo delicados que son
los niños y jóvenes de allá. Se la pasaba con la nariz agarrada y
diciendo palabras raras que nadie entendía: ¡Sheet!, !Mother f.....!
-
“Hoy estuvo bien”,
-le decía- Marino, casi cuando el sol se acostaba, y de una vez
replicaba, -“pero mañana volvemos…y hay de ti cara blanca, si se te
olvida esto, que aprendiste?”. Al final de la mortificante jornada
lo llevaba a comerse una boruga donde Cabuya, como premio y un helado
El Polo. Este, mi sobrino debo decir que era un joven respetuoso, que seguía
la dirección del instructor, no era como algunos jóvenes de ahora que
solo piensan en los vicios y el bandidaje.
La preparación de los canteros se tomo
varias semanas, cuando ya todo estaba listo para regar las semillas Marino le indico: -“Echa tu aquí esas semillas en estos canteros y yo
voy a poner las otras semillas restantes en los demás montones”. Todos
los días se levantaban bien temprano a ponerle agua a los canteros con
unos regadores, zarandeando durante dos o tres veces al día. Esta
jornada la cumplieron de seis de la mañana a seis de la tarde, durante
seis interminables días. El séptimo día maravillosamente todos los
canteros de Cara Blanca amanecieron reverdecidos, rozagantes, y con las
tiernas ramitas vegetales como pollitos recién nacidos, al contrario las
semillas del experimentado campesino, por una extraña e inexplicable
razón de la vida no nacieron. Por primera vez en mucho tiempo vi sonreír
a Cara Blanca, y no era para menos. Luego el mismo Marino me contó, que
él no le puso semillas, a sus canteros. Entonces, era él, viejo
marrullero, el que se reía a carcajadas, y a solas conmigo. –“Si tu no
siembras no cosechas, y si no trabajas ni comes ni vives”, -me decía- el
sabio campesino y amigo inolvidable.
Un ser humano que echó su vida trabajando,
por lo tanto, aunque vivía pobremente, el conocía mas que nadie la
importancia del trabajo. Viniendo un día de su trabajo, por la empinada,
y encaracolada carretera de Limbotropia sufrió un aparatoso accidente.
El jeep donde se transportaba se fue por un hondo barrancón y el pobre
resultó con varios dientes y huesos rotos, con rasguñotes por todo el cuerpo.
En una clínica de Navarrete, “un salvaje
doctor cuyo nombre no quiero ni recordar, -me decía- Marino, muy
adolorido… “Me coció la boca sin anestesia”, luego me dio una comida y
una carne tan dura, imaginese, yo con los colmillos todos rotos y
podridos, y aquella bendita carne , que parecia la goma de un tirador
parate ahí, en fin mas dura que la carne de Cabo ‘e Vela, y lo que mas
me dolió y lamentaba fue la perdida, de mis dos dientes de oro, que me
había puesto en Santiago, con el dinero de unas hortalizas que vendí”.
Ya recordaran, ese relajo: “¿Dónde fue que Marino se puso los dientes?
¿En la Boca o en Santiago?”. Pasó mucho tiempo para que le tumbaran ese
relajo, muchas carreras que le dio a los tigres del barrio por joderlo
con esto. Salio de la clinica con un pie enyesado, duró como cuatro dias,
solo sin comer, ya al quinto dia llamó a una vecina, “Colaza traigame
aunque sea un puño de arroz, que me esta matando el hambre. Cuando se
curó volvió a su trabajo, de las hortalizas y al terminar el santo día
se iba a la cafetería de Lucas, en la calle Santiago con su inseparable
perro y el colín siempre terciado: -“Lucas, carajo !!. Dame un cara de gato,
que tengo el buche ardiendo", "Tengo que curarme
este calor que me está quemando el hígado, dame el cara de Gato ya!!! ”. Envejeció con ese buen humor
que siempre lo caracterizó, pero ya casi no podía caminar y enfermo en
su cama, muy a menudo se le oía llamar a la fiel vecina: -“Colaza,
mujer de Dios, venga por favor, hágame una sopa de fideos y un arrocito
blanco para ver si yo puedo levantar la vida, porque este cuerpo enfermo
ya no me sirve para nada”. ¿Cuántas enseñanzas sencillas y de la vida he
aprendido de mi amigo Marino, que nunca podré olvidar?.
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