“El Ladrón De Zapatos”
Autor:
Rafael Rosado (Tony)
Correo:
rafael.rosado@yahoo.com
-“El no había robado
nada pero cientos de ojos lo
miraban, y miles de dedos lo
acusaban en aquel estadio”.
La prueba del delito estaba
contenida por la posesión de
Serafín Malk O’mio de unos
zapatos de Charol negros que
siempre se ponía para ir al
pley (play) de pelota de su
natal pueblo de Navarrete.
Este municipio de Santiago
se ha caracterizado por la
producción de: arroz,
tabaco, tomates, cigarros,
los dulces más sabrosos que
paladar alguno haya probado,
pero sobre todo por la
vieja práctica, que tanto
aficiona y divierte a los
dominicanos y lugareños de
aquí, no esta vez no hablo
de la política, sino del
deporte del bate y la
pelota. Además de su afición
por el béisbol, éste pujante
pueblo, de increíbles
inventivas, tiene en Tomás
Freud (froy), al genial
mentalizador y creador de
ACUATIAIRE, deporte de
agua, tierra y aire, cuyas
reglas son mantenidas en el
relumbrante computador de su
memoria histórica. Que sueña
freudianamente con ver un
día su deporte combatir en
una olimpiada. Este es
Navarrete, pueblo luchador,
prospero y progresista,
cruce de mil fronteras, que
ha estado abierto por hecho
y por derecho humano y
natural a los inmigrantes de
todos los confines,
continentes y países
vecinos, aunque la
generosidad de esta tierra
con los visitantes, muchas
veces ha sido pagada con la
ingratitud, la burla, el
desprecio y/o el saqueo del
subsuelo criollo y la
vulneración del patrimonio
material y cultural que
abrieron sus puertas con
dignidad y respeto, a los
muchas veces ingratos
advenedizos. Si como digo
una cosa debo decir la otra,
tengo que aclarar que no
siempre ha sido de tal
manera. Ahí, tenemos
multiples casos de personas
que han llegado a Navarrete
para engrandecerla, como
son: Pedro María Espaillat
(El Cholo), Mercedes Chávez,
Nico Lora y otros tantos.
Así es Limbotropía, única,
fantástica, con incontables
SOPLOS DE DIOS,
que son cónsules y
embajadores de buena
voluntad, en los campos
elisios de la pitonisa
ILuminada Beliar, fraguados
en el taller literario del
Vulcano criollo, Dionny
Cabrera, entre los que se
encuentran (Chima, la jaiba
Cirica, Tonano, Balum, El
Jututo de Papa Juan, Negra
la Tuerta, Eusebia La
Cotorra, Seleito, Quiriví,
Charo, El Moroquito, El pito
de la Fábrica, Las arepas de
Flora, La Cocaleca de la
Japonesa, La Vocina de
Barranco, La Voz: Casos y
Cosas que Pasan en mi
pueblo).
Si
tenemos estas delicias, por
otro lado es, un limbo
terráqueo repleto de
horrores, monstruos de cien
cabezas, pulpos de mil
manos, muertos vivientes,
desaparecidos, golpeados,
mutilados, criminales de
cuellos y corbatas,
impúdicos y confesos que
cuelgan sus cuadros,
diplomas y trofeos en las
paredes de las injusticias,
satélites lunares que
repiten lo que oyen y ven,
donde asesinos y asesinados
conviven, se guerrean como
algo normal, donde un día
habrá que pagar la cuenta,
porque la memoria colectiva
que todo registra, esa sí
que nunca olvida.
Es
en éste infinito disco duro
donde ha quedado grabado
para siempre el inmenso
caudal de hechos históricos
que aquí se han sucedido. En
tal razón, hoy quiero
pinchar el gusanito de la
historia y ahondar en la
idiosincrasia psicológica
del ser navarretense más
profundo para que se
entienda un poco la conducta
de este pueblo, beligerante
e incorruptible. Muchos
piensan que LIMBOTROPIA es
así, porque sí, porque le
gusta, pero no. A travez de
la historia ha sido una
metrópolis maltratada,
abusada y olvidada.
Si
damos un vistazo a los
tiempos remotos
encontraremos que Navarrete
fue escenario de guerras
restauradoras (como la
librada entre El general
Cibaeño Gaspar Polanco y el
general español Buseta),
fratricidas (fraguadas
entre bolos y rabuses en
tiempos de Desiderio Arias),
patrióticas (refriegas y
pobladas luego de la muerte
del tirano Trujillo, por el
respeto de la constitución
de mil novecientos sesenta y
tres), cuya histórica
jornada tiene a Bruno
Mercado en un sitial de
honor como el primer hijo de
Navarrete en ser elegido
sindico por voto popular y
democrático luego de la
caída del Tirano,
mateniéndose por siete meses
en sus gestiones, debiendo
dejar el cargo porque fue
derrocado el gobierno del
PRD y Bosch en mil
novecientos sesenta y tres.
Hay que recordar la guerra
de Abril contra la invasión
Norte americana de mil
novecientos sesenta y cinco,
donde participaron los
hermanos Juani, y Elías
Bisonó), Emiliano Candelario
Polanco (CANDE), Ramón Peña
(El Maestro de la Mecánica),
y Chuquín Disla que pelearon
del lado del pueblo. En la
otra cara, del Cefa y el
ejercito, que combatía al
pueblo y su Coronel Caámaño,
se sabe de la participación
del piloto hijo de Domitila
conocido como Ramoncito.
Los Navarretenses
han tenido héroes anónimos y
vivientes (como es Plinio
Taveras), que junto a un
grupo de compañeros fueron
vilmente torturados durante
la tiranía trujillista en la
cárcel de “La Cuarenta”,
ejemplo de entrega de una
juventud que fue vanguardia
en la difícil lucha,
combatiendo con honor y
dureza la más cruenta y
sanguinaria dictadura, que
no fue un chiste ni un
juego, porque oponerse a la
misma era tener los días
contados, ya que sus
torturadores no les temblaba
el pulso ni el dedo a la
hora de apretar el gatillo.
Para muestra un botón, justo
es recordar a Manuel Mera
hijo, mejor conocido como
Manuelito, a quien los
torturadores llegaron a
cercenarle los testículos a
sangre fría.
Junto a ellos había toda una
masa humana de juventudes
organizadas en el movimiento
revolucionario catorce de
junio (1J4), muchos de los
cuales se salvaron de morir
en el desembarco de
Manuel Aurelio Tavares Justo
(Manolo) en Las Manaclas,
debido a que: “el camión que
debía llevarlos nunca llegó
aquella noche histórica”,
que dejó al grupo esperando
en un oscuro monte de la
comunidad.
Así, es la historia, así es
Navarrete, llena de héroes y
villanos. Vamos de un
extremo al otro. "El
Navarretense es un ser
históricamente irrepetible,
efusivo, cargado de
pasiones, arrojos, primores
e impredecibles
fascinaciones, capaz de
vivir los extremos y marchar
a idéntico ritmo, de la
cálida rabia por el
asesinato de uno de sus
muchachos, que de la
desbordante alegría de sus
carnavalescas patronales,
que solo un navarretense es
capaz de imaginar, concebir
y desentrañar. Nadie mas. El
Navarretense es un individuo
sin par, de seductores
contrastes. El navarretense
tiene sus hechiceros
encantos y fastidiosos
aburrimientos, también esos
estados anímicos nos son
transmitidos a los demás
contagiando, a los unos mas
que a los otros, mientras la
minoría, hipócrita esconde
su cabeza bajo su plumaje
del postizo sufrimiento"(**)
Muchas veces apacibles y
otras tantas efervescentes y
bulliciosos. Son alegres,
entretenidos, romanticos,
fieles a los principios y
valores de la identidad
dominicana y geográficamente
bañados por sus ríos, largas
cadenas de montañas, resecos
y cuarteados terrenos,
tundras y pantanales.
Se amargan fácilmente con
una bachata lo mismo que
explotan de felicidad en su
carnaval de máscaras,
personajes y comparsas.
Bailan hasta sentados cuando
les suenan un merengue de
Francisco Antonio Lora
Cabrera (Ñico). Amantes
empedernidos de su
territorio. Defensores de
sus derechos y cumplidores
de sus deberes. Gente
humilde, sencilla, honesta,
progresistas, y acogedores
donde el que llega no se
quiere ir, al sentirse de
aquí, con el desborde de
hospitalidad. Hombres y
mujeres de sociedades:
religiosas, culturales,
teatrales, artísticas, y
musicales; Contando con
científicos entregados,
cantautores transgresores,
poetas profundos,
periodistas apasionados,
profesionales capaces,
artesanos dedicados,
pintores renombrados,
geniales mecánicos e
inventores, buenos
ingenieros, arquitectos y
maestros constructores, y
educadores con vocación de
servicio. En fin, hombres
de altos ideales, sanos
principios, altivos y
gallardos, positivos,
afirmativos, forjadores de
conciencias con derroche de
por venir.
Soy de los que cree que solo
conociendo el perfil
psicológico, el entramado
genético profundo y
recomponiendo la silenciosa
y dormida memoria histórica
de los navarretenses se
podrá entender porqué son
como son. De aquí, la vital
importancia que representa
el poder desvelar la muerta
historia de LIMBOTROPIA para
llegar a entender qué es lo
que arrastra a los
Navarretenses a ser y
comportarse: unas veces
impulsivos, otras veces
callados y meditantes,
desafiantes, lanzados,
revoltosos, intolerantes,
batalladores de pecho
erguido y recio hablar,
llegando incluso a la
arrogancia vital y el
desenfreno político para
resolver sus males. Estos
seres tan peculiares lo
mismo pueden ser sencillos,
humildes, hospitalarios,
pensantes, creativos,
trabajadores, denodados,
solidarios y mil veces
victoriosos, pero jamás
derrotistas ni fatalistas.
Cuando hay que ser buenos,
son los mejores, y si malos,
el príncipe Maquiavelo
a su lado solo es:
“UN CAPRINO SACIADO DE
ESPONDIAS”. “Ellos, son los
mismos que al peso le llaman
tolete y a la política
caballá”. Por tal motivo
cuando se mira a un
Navarretense, se debe ojear
por todos los puntos
cardinales de su anatomía.
Como dice Tomás Freud:
“Navarrete es como un
sancocho, tiene de todo”,
aunque sabe riquísimo, no
se debe comer caliente,
porque arde y quema como una
llamarada. Un navarretense
no se debe apagar con un
balde de agua fría porque se
enciende más. Para entrarle
a un Navarretense hay que
cargar siempre un
acompañante dotado de todas
clases de conocimientos,
para usarlo en caso de
necesidad, porque ellos,
saben de todo un poco.
“Las
apariencias muchas veces
engañan”, dice la voz
popular, en tal sentido para
juzgar un paisano hay que
escudriñar en su genealogía
histórica. Si vivimos en un
país de políticos,
corruptos, y ladrones con
sacos y corbatas, que
presumen seriedad de
señores. No se puede tildar
de ladrón de Zapatos,
efervescente, quieto,
volado, pasional,
arrebatado, loco, ni
violento a un humilde
ciudadano local tan solo:
por su apariencia física y
vestir sencillo, por su
catadura racial, religiosa,
por su fuerte, brutal y
comprometido punto de vista,
hasta por su silencio que se
hace indiferencia como para
expresar: “EL QUE NADA DEBE
NADA TEME”.
Siendo justo, hay que
reconocer sus pro hombres
en cada momento de la
historia, aquellos que van
guardando en los anales de
las epopeyas nacientes del
país, un sitio predominante,
ya sea para bien lo mismo
que para mal. Sí digo que
Navarrete dio a la república
La Satrapía Ilustrada, de
los doce años de Joaquín
Balaguer, que tantas muertes
de jóvenes sembró en todo el
territorio nacional, lo
mismo debo decir que el
Señor Balaguer fue tan amado
por sus seguidores, que
incluso algunos lo veneran
hasta más allá de la muerte,
por sus construcciones (de
casas, apartamentos,
puentes, carreteras y
monumentos históricos),
embellecimientos de las
ciudades, y carisma para
saber y dominar el ser
profundo del dominicano,
como buen discípulo de
Trujillo, siendo también
maestro de los emergentes
liderazgos de los partidos
tradicionales, e iniciador
del clientelismo político,
La mañosería electoral y el
asistencialismo (la cultura
de lo dado), llevado a
efecto mediante la llamada
cruzada del Amor.
Este es un pueblo tan
gallardo, que a pesar de la
manipulación electoral y el
fraude, fueron contadas las
oportunidades donde el
patriarca local Doctor
Joaquín Balaguer resultó
vencedor. Muy popular se
hizo en aquellos años el
slogan que juraba: “BALAGUER
YA PERDIO EN EL PUEBLO EN
QUE NACIO”. Es un pasaje
traumático de la historia
difícil de ocultar y de
olvidar.
Bueno, para qué les aturdo
y distraigo tanto con mis
disquisiciones. Solo quiero
refrescarles la memoria y
pinchar el gusanito de la
historia, y ahondar en los
componentes históricos y
psicológicos del ser
Navarretense.
Como dijo Juan Pablo Duarte:
“Sed Justos, lo primero si
queréis ser felices”. La
historia hay que encararla
científicamente. Como
ciencia, la misma debe ser
instrumento de la verdad,
donde los hechos y
situaciones soporten la
prueba de la investigación
profunda y demostrable, y su
credibilidad hable por sí
sola, aunque el historiador
recurra al silencio perverso
de las hojas en blanco,
porque le conviene mejor un
pueblo ignorante, y no
gentes sabias y concientes.
Estos trazos para recomponer
la historia son tan solo un
inicio en busca de darle una
patadita en el trasero a los
tímidos e indecisos para
ver: “¿Quién se atreve en mi
pueblo a llenar TANTAS
PAGINAS EN BLANCO?”, que
esperan por aquellos que van
a entrar a la gloria,
desafiando a los
historiadores trasnochados,
que han abarrotado la
historia de distorsiones y
confusiones sin ninguna
base demostrativa. Ellos,
los que se atrevan, serán
los encargados de conjurar
la ignorancia de siglos,
prendiendo la tan necesaria
luz de: “la verdad de la
verdad” para alumbrar este
inigualable terruño que
tanto lo necesita. Uno de
estos “líos y enredos mal
contados” se trata de la
historia que les refiero a
continuación, con el
objetivo de aclarar y
recomponer el buen nombre de
SERAFIN MARK O'MIO, mejor
conocido como: “EL LADRON DE
ZAPATOS”. Aquí les traduzco
la carta que recibí de,
Sinfín Mark O’mio, padre de
este muchacho. Dice así:
Estimado señor, editor de
Limbotropía. Quiero pedirle
que incluya en su libro, la
triste historia de mi hijo.
Siempre ha sido un joven
humilde, trabajador,
familiar y de su casa. El se
dedica a vender flores y
velones en el cementerio de
la comunidad. Nunca se ha
casado, pero es un joven
tranquilo. Desde niño ha
sido un empedernido
aficionado de la pelota. El
es un adulto, pero yo le
peleo porque de cuando en
vez, en lugar de ir a vender
las flores se va al juego.
Es incorregible. El pobre,
estudiando de noche en el
viejo liceo nocturno
“Eduardo Cabrera” solo llegó
a tercero del bachillerato.
Yo
le digo que termine su
educación para que vaya a la
universidad pero él no me
hace caso. Antes de venir a
Navarrete, a este le gustaba
tanto el juego que paraba
nada más jugando en esos
equipos comunitarios que
nunca salen a ningún sitio.
Imagínese que su sueño era
que lo firmaran para irse a
jugar a las grandes ligas.
Algo tan sumamente difícil.
Yo lo animaba, pero un día
él se rompió el pie derecho
al deslizarse en la tercera
base durante un partido
contra los Gavilanes de
PONTON y ahí murió todo. Nos
mudamos a Navarrete y este
se dedicó a vender flores y
velones para los muertos.
No sé cómo anda entre
ellos, porque les tiene un
miedo terrible a los los
fantasmas, galipotes y
aparecidos. Siempre que
pasamos por El Alto árbol de
Anacahuita en la niega,
donde sale “EL AHORCADO
FANTASMA DE DON BOTELO”, se
les engrifan los pelos. Eso
sí, cuando se trata de su
pasión por la pelota, no hay
quien le gane. Es el
fanático número uno y nunca
se pierde un partido. Como
todo un comparón, se
engalana para ir a ver su
equipo preferido “El Súper
Selecto Bisonó”.
Gracias a su honrado
trabajo compró un mal día
unos dichosos zapatos de
charol negro, a una
vendedora ambulante de
nombre Micaela Chávez Razzur-Akatto,
por la suma de treinta
($30:00) pesos. Ella era la
esposa de Ismael Razzur-Akatto.
Este mercader descendiente
de unas tribus bíblicas, era
nacido y criado en este
pueblo perdido en el mapa,
pero sus parientes
ancestrales (tatarabuelos)
eran una liga de Turcos y
criollos. Nadie se explica
aquí, el porqué de su
apellido, tal vez porque
ejercía su oficio de tendero
como todo un mente cato
dueño de toda la avaricia
que reúne el mundo.
Le
cuento que a veces, la
situación no iba muy bien,
por eso la señora Micaela se
veía en la necesidad de
vender a escondidas del
marido ciertas mercancías
que sacaba de la tienda
para con la ventas de esos
productos mantener una
reserva financiera que la
ayudara a comprar lo
necesario para vestir a sus
trece hijos, comer y hasta
alimentar su inofensivo
vicio de la caraquita, la
lotería y el raspadito.
Cuando al esposo le iba muy
bien en sus negocios ella
también obtenía jugosas
ganancias. Estos jueguitos
secretos y pormenores dieron
al traste con el matrimonio
de Micaela e Ismael .
Cierto día el propio señor
descubrió a su mujer
mientras vendía a otros
tenderos menores de la
comunidad unos cortes de
telas preciosas que él había
mandado a traer desde
Turquía, para los trajes y
demás parafernalia de la
boda de la hija de Mahoma
Nazzar. Por su gran corazón
de esposo, fue que él la
perdonó.
Durante treinta años esta
familia se había mantenido
unida, pero la confianza de
la pareja se resquebrajó
cuando Doña Micaela
descubrió a su marido
seduciendo a la hija de la
sirvienta, conocida como
María Tomaza Rico . El,
ahora le pidió, a ella que
lo perdonara “como la
necesidad tiene cara de
hereje” ella lo perdonó.
Además, ¿cómo iba ella a
perder a su marido?, ¿el
negocio?, donde sobre todo
estaba en juego el pan
diario de sus trece hijos.
La vida seguía de maravilla
hasta que el mercader, un
fatídico día asistió a una
inauguración de la temporada
de pelota como padrino de
uno de los equipos
deportivos del baseball
local, acompañado por sus
trece vástagos.
Micaela
se sintió enferma y no
asistió. Ella decía: -“No me
gusta este juego tan
peligroso. Yo prefiero las
quinielas y la lotería”.
Ella tenía sus razones, ya
que una mala experiencia en
el play le impedían que se
motivara a ir de nuevo a un
estadio. Cuando apenas
contaba con trece años su
padre la llevó a ver un
partido entre los equipos:
“Súper Selecto Bisonó”
de Navarrete
y
“La Aurora”,
de Tamboril, Santiago.
Ella se encontraba sentada
en el parco de primera base
junto a su padre.
Se
oyó la voz del narrador
Papi Pimentel
diciendo: –“Séptima entrada,
bateando el súper selecto
Bisonó.
¡En la caja de Bateo, el
cuarto Bate
Virgilio Veras, alias el
mete víveres…!
¡Coje las señas del maniyer
(Manager), sustituto,
el pequeño gigante, Mamerto
Pimentel!,
¡se prepara el piche
(pitcher)!, ¡Esperando Turno,
Rafael Vázquez (El Guardia)!
¡Viene el lanzamiento! ¡Fao!
(Fault) ¡El
viejo cuadre,
recoje bate oficial del
equipo va detrás de la bola!
¡Se prepara de nuevo el
lanzador! ¡Ahí, va una
línea por la tercera base!,
¡INCREIBLE! ¡QUE MAGNIFICA
ATRAPADA!, ¡El tercera base,
Nelson
Llenas,
¡se lanzó de cabeza!, ¡tira
la bola a la primera base!,
pero su disparo va
totalmente desentonado y
fuera de control. Le fue
imposible al jugador de
primera, poder atrapar el
esférico que sin desviarse
un segundo choca como un
huracán en el tierno vientre
de una niña, ¡Hay un molote
terrible! Allí, en el parco
de la primera base. Mientras
vuelve el partido nos vamos
a unos consejos
comerciales”.
Les
cuento que el equipo local
ese día contó con una buena
labor monticular de
Rafael Almonte (Marrulla),
quien ponchó a trece
bateadores de la Aurora,
ganando el juego siete a
cero a favor de los
criollos, que terminaron
satisfactoriamente la
jornada bajo la dirección de
su manager estelar,
Cirilo Bisonó,
muy a pesar del la
golpeadura de la niña en
primera base. En estos casos
a la persona le untaban o le
hacían tomar un medicamento
llamado:
“BOLA DE GOLPE”
Después de esto, la pobre
Micaela nunca fue ni se
interesó más por ese juego
que casi la mata.
Volviendo, a la
inauguración. Mi hijo
Serafín, como les comenté,
era un empedernido fanático,
del Súper Selecto Bisonó,
como siempre se tiró su
mejor remua y estaba allí
parado al lado de la
familia Razzur-Akatto
Chávez, mientras el padre
Don Ismael, con pose de
presidente, y rodeado de
funcionarios de los equipos
chocaba la bola en el
guante, dispuesto a realizar
su lanzamiento inaugural.
Antes de lanzar miró al área
de la primera base donde se
encontraba su prolífica
familia, saludó a sus hijos
con su mano derecha. Los
zapatos de charol de mi hijo
Serafín rechinaban del
brillo con el cálido sol.
Don Ismael se puso como
loco, se enfureció y en vez
de lanzar la bola al queche
(catcher) la dirigió al
parco de primera base, justo
a la zona donde se
encontraba Serafín. Este se
tiró se cabeza en las tablas
y la rugiente bola pasó
zumbando sin encontrar donde
chocar. Algunos testigos me
aseguraron que la pelota fue
encontrada del otro lado de
la muralla de la factoría
Bisonó.
Cuando los directivos de los
equipos indagaron sobre el
anormal comportamiento de
Don Ismael, este les
explicó. –“Unos zapatos de
Charol Negro me dejaron
ciego con su brillo y el
sol. Me enloquecieron”. Con
dolor en su alma, asustado
por lo sucedido, Serafín se
retiró del juego.
Mientras
Ismael lanzó sin más
inconvenientes su disparo
antes los aplausos de los
asistentes. Ya camino de su
casa , el tendero se
preguntaba: -“¿Por más que
intento, no logro recordar
el día que yo le vendí esos
Zapatos de Charol Negro a
Serafín”. El viejo estaba
coloradito, silencioso, los
hijos lo felicitaban,
pero el no paraba de
pensar en esos zapatos.
–“Yo sé,
que ese desgraciado me robó
esos calzados, pero no tengo
pruebas” –se decía- para sí
el señor. Luego de este día
jamás asistió Los Domingos a
ver un juego. El mandaba a
los hijos con su hermano.
Aunque Serafín encontraba
rara la actitud de Ismael,
pensaba que todo era
producto de que el brillo de
sus adorables Zapatos le
nublaron los ojos y la mente
al Tendero. Tanto Serafín
como Ismael, continuaban sus
vidas sin enterarse de las
secretas artes de Micaela.
Hasta que cierto día “Mi
prenda Linda” se encontraba
preparando unos velones y
unas flores para ir a
trabajar a la puerta del
cementerio cuando llegó a mi
casa Don Ismael, para hablar
conmigo. Yo, tenía tiempo
disgustado con él, debido a
lo que le hizo a mi hijo,
por eso, de una vez le
contesté su pregunta: -“Mire
señor, quién le vendió esos
zapatos a mi hijo Serafín,
fue su propia esposa Doña
Micaela” –le dije- -“Yo
mismo se los compré, a ella
por unos treinta pesos, para
regalárselo a Serafín con
motivo de su cumple años.
Muy decepcionado y con la
cabeza baja el mercader
retornó a su casa. Luego
supe por el barbero del
barrio que ese mismo día,
Ismael Razzur-Akatto,
desapareció sin dejar
rastros. Su mujer y sus
hijos lo buscaron en
hospitales, organizaron
brigadas, pegaron su foto en
los postes, pero nada. La
policía tiene la hipótesis
de que él volvió a Turquía.
Nunca más se supo de él. Su
cuerpo no apareció ni vivo
ni muerto. Los hijos creen
que su barco quizás se
perdió o zozobró en el mar.
Hay quienes creen que se fue
a vivir a limbotropía,
pero yo tengo mis serias
dudas, porque dicen que allí
solo entran los escogidos.
Micaela ahora es la dueña de
la tienda y heredó toda la
fortuna del viejo. Yo sé que
no tuve nada que ver con la
compra de esos zapatos, pero
tenía que proteger y
defender a mi hijo. Un padre
no puede apoyar la sin
verguenzura de su hijo, pero
su deber es estar con él, en
lo bueno y en lo malo. Lo
mismo en la felicidad, que
en el dolor, y hasta en la
cárcel si fuera necesario.
En sus luchas, deseos,
problemas y aspiraciones.
Por eso yo lo protegí porque
más que nadie sabía que mi
Serafín, era inocente,
porque siempre fue un
muchacho bueno, trabajador y
honrado.
Veinte largos años pasaron.
Serafín en todo este tiempo
jamás volvió al estadio a
ver partido alguno. Seguía
el juego por la radio, desde
su negocio que prosperó
tanto que logró poner su
propia floristería y venta
de velones. Justo al cumplir
los veinte años de no haber
vuelto al play regresó allí,
a ver el lugar. La Plaza
estaba tan diferente que ya
nada era igual -no eran los
mismos equipos, ni los
jugadores- que tanto lo
emocionaban. Muy compungido
llegó a la casa y me
preguntó: ¿Padre, Usted sabe
la causa de la desaparición
del tendero Ismael Razzur-Akatto?.
–“Bueno, hijo” –le dije- yo.
–“Un día, él vino y me
preguntó que cómo tú
conseguiste aquellos zapatos
de Charol negro que lucias
en el juego de la
inauguración de la
temporada? y no me quedó
más que decírselo. –“Don
Ismael, fue su esposa, Doña
Micaela, quien le vendió a
mi hijo esos zapatos”, -le
comenté- porque tenía que
quitarle esa psicosis que
traía taponada en su cabeza
y que por poco te cuesta la
vida, en aquel partido. –“¿
Y qué sucedió luego?-
volvió- y me cuestionó
Serafín. –“Cuando le dije
eso, Ismael, quería como
llorar, se llenó de
vergüenza y al despedirse me
dijo: -“ Don Sinfín,
guárdeme ese secreto por
favor” y se marchó para
nunca más. Solo él y yo
conocíamos este secreto, que
ahora te cuento y que guardé
en lo más profundo de mi
alma por casi veinte años.
–“Como él me lo pidió a mi,
te lo pido yo a ti:
¡Guárdame ese secreto! Tan
bien me lo guardó, que se lo
llevó a la tumba.
Un
día, lo encontraron tieso
en el piso, frente a un
espejo de su negocio. El
niño que me vino a buscar,
me contó que el nada más
decía:
-“Señor, señor, no me haga
daño…Señor. Le juro… que yo
los compré. Si Usted los
quiere… yo se los regalo,
pero le juro que… yo no robé
sus zapatos”. Ciertamente,
él no había robado nada pero
cientos de ojos lo miraban,
en aquel estadio y miles de
dedos lo acusaban”. La
prueba del delito estaba
contenida por la posesión de
Serafín Malk O’mio de unos
zapatos de Charol negro que
este se ponía para ir al
play, pero que un día
desaparecieron justo en el
momento de su muerte, hecho
ocurrido en su natal pueblo
de Navarrete. Así es
LIMBOTROPIA, tierra de
desaparecidos, muertos vivos
y vivos que están muertos,
fantasmas que deambulan en
el aire, héroes silenciosos
y silenciados, olvidados del
poder, la avaricia, el
crimen sin castigo, la
censura soterrada, desde el
vértigo marginal de cientos
de historias mal contadas,
como esta de: “EL LADRON DE
ZAPATOS” inspirada en el
merengue que dice: “Un
papelito recibí… que en su
comienzo dice así: Los
zapatitos de charol, eso fue
lo que quedó” (*)
(**)
Email de: dionnycabrera@hotmail.com(Los
Soplos de Dios #14 )
(*)
Los zapatitos de charol.
Merengue del folclor
dominicano.