Rafael Rosado (TONY) Correo:
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-“ Muchacho, en los tiempos del Generalísimo, Un general valía Oro”. Así,
-le decía- Faustino Dupertón Padilla, a su querido vástago. Por tal razón, Josmy Dupertón de La Cruz, lo sabía muy bien, pues era nieto, hijo y sobrino de una de las castas familiares de Generales más reconocidos del país. Mi dilecto amigo, Josmy nunca se aficionó por la milicia. –“Me da horror” –me decía- muchas veces. –“Es que no soporto la disciplina, ni mucho menos que alguien me diga lo que debo o no hacer”. –“Te entiendo” -le decía- yo, en un gesto de solidaridad. Por tal razón él le pidió a su padre que le gestionara una visa, para Los Estados Unidos. Faustino Dupertón gozaba de una buena posición al lado del Presidente Joaquín Balaguer, durante su gobierno de los doce años. Josmy Dupertón partió para Nueva York lleno de ilusiones. Aquí las influencias del generalato no les servían de nada. Varios meses sin trabajo donde una tía abuela le hicieron bajar los sumos y entender la realidad. Se fue a trabajar a una factoría del bajo Manhattan. Varios años duró laborando como un burro hasta reunir dinero para comprarse un carro-taxi. Luego, con los años se hizo presidente de la base de taxi y todo le iba muy bien. Tan bien que muy a menudo regresaba al país de vacaciones. Gastaba dinero hasta más no poder con sus primos y sobrinos, todos pertenecientes al generalato. El me contó otro día que su abuelo: Don Silverio Dupertón Arias, fue un importantísimo comandante durante los años iniciales de la tiranía Morillista. –“Un día de Semana Santa” –me dijo- -“sin que estuviéramos esperándolo, se presentó a mi puesto, de Comando en Gaspar Hernández, un General Llamado Moreno Blanco.
Venía con un numeroso grupo de soldados. Sin tirar un solo tiro, tomó a todos por sorpresa. Amarraron a todos los guardias y se llevaron todas las armas. Luego se supo que ese tal general Moreno Blanco no era otro más que el mismísimo Enrique Blanco, que se hizo pasar por general para hacerle daño al gobierno”. Esto se lo contó, de viva voz, el abuelo, a mi amigo Josmy.
Una tarde de Abril del año mil novecientos setenta y cuatro, aprovechando que Josmy vino de vacaciones a la isla, nos fuimos a una elegante Discoteca en el pueblo de Yamaza. Allí, disfrutamos de los bailes, de la música, los tragos y el divertido ambiente del tranquilo lugar. Cuando más entretenidos estábamos. Al lugar se presentó una nutrida patrulla militar de más de veinte uniformados. –“Tienen cara de pocos amigos” –le refirió- uno de los primos a Josmy. –“Sí, los guardias siempre tienen caras de pocos amigos, si no mira a mi papá y a mi abuelo” –le contestó- en tono burlón Josmy a su primo. Todos rieron altamente del chiste tan fuera de orden y lugar. Al oír semejante desenfreno de risa los guardias voltearon para la mesa de los muchachos. Ellos hicieron un silencio total. Por lo menos estos guardias no andaban buscando problemas. Solo se querían divertir, pasarla bien. Para romper el hielo, Valentín uno de los primos de Josmy se paró, se agarro los pantalones por la altura de la cintura y le pregunto a este: -“¿Mi general Dupertón, ya nos vamos?. Al oír esto los guardias pararon los oídos. Más tarde el comandante de la patrulla, vino a la mesa. –“Estamos a sus ordenes mi general” –Le dijo- el soldado, a Josmy. Muchos de Nosotros no podíamos aguantar la risa. –“¿Adónde se dirigen? –le interpeló- mi amigo. –“Vamos de paso para San Isidro, mi comandante” – contestó- el alto oficial.
–“ ¿Y Ustedes ya veo que se marchan? –fue el soldado, quien preguntó- de improviso. –“No, no nos vamos. Ahora es que la fiesta se está poniendo buena”. –le dijo- Josmy al soldado. Los guardias, que tenían pensado dirigirse a San Isidro de inmediato permanecieron allí hasta que Josmy Dupertón decidió irse con sus amigos, bien entrada la madrugada. Se quedaron en la discoteca como sirviéndole de escolta a su general, Josmy Duperton. Desde los tiempos del Jefe, El generalísimo, padre de la patria nueva, Manuel Tolima Morillo, es una norma del generalato nunca abandonar a un general que llega a un sitio hasta que este no se retire del lugar.
Josmy Dupertón era un tipo bien parecido, alto, bien vestido y con una increíble pinta de militar que le venía de familia. Era difícil creer que no fuera militar. Este grupo de guardias no fueron la excepción. Ellos solo cumplieron con su misión de proteger a su general hasta que se marchó. Los primos y sobrinos de Josmy disfrutaron de una gran fiesta, gozaron un mundo con la broma que le habían gastado a los soldados. Ellos jamás se percataron hasta ahora que lo cuento, que: EL GENERAL JOSMY DUPERTON, no era ningún general. Tal y como sucedió aquí, cualquier impostor se hacía pasar por general y luego a alguien se le ocurría decir que quien hizo esta hazaña fue el mismísimo Moreno Blanco. Sí, -“en los tiempos del Generalísimo, un general valía oro” como decía Faustino Dupertón, pero con tantos cuentos y mentiras la vida de Moreno Blanco valía menos que una guayaba podrida.