“Don Gallo: El Abuelo Divertido”

 

 

  Cuento de RAFAEL ROSADO (TONY)                        Correo:  rafael.rosado@yahoo.com

 

         Ustedes saben, que Navarrete, siempre ha sido un pueblo amante de los Gallos. Contando con incontables trabas, galleros, fanáticos y galleras donde reinan los gritos, las apuestas, las lamentaciones y a veces hasta los pleitos y las malas palabras. Muchos muertos ha producido  este fatídico juego, que además de la diversión, sacrifica a los pobres animales y cuenta con un prominente fin mercurial. En una ocasión les conté como amo a los gallos, por su coraje y bravura, por su bonito pelaje y su gallardía.

Esta historia, le sucedió al abuelo Gallardo Guerra, mejor conocido como Don Gallo, que tenía en las lomas de Navarrete una propiedad de Café y Cacao. Casi todo el tiempo se las pasaba metido entre los cafetales. Cuando bajaba  al pueblo, buscaba un escape para entretenerse. Lo llamaban: “El abuelo Divertido”,  lo que más me gustaba de él es que era un hombre libre. Se separó de la abuela y tenía una vida bohemia, hacía lo que quería. Era feliz: -“Yo hago lo que quiero y me gusta” –decía- cuando lo molestaban.

   Se había conseguido una joven enamorada que era la niña de sus sueños, contaba entre sus propiedades con un secadero de café y cacao y un colmado de provisiones para vender al por mayor.

     Un domingo, muy tempranito, se fue a la Gallera de la rotonda. Llevó dos de sus mejores gallos, el giro y el canelo. Apostó todo el dinero que consiguió con la venta del café y el cacao al gallo giro, que peleó contra un fiero gallo de la traba de Altamira.

 –“Vamos, mi gallo, tira las espuelas, rómpele el buche” y demás gritos –decía- mi pobre abuelo, pero todo fue en vano porque su gallo giro perdió.

   En medio del jolgorio de los fanáticos, “del chupe Usted y presteme el cavo”, del pleito de los gallos, de los gritos,  maldiciones y lamentaciones se oyó la profunda y melodiosa voz de Don Nico Lora: “Es que no hay una gallera como la de la Salada, donde bailan las niñas, las viejas y las casadas”. El estruendo ahora fue mayor, con aplausos para el más grande merenguero de todos los tiempos. En medio del entremes se armó la rumba, cada quien agarro su pareja y a bailar se ha dicho.

   Cuando volvió la jugada, ya al abuelo, no le quedaba más dinero, debiendo apostar al gallo canelo su propiedad de café y Cacao, el secadero, la joven mujer, el colmado y hasta la ropa que cargaba encima, con el objetivo de ver si podía recuperar lo perdido.

    “Vamos, mi gallo, tira las espuelas, rómpele el buche” –volvió- a repetir como una pesada letanía. Lastimosamente su gallo canelo, perdió de un intrépido animal negro como la noche, proveniente de la traba de galleros de Villa González. 

 Después de terminada la gran velada, Don Gallo, llegó al barrio desnudo, su compadre Seledonio Rueda le preguntó: -“!¿Adio compadre… y qué le paso que viene Usted en esas fachas?!

     Mi abuelito, pobre viejito, que se había tomado un barril de romo  (alcohol) del llamado lava gallo,  “aquel que cuando Usted lo toma pelea o hace el amor”, y puesto que venía totalmente perdido, no solo de su mente, sino, por las apuestas y malas jugadas de la vida, donde lo perdió todo, hasta la mujer.

  Encabronado y sin sus gallos porque se los mataron. –ni le contestó- al metido compadre.

  Entró a la casa y volvió en seguidas, así mismo en pelotas, (desnudo) como llegó, eso sí  trayendo dos largos y afilados colines (machetes). Tomó uno en su mano derecha y le arrojó el otro en el suelo al compadre Seledonio Rueda.

  –“Mire, compadre no me joda usted a mí, coja ese colín y vámonos a matar. ¿Para qué sirvo yo,  si ya todo lo perdí?-le dijo-  a su compadre y este le respondió:

   –“¿Compadre Don Gallo no diga eso?. ¿Mire que hay muchas gentes que ahora mismo lo están viendo desnudo?

   -¿Qué? ¿Desnudo yo?. –El abuelo se miró de arriba abajo. –“Hay que poca vergüenza soy yo” –dijo- y se mandó al interior de la casa a vestirse.

   Volvió a salir ya vestido y le dio las gracias a su amigo y compadre:

   –“!Compadre, se puede perder toda la plata pero la vergüenza nunca!

   Así, se salvó mi pobre abuelito de una muerte segura. A este compadre Seledonio Rueda, le habían puesto ese apellido, por peleador , debido al buen uso que hacía del machete,  y por ser un bravo general, vencedor de miles riñas y batallas.

Dicen que fue uno de los mejores peleadores, espadachines en el ejercito de patas negras de Desiderio Arias. Cuando tiraba su machete, rodaban por todos lados las cabezas.

 Nada más, que con tan fiero personaje, quería levantar camorra mi desjuiciado abuelito, gracias que reflexionó a tiempo y le dijo a Don Seledonio Rueda:

     -“Compadre, cuando uno está borracho si dice y hace pendejá”