“Con El  Fantasma de la Pailita”

                                             (A Caballo Vamos Pa’l Monte)

    RAFAEL ROSADO (TONY)                                  RAFAEL.ROSADO@YAHOO.COM

 
  Hoy camino de mi lugar de trabajo, recordé las palabras que Dios les dijo a Adán y a Eva, luego de ser expulsados del paraíso: -“Ganarán el pan con el  sudor de sus frentes”. Para los políticos esto no es así; a diario vemos como la política sucia va dejando millonarios por donde quiera en mi país (llegando a convertirse, en la mejor de las profesiones, la más lucrativa); Estos leones de la fauna política se convierten en reyes con el sudor, el dinero y la sangre de las miles de personas del pueblo; que en nuestros campos y ciudades viven sin las más mínimas condiciones.  Estos últimos en verdad, “SI NO TRABAJAN NO COMEN”. me dijo mi amigo Tomás Freud : Al tiempo que me contó la  más insólita de las historias. –“Un hecho tan real” –me decía- él, totalmente perturbado. –“Tan, pero tan real, que si yo no lo  hubiese  vivido, diría  que se  trató de  un  sueño  ficticio”  –“Te lo Juro”  -volvía y repetía- al tiempo que se besaba los dedos para persignarse. Hablaba tan convencido, que terminó  convenciéndome a mí también con  su relato. –“Todo sucedió” –me aseguró- él,  -“mientras celebraba mis vacaciones en uno de los  paraísos naturales de Navarrete,  específicamente, en el lugar conocido como La Pailita, por donde aseguran se puede llegar a LIMBOTROPIA, la tierra de la Pitonisa ILuminada  Beliar. Te cuento esto por tratarse de un hecho anormal, extraño, inexplicable, casi fuera de las cosas del mundo. A nadie se lo había referido por el temor a que digan que yo me estoy poniendo loco. No te miento cuando te digo que estaba  yo flotando  en el aire, balanceándome en una alfombra voladora, espacial, y  tetraovoide. Se cumplía el tiempo de las pascuas floridas de Semana Santa por lo que decidí irme de turista a la Isla con la familia: Mi mujer y mis dos hijas. Cuando llegamos a Navarrete,  insólitamente el tiempo había retrocedido alrededor de cien años luces. Eran los inicios  del siglo veinte (XX).Navarrete no tenía muchas cosas que ver para ese entonces. Yo que había estudiado antropología en la ciudad de Chicago, me interesaba conocer al hombre, sitios históricos, las cavernas y la situación social de mi pueblo. Fui a buscar de inmediato a mi amigo, Milk Olvera para que me acompañara en un recorrido por las zonas aledañas. Empezamos por Estancia del Yaque. Lo que más me impresionó de aquí fue ver a las gentes tomando agua del río porque no cuentan con acueducto, de agua potable, acta para el consumo humano.
       Por toda la orilla del Río Yaque llegamos a Capilla. Catastralmente ya le entregaron a Esperanza la mitad de este territorio y la otra mitad a Santiago. Continuamos por Mejía, caminando con nuestros burros por el callejón de la atravesada, (hoy calle Arturo Bisonó Toribio), nos topamos con varios kilómetros de vacas que venían a pastar a las orillas del río. Tomando este  callejón fuimos a parar a La Atravesada. Aquí oímos hablar mucho del buey Cabo de Vela. Según los moradores fue en este sitio donde nació el conocido personaje de las tiras cómicas llamado Fantasmagórico.
      Este es un pueblo de fantasmas. Niños, Jóvenes, Viejos, mujeres y hombres todos fantasmas invisibles enraizados en un mundo que no existe. Donde el único colmado tiene ya más de dos siglos con las mismas botellas de lava gallo en sus derruidos tramos y el cuadro aquel de los dos personajes, pegados en la pared donde el flaco dice : ¡!!YO VENDI  A CREDITO ¡!  y el Gordito  afirma : ¡!! Y YO VENDI AL CONTADO ¡!  Ambos llenos del polvo ancestral del olvido. Tan pobres el uno como el otro.
       Luego fuimos a parar a Cañada Bonita donde viven los hombres sin memorias, mudos que nacen y mueren porque hay que nacer y morir. Ellos no ven ni saben las tantas necesidades de su comunidad. Desde allí, recalamos a La Lomota, los Cabreras, Los Ruales, La cabirma, y La Cayota (Esta ultima comunidad de Navarrete, también fue pasada a Esperanza). En todas ellas, los burros caminaban navegando en mares de Café y Cacao. y No se sabe si en los subsuelos profundos de estos parajes hayan minas preciosas escondidas. Lo difícil era sacar estos mares –de café y Cacao- a la ciudad para venderlos, porque  no hay caballos ni  burros que quieran subir hasta aquí.  Infructuosamente buscamos llegar a Paradero, pero no lo encontramos en ningún lado. Había desaparecido, como por arte de magia. Parece que un mago burlón, con un mantra que tiró al aire: ¡!Par!! ¡!Ade!! ¡!Ro!! ¡!Tab!!¡!Oni!! ¡!Tab!! ¡!Oni!! ¡!Tab!! ¡!Oni!! ¡!Tab!! ¡!Oni!! ¡!Ta!! ¡!!ZZZzizzzape ¡!! lo borro del mapa de Navarrete. 
      Preguntamos a unos parroquianos :  -“¿Qué pasó con Paradero? ¿ Porqué lo sacaron del mapa de Navarrete  y lo Ubicaron en Valverde Mao?  –“Hace varios años” -empezó a decirnos-  -“Luego de la rebelión de los Jachos, se hizo un acuerdo de Paz, que cedió esta sección rural (como botín de Guerra), a Valverde para su administración, lo que no fue más que una burla y una trampa,  porque nunca hemos dejado de hacer nuestras vidas mediante el comercio con Navarrete” Nos devolvimos de este lugar llenos de frustración e impotencia al ver como por siglos ha habido tantos funcionarios gubernamentales tan pasivos en Navarrete que nunca han dicho nada de esto, ni  de cómo ya incluso el kilómetro siete completo y parte de Barrero, hasta la presilla, se lo adjudicaron a Esperanza. Empezamos a bajar  buscando  a Barrero, pero los burros no quisieron entrar hasta esta comunidad. Se echaron en el suelo como diciendo : -“ Ay no, a Barrero No ¡! Sin otra posibilidad de transporte debimos continuar a pié. –“Esto sucede a menudo cuando los senderos son tan intransitables” – me decía- mi amigo, Milk Olvera. –“Tú sabes, dicen que los burros son burros, pero ellos  son tan inteligentes como los hombres. Yo diría que a veces son más versados” –Volvió y me restregó- para de alguna forma justificar la conducta animal. Yo no dije nada. Lo evidente era el olvido oficial de todas estas comunidades por parte de los gobiernos que más que nada estaban enfrascados en luchas fratricidas de Bolos y Rabuses para ver quien se quedaba con el poder, quien servía mejor a su amo imperial y sobre todo cual era el presidente más corrupto. Volvimos a Navarrete casi al oscurecer. Nos fuimos a preparar porque al otro día debíamos partir al que sería nuestro destino final: EL LLAMADO PARAISO DE LA PAILITA.
      Salimos de la misma entrada del callejón La Lomota (Hoy calle Santiago), en burros, ya que este es el único transporte asequible. Paramos en Villa nueva, este es un pueblo congelado, donde hombres y mujeres se parecen a las figuras petrificadas de los museos. 
       Aquí se sufre la terrible enfermedad de la parálisis total y lo único que les hace falta para mejor parecerse a la mancha, la ciudad donde vio vida Don Quijote, es que les coloquen un molino de viento. Los moradores de aquí no hablan ni ríen ni lloran. Le cortaron un pedazo del territorio y se lo pasaron a Esperanza y nadie dice nada. Impávidos y frisados observan los días, años y siglos pasar. Caminando por la orilla de un pequeño riachuelo nos internamos en la falda de la montaña. La neblina era espesa y la vegetación profunda. El aire fresco y natural sobre cogia el espíritu. Luego de varias horas de trayecto, nos paramos a descansar debajo de una frondosa mata de mango. Tomamos abundante agua y continuamos la marcha. No necesitamos ningún guía porque yo nací en aquella zona. Ahí jugué cuando niño hasta que a los siete (7) años mis padres emigraron a Navarrete. Siempre volví a este lugar, cada ves que podía. En vacaciones; ante la enfermedad de algún familiar o en diligencias personales de la familia, pues mi padre conservaba allí una pequeña propiedad al lado del camino donde permanecía la casa donde yo nací. El tiempo y la erosión terminaron con la vieja casita donde viví los días más felices de mi infancia. Aunque el tiempo ha pasado, este lugar sigue siendo el mismo, con niños ombligudos, descalzos, con pocas escuelas, sin carreteras ni caminos adecuados, sólo matizado por la falta de comercios y las constantes emigraciones de los moradores a Navarrete, que casi lo han dejado como un campo fantasma más. Aunque es el mismo campo, aquí no más se respira soledad y abandono. Ya no es la misma vegetación, ni el mismo lugar donde  me  bañaba  cuando  niño.  Esto  me contaba mi amigo Tomás  Freud
derramando  manantiales  de  lágrimas.  Luego  continuó su   espeluznante  relato.
–“Llegamos casi al atardecer. En las lomas la noche llega pronto y de forma subrepticia. Si alguien piensa que conoce la oscuridad. No sabe nada. La verdadera oscuridad se vive en una loma cuando se va haciendo de noche, luego que el sol se oculta. Los burros venían súper cargados y cansados por el agotante subir y bajar lomas interminables. Soportando el peso de las provisiones, de las niñas y de mi mujer. Yo hice todo el trayecto a pié. Ya estaba acostumbrado a realizar dicho recorrido por lo menos una vez al mes con mi padre para chequear la casa , la propiedad y algunos animalitos que conservábamos. 
      Las niñas se acostaron cansadas y mi esposa se quedó preparando algo para cenar. Mi amigo Milk Olvera y yo, aprovechamos para ir a bañarnos a la poza. Pretendíamos tomar un baño refrescante y espiritual. Siempre que vengo a este lugar mi primera parada es en el balneario que nos regaló mamá Natura para orgullo de LIMBOTROPIA. Nos tiramos al agua de la poza, nadamos un poco y a unos diez metros topamos unas rocas. Escalamos por las rocas. Vimos una inmensa cascada  y giramos alrededor, penetrando por unas aberturas o fisuras al parecer fabricadas por la constante caída del agua a través de los siglos. Fuimos, siempre caminando parados, pisando en un canalito leve de arena submarina. De generación en generación se  corrió la voz  de que estas catacumbas fueron fabricadas por los indios y que mediante sus mares subterráneos  los infelices indígenas podían  escapar de los españoles.
      Milk Olvera caminaba más al frente como a quince metros y de repente me gritó. –“Freud”, ¡!Mira!!, allá se ve una luz”. Yo me asusté mucho. Efectivamente alguien se aproximaba con un jacho encendido en la mano. Vimos también la sombra de un gigante animal trayendo un espectro. Venían en pos de nosotros. –“Vámonos de aquí, mi compadre” –le dije- yo, a mi amigo, pero él insistía. –“No, vamos a ver quien es”. Cada vez la sombra se acercaba más y más, por lo que yo salí corriendo. Milk, me siguió los pasos. Dejamos atras el balneario y llegamos sudados a la casa, con la ropa en la mano, solo vestidos con la ropa interior.
–“Tranquen las puertas, que por ahí anda un ser abominable rondando la pailita, un poco descompuesto y asustado” -le dije-yo, a mi esposa.
       Ella se encargó de bajar los ánimos. –“Esas son imaginaciones de Ustedes”
-dijo ella- -‘Tomando precauciones, cerramos el portón con siete candados y nos sentamos en el patio trasero de la casa. -“¡Qué lindas se veían las estrellas, en la cerrada oscuridad de aquella noche!”. Mas relajado -le decía- yo,  a los allí, reunidos.  Entre los que se encontraba,  Don Dundo Sabiondo, el sabio de la comunidad, que llevaba en su mente el libro invisible de las historias de los abuelos y generaciones perdidas. Después de tomarse un café, nos relató lo siguiente: -“Lo que les sucedió hoy a Ustedes no es nada comparado con las cosas que yo viví y vi. Por los tiempos de mi juventud, salíamos de parranda por los pueblos perdidos de Dios. Una noche, luego de finalizada una de esas interminables parrandas. Mi tío Ezequiel caminaba por los trechos que conducen a  las cuevas de entrada a LIMBOTROPíA, en La pailita. Ya le habían contado que por esos senderos salía un raro espécimen, como a la una de la madrugada. Era ILuminada Beliar, la curandera, que salía de Limbotropía a pastorear un grupo de monstruos de tres y de siete cabezas y trece manos que siempre andaban con ella. Esto no sólo parecía, sino que por demás era algo insólito y asombroso para nosotros que vivimos en una realidad tridimensional, pero ciertamente muy común en los dominios de la maga. En Limbotropía, se ve  normal lo que  nosotros vemos como  estrambótico. Porque en Limbotropía se vive una supra dimensión diferente a la nuestra. Por ejemplo, cuando en nuestro mundo es de noche, en la megápolis de la bruja es de día. Si nosotros entramos en contacto con la realidad de ellos las cosas se alteran ante nuestros ojos.  Por tal razón vemos extraño un ser con tantas cabezas y manos a tan altas horas de la noche. Mi Tío Ezequiel se la daba de muy corajudo y guapo. Esta era la hora  a la que él le gustaba caminar, sobre todo, luego de haberse engullido un brebaje alcoholado que se hace de la caña y que a menudo  le llaman lava gallos. Esto es tan fuerte que Usted, lo tira en el piso y  le prende un fósforo y salta la llamarada de fuego.  
       Estando como a quinientos metros en la entrada de la cueva de Limbotropía por el paso del río que le llaman la jaguita, dentro de la más terrible oscuridad,  Ezequiel oyó las hojas secas revoloteándose por el aire y un reguero de pies caminando como si fuera una manada de toros salvajes corriendo en tropélica estampida. Ahí, recordó, lo que le contaron que pasaba en ese lugar -del raro espécimen- que salía por allí. También de repente pasó por su mente lo ocurrido a su padre, cuando su burro se cansó que este lo fastidiara con tantos viajes para el río a buscar agua en el llamado saltadero, pero sobre todo de estar cargando café para Navarrete, sin importar la lluvia ni el calor. El burro,  inteligente como solo él, se metió en medio de una bohuquera, dejando al  anciano, de su padre,  enredado entre los bohucos a esas altas horas de la noche. El pobre viejo llegó a la casa todo sucio, con cara de mendígo destrozado por un perro. Volviendo a los sucedido al tío Ezequiel, al oír este, aquellos pasos espeluznantes en las hojas secas, su burro  pasó el cambio número quince y  sembró a Ezequiel en el suelo. El jodido burriquito volvió a la casa de su abandonado amo, desbocado, asustado y rebuznando disparatadamente. A  Ezequiel se le pasó ahí mismo el pesado jumo de lava gallo, con tan estruendóso estrallón. Al verse solo, en medio del bosque, con unos pasos extraños aproximándose, se levantó a la carrera y corrió detrás de su burro como cosa de loco. Su mujer comenzó a llorar, casi dándolo por muerto, cuando notó la presencia del burro corriendo y rebuznando sin cesar. Mi tío Ezequiel regresó a la casa, igualito que su padre,  a cacha de plantas, como se dice en el campo, sucio como un perro y gritando a todo dar: -“Por Dios, ¡!SALVENME!!, ¡!!AYUDENME!!!, que me salió el demonio. ¡!CORRAN!! que me salió el demonio.  El  vecino,  llamado Don  Chacho, el verdadero y único mago acordeonista de todo estos parajes,  al  oír  los  gritos  se salió  de su casa.
    –“Pero Dios Mío” –dijo él- y continuó.-“¿Qué estoy oyendo? ¿El hombre mas macho del paraje corriendo de no se sabe que? ¿Qué le pasa don Ezequiel? –le pregunto- Don Chacho al descarriado noctámbulo. –“No, nada” –le contesto- el. A seguidas le dijo: Unos diablos que me salieron y les corte las cabezas como a tres”. Chacho que no le creyó nada,  le refirió: ¡Este Ezequiel, dándoselas de machote! ¿y mira como trae los jarretes todo barreteados?.  ¿y lo que veo es aún más espectacular? Miro hacia el cielo y le grito a Don Ezequiel: -“!Mire…! ¡Allá…! –“Que? ¿Que pasa?” –Le preguntó- Don Eze. –“Nada, que Estoy viendo millones de arenques bajando del cielo?”. –especificó-, Don Chacho. Para luego continuar. –“Y se me parecen papeletas de a peso según dan vueltas y vueltas”. Al tiempo que se fue a dentro a llamar a su mujer. –“Leonor, amor mío, ven pronto a ver esto. Hay una lluvia de arenques en el cielo. ¡!!Corre!! antes de que se vayan. Vamos a buscar unos cuantos  para hacer un locrio. –le dijo- Chacho, a su mujer. Muchos dicen que era la maga ILuminada Beliar que producía estos efectos maravillosos y asombrosos en nuestros campos cuando salía a pastorear  sus animales. Yo, la verdad no ponía en duda los poderes y la magnanimidad de la Sacerdotisa ILuminada Beliar. –refería- Don Dundo en su relato, pero era muy común, por estos días ver a bolos y rabuses en nuestros apartados campos peleando carabina al hombro, sobre todo  distribuyendo pesos a dos manos, haciendo posible lo imposible,  con tal de llegar a la presidencia del país. A mi tío Ezequiel, luego de esto lo velaron por tres días con sus noches y cuando despertó, no se acordaba de nada. Eso sí, jamás volvió a andar a esas altas horas de la noche por la entrada de Limbotropía. Don Chacho juntó varios de los arenques y hasta un acordeón nuevo se compró, porque hay que decir, que el pobre Chacho era el único acordeonista de la zona, hasta que luego apareció Don Nico Lora. Yo, en tanto terminé muy asustado con estas historias insólitas de Don Dundo Sabiondo. Luego de lo que nos pasó al bañarnos de noche en el Charco de la Poza, no creo que quiera volver por allí de noche. Al menos por mucho tiempo. 
      Estábamos en el patio trasero cuando los perros empezaron a ladrar insistentes y con una fiereza que asustaba. En el frente de la casa, muy cerca del camino la luz de un jacho, farol o linterna  se aproximaba, abriéndole paso a quienes venían detrás. Era un minotauro increíble. Alto, muy alto, mucho más inmenso que el caballo de Troya. Un ser extraño e híbrido con el cuerpo de  pelaje púrpura y la cabeza humana de un desgastado tinte a aberenjenado. En su frente de cabellos casi blanquecinos sobre salía un cuerno prominente; Sus pesadas patas de plomo contenían fuertes pesuñas doradas adornadas por abundantes pelos; Sus ojos negros como la profunda noche sin luna. El, no podía hablar, por  haber nacido con problemas en sus cuerdas bocales. Tampoco podía oír los sonidos ni el habla humana. Estos seres increíbles solo se limitan a obedecer a sus amos.  Cuando la sombra de la gigante aparición  llegó a nuestro lado, la dichosa lámpara se había esfumado. Encima del centauro, venía una joven señora, que hacía aún más prominente aquella sombra  que nos arropaba a todos como un fantasma alado que acorrala un grupo de cabras asustadas. Yo conocía a esta mujer. –“Qué hace por aquí, y sola?  -le pregunté- con firmeza. –“Me dirigía a Limbotropía, para entrevistarme con la famosa maga ILuminada Beliar, pero al no encontrar la entrada nos devolvimos. Fue entonces cuando encontramos en la poza dos muchachos jugando, que al vernos se mandaron como alma que lleva el  demonio. Yo sé, que no es la hora ni el tiempo adecuado, pero traemos un mensaje importante: Nosotros, hemos viajado cien años luces para anunciarles, “Clamando en el desierto” que acaba de nacer en Navarrete, el que será conocido, como nuevo y único padre de la patria, el hijo de Tatin Goren Tuert.
     También les comunicamos que dentro de dos o tres  décadas más, vendrá a gobernar, el hombre que salvará al país. 
      El Generalísimo, Benefactor, doctor y padre de la patria nueva. Manuel Tolima Morillo, quien pasará de un simple guarda campestre a Presidente. Nosotros fuimos enviados para ir preparando el terreno para su llegada inminente. ¡OH!, además vinimos a ver si necesitaban algo? –dijo ella- -“Quizás, comida: ¿Plátanos?, ¿guineos verdes?, ¿arenques?, ¿arroz?, ¿habichuelas?, ¿pollos?, ¿caminos?, ¿Escuelas? ¿Instalaciones deportivas? ¿que les hagamos un resort? ¿(complejo) turístico?, ¿en la Pailita?, ¡!Tan  hermoso  balneario, que solo aquí existe!!. ¡!Vamos!! ¿Lo  que  Ustedes quieran. Pidan por sus bocas?. –Nos decía- ella, de manera muy convincente.

   Solicitó algo de tomar para su animal y cuando este terminó se marcharon con su increíble procesión. De nuevo aparecieron las luces de no se sabe donde y el Minotauro se puso a gemir como dragón chino. El fantasma de la Pailita que montaba el animal, nunca visto hasta ahora en estos lugares; se balanceaba con gran  ritmo y cadencia infinita, mostrando suma confianza  y seguridad; dado posiblemente por el dominio y conocimiento de su animal;  De igual manera “el hipócrifo violento”*1, también demostraba su esplendido servilismo hacia su bella ama. Después de tan fantástica experiencia nos preparamos para irnos a dormir, pues al otro día pretendíamos llegar a Limbotropía, tomando el camino hacia la Pailita. Mi esposa de repente me preguntó: ¿Y quién era la señora que venía montando el caballo gigante? Yo pretendía  contestarle,  cuando  un  desesperante  y  angustiante  campanazo sonó:    

        !! Riiiiiinnnnnn ¡! ¡! Riiiiiinnnnnnn ¡!Riiiiiiinnnnnnn!!!! Al principio pensé que alguien tocaba  la puerta, pero no. El Riiiiinnnnn, Riiiinnnn, Riiiiinnnnn fastidioso no se detenía. Al rededor de cinco minutos permaneció rompiendo los tímpanos de mis oídos, la vendita sinfonía  aquella. Tal como  lo sospechaba, era el reloj, despertándome y anunciando la llegada  del lunes. Tiempo de volver a trabajar, para continuar la eterna batalla de la vida. Hoy camino de mi lugar de trabajo, recordé las palabras que Dios les dijo a Adán y a Eva, luego de ser expulsados del paraíso: -“Ganarán el pan con el  sudor de sus frentes”. Para los políticos esto no es así; a diario vemos como la política sucia va dejando millonarios por donde quiera en mi país (llegando a convertirse, en la mejor de las profesiones, la más lucrativa).Estos Leones de la fauna política  se convierten en reyes con el sudor, el dinero y  la sangre de las miles de personas del pueblo que viven en campos y ciudades  sin las más mínimas condiciones.  En definitiva, me dijo mi amigo Tomás Freud : -“Con el fantasma de La Pailita, a caballo vamos pa’l  monte”.
 
 
     *1.-Hipocrifo Violento. (Frase inicial de La Vida es Sueno, de Calderón de La Barca.