La Gruta de La Virgen Milagrosa

Rafael Rosado (TONY)          Correo: rafael.rosado@yahoo.com

 
          Mi amigo, el psicólogo y periodista, Manolo Bonilla, de San Francisco de Macorís un día me dijo que su mayor anhelo era escuchar un poeta recitando su poesía en una bohemia intima con un grupo de amigos. Aprovechando mi viaje a San Francisco de Macorís me fui con mi tocayo Raúl  a visitar una pequeña propiedad suya en el campo de La Malena de aquí, donde también posee un club vacacional el popular profesional y amigo Manolo Bonilla.  Primero debimos pasar por LA GRUTA DE LA VIRGEN MILAGROSA, que se encuentra en La Loma de La Pegajosa. Llovía a cantidades tan grandes, que la mitad es mucha. preguntamos a unos lugareños: -¿Por dónde se va a la gruta? Nos señalaron con el dedo el camino, y nos dijeron: -“Tomen por ese camino, más adelante la encontrarán. –“Perdonen, ¿Se puede entrar en vehículo hasta allá? –Volvimos a preguntarles- –“Claro que sí”. –nos contestaron- muy afectuosamente. A unos kilómetros más adelante paramos en un colmado Barra y compramos provisiones: Galletas, refrescos, salami, casabe, y  papitas. Llegamos a un trayecto donde se terminó el asfalto para dar inicio a un camino de cascajo y lodo. Solo se veía bajar, bajar y bajar. Recorrimos más de quince kilómetros por el mojado y estrecho sendero de burros y caballos. El vehículo se tambaleaba de un lado para otro. El abismo nos esperaba con los brazos abiertos donde quiera que mirábamos. El tocayo Raúl abrió los vidrios de la jeepeta y el aire mezclado con una brisa de agua entró por la ventana. Este vendaval de aire puro nos trajo el indescriptible aroma del campo. Nuestros ojos brillaban de júbilo con la verde y  majestuosa vegetación. Corríamos por un trecho sin saber a donde nos dirigíamos. Por un momento nos asaltó la confusión. Llegamos a una lodosa explanada que no conducía  a ningún lado. Era imposible continuar con el vehículo por tan dificultoso camino y debimos volver hacia a tras sobre nuestras huellas para dejar la Jeepeta en un lugar seguro. Emprendimos de nuevo la marcha a pié. Cuando habíamos andado unos quinientos pies se nos apareció una buena samaritana y nos indicó la ruta. –“Al  llegar, a los dos caminos que se dividen, cojan a la derecha”. – nos dijo-,  sin perder tiempo  -“Ahí, donde hay dos casas como a dos kilómetros de aquí”. Nadie podía perderse con este trío de dos perfectos a la entrada de la gruta. Los moradores nos contaron de una monja fantasma que desde tiempos remotos guía a los romeros hacia la gruta. Supimos que fue ella quien nos señaló el sendero porque traía en la mano una casita de vidrio en forma de farol, estilo reloj de arena con una virgen adentro bañándose en la copiosa arena del mar. No creemos que fue un fantasma porque lucía como una mujer natural y normal de aquellos campos agrestes, desolados y tristes.
                Continuamos la marcha y nos topamos de frente con un flaco paisano. –“¿Está muy lejos , la gruta, buen señor? –le preguntamos-, muy cortésmente.
–“Sigan adelante, yo vengo de una misa en la gruta” –nos contestó- el parroquiano. Como a cincuenta metros fueron apareciendo cruces. Son las estaciones que padeció Jesús camino del gólgota o calvario, antes de ser crucificado. Bajamos por unos escalones en cementados y vimos El Templo majestuoso de una capilla cristiana construida en medio de rocas gigantes mucho más grandes que las pirámides egipcias.  Tomamos fotos del interior de la iglesia, y también del cristo crucificado de la pared. Un dato curioso que me impresionó, fue ver unos de los cristales rotos  detrás de la imagen de cristo. No podía admitir semejante descuido, que dejara en el abandono un lugar tan sagrado. Lo de abandono lo digo por el cristal roto. Dimos la vuelta por el lateral izquierdo para ver la gruta donde apareció la pequeña estatuilla de la virgen, que data de los ancestrales tiempos  indígenas, según nos contó la esposa de Raúl. La primera Gruta, se encuentra debajo de un cerro hueco en cuyo interior encontraron los indios la bella dama, una  estatuilla pequeña de la que llamaron: “La Virgen Milagrosa”. Ella luce un vestido blanco de pies a cabeza y sus brazos señalan la tierra. Debajo de sus pies pisa una víbora. Hay quienes entienden que los indios fabricaron estas grutas o catacumbas, entre las rocas para orar a la madre de Dios, hecho hombre. Según la fábula, por estos túneles subterráneos los criollos habitantes se comunicaban con otros pueblos vecinos, como Puerto Plata, Guananico y Paradero. La lluvia, el tiempo y la falta de condicionamiento por parte de las autoridades han provocado el total deterioro de la gruta. La principal, una especie de Túnel que yo escalé sin ningún problema, se había desplomado y desde su fondo ahora se podía ver el cielo, pero  aquella donde apareció la imagen de la virgen sigue intacta. La estatuilla de la Virgen fue movida de su posición original y colocada entre grandes rocas frente a  otra capilla construida al aire libre, con asientos y un púlpito para el sacerdote oficiar la misa. Desde el tope de la montaña, virgen Milagrosa le da la bienvenida a todos los visitantes. Por largo rato oramos a la Madre de Dios y al salir, notamos del otro lado de la pared, en el suelo mojado los incontables pedacitos caídos del roto cristal ubicado a las espaldas de Cristo. Nos marchamos del lugar regocijados y sobre cogidos por la más grande paz espiritual. De nuevo subimos la empantanada carretera sin ningún problema. Nos dirigimos a la finca del tocayo Raúl. El había perdido las llaves del portón principal y tomó por otro trecho para entrar. Cuando fuimos a seguirlo, notamos que debajo, en el parachoques de la Jeepeta había sangre fresca. Nos preocupamos y empezamos a investigar. Para nuestra sorpresa encontramos unas pisadas de sangre,  de una persona que andaba descalza. Las pisadas se dirigían al lugar donde fue Raúl para poder entrar a la propiedad. Nosotros seguíamos las huellas de las ensangrentadas pisadas. A cincuenta metros los sanguinolentos pies dejaron de caminar para nunca más.
      Solo encontramos a mi amigo Raúl abriendo los alambres de púa de la finca campestre. –“¿More?” –le dijo- la esposa. –“¿tú no te cortaste?  –“No”, -contestó- él. A seguidas preguntó: -“¿porqué? –“Es que encontramos unas pisadas de sangre fresca” –le dijo-  ella –“y pensamos que tú te habías herido”. Abrimos y nos introdujimos a la hacienda. La señora asegura que alguien tuvo un accidente en los alrededores, cosa que fue apoyada por Raúl. Yo me quedé perplejo y casi seguro de que : Cristo había bajado de la cruz y se había herido los pies al romper los vidrios de la iglesia. Yo, pasé todo el tiempo en el campo preguntándome: ¿Si fue que alguien tuvo un accidente como aseguran mis amigos?, ¿porqué razón nuestro parachoques estaba sucio de sangre? ¿porqué las huellas semejaban haber salido de debajo del salpicado frente del vehículo?. El ciego mundo no quiere entender que Jesús anda por la tierra sangrando los dolores del pecado de los hombres que a cada día ofenden su memoria con hechos abominables. Jesús nos protegía al subir la empinada carretera. Yo me atrevo a asegurar que Cristo cuando salió de la gruta se vino con nosotros en el jeep, y nos dejó sus huellas ensangrentadas, saliendo del vehículo para muestra y ejemplo.
     Se nos hizo tarde y partimos de La Malena antes de que nos atrapara la noche y otro tupido aguacero. Esta ves no fue posible el encuentro bohemio  con Manolo Bonilla pues nos volvimos a San Francisco de Macorís para no quedarnos varados en la noche de aquel lugar inhóspito. En el camino nos cruzamos con unos vendedores de cangrejos. –“¿Usted sabe quién vende cangrejos? –le preguntó- a los muchachos, la esposa de mi amigo. –“Claro que sí” –contestó- el niño. –“Nosotros, ¿quién más podría ser? –le dijo- el sabio infante, haciéndose el ofendido. –“Solo hay un problema” –nos refirió- el mozalbete desjuiciado. –“El problema es que tienen que hablar con mi Don, pero no sé si se va a poder, porque Mi amo es mudo”. El pequeñin habló con el mudo. Claro que mediante señas. El mudo aseguró que nos vendía los cangrejos a cien pesos la docena. Compramos una docena y media para preparar un asopao de cangrejos. Nos fuimos y ellos también partieron felices con la buena venta que habían efectuado. Para regresar tomamos la carretera de La Loma de Los Paulinos, tierra rica en historias que otro día prometo contarles. Desde ese día voy siguiendo las huellas sangrantes de Cristo por todos los caminos, y en todos los actos de mi vida. Al  palpar su sangre en el parachoques del jeep confirmé que cristo redimido  vive  entre nosotros, y no nos damos cuenta porque vamos muy ocupados en las cosas terrenales olvidando las cualidades espirituales. El está fuera de las ideologías que tanto han complicado al hombre. Es el ejemplo liberador número uno del mundo subyugado, y sumo poeta, reconfortador del espíritu, que yo y muchas gentes, queremos escuchar y seguir por los caminos de la vida y más allá de la muerte.