La Quema De Judas

 
 Por Rafael Rosado (Tony)                                              Correo: rafael.rosado@yahoo.com
 
 
     Yo, era apenas un niño de unos diez años, cuando insólitamente pasé por el espejo de mi cuarto y fui a caer como por arte de magia a la legendaria tierra de Limbotropía. En mis recuerdos aún continúan vigentes las pinceladas del primer día  que en esta metrópolis oí hablar de Judas.  –“!!Corran!! Corran!!Corran!! Se escuchaba una voz gritar. Yo no entendía el motivo de aquel reperpero. –“Ahí, llevan al traidor,  que mató a Jesucristo”. –dijo- una señora gorda, que flojó la batea de lavar y corrió a ver el jolgorio. –“!! Corran ¡! que Moreno Blanco se le montó a  Judas y lo quieren quemar”. –anunció- otro hombre flacucho, que se mandó como loco, llevándose todo por delante, luego de haber dejado la pala con la que excavaba una zanja, para desviar el desbocado arroyo Guanábano. Era el domingo de resurrección de Jesucristo. –“!!Corran!!Corran!! –decía- la guagüita anunciadora. –“!!Venga gente!!, ¡!venga pueblo!!. ¡!Juiga Vecina!!, que ya llegó el Judas”. Los paisanos salían a las calles por todas partes, de todos los caminos. Niños, jóvenes, viejos, mujeres embarazadas. Cojos, con muletas, en sillas de ruedas, patines, y  patinetas. Las personas se amontonaban, hacían filas en las calzadas de las calles. Venían en carros, camiones, camionetas, burros, caballos y bicicletas. Una multitudinaria procesión humana caminaba a pié siguiendo el volteo que traía a Judas imponente.  Desde lejos lo vi con sus dos brazos abiertos y sus ojos como dos tomates de los llamados Barceló. Era la pascua Florida de Semana Santa. Hoy Domingo santo, las gentes corrían desenfrenadas, pero durante el resto de la semana el pueblo se caracterizaba por la quietud. No se escuchaba música popular. La radio y la televisón solo emitían música sacra. Las iglesias eran un lleno total. Por estos días la disciplina era más rígida que nunca. –“¿Cómo te vas a poner a barrer?-le decía- la mamá de Juanita Cartago. –“¿Tú, no ves que hoy es Viernes Santo?. Ni siquiera eso era permitido, barrer el patio o la casa, hasta después del Sábado Santo. Durante toda la semana, los moradores permanecían en las casas en santo recogimiento. Los niños nos aburríamos mucho sin nada que hacer. Ni siquiera se nos permitía ir a La Doña Patria a Jugar. Si nos salíamos de tono nos decían: -“Tengan cuenta que el enemigo malo anda suelto”. Tenía uno que andar derechito, por temor a que le saliera el demonio.
     El sol reverberaba a las doce del medio día. La calle Arturo Bisonó Toribio (antigua calle de la Atravesada) con esquina Duarte estaba tan repleta de gentes que ya no cabía una más. Habían personas en los techos de las casas y en los altos y frondosos árboles del lado –justo donde hoy está el parque Rosa Duarte-. Todos impacientes, esperaban la hora indicada en que sacaran a Judas.
      De pronto, se oyó un jolgorio, mezcla de risa con llanto, y alegría  desesperante. Unos hombres fortachones, como venidos de otras galaxias, hacían mover a las personas para colocar el volteo en posición. Otro cortejo cargaba al gigante y pesado Judas, que empezó a aparecer en cámara lenta. Entonces vi sus uñas tremendas y sus charreteras de balas cruzándoles el prominente pecho. En su monumental cintura tenía colgados dos revólveres al estilo vaquero. Sus cabellos negros y largos al estilo hippy cubiertos por un sombrero panameño. Su cara era la careta de un mono. Por todo su cuerpo venían colgados múltiples letreritos que decían: -“!!!Las habichuelas tan altas. No se como voy a comer!!!. ¡!Por traidor es que me van a quemar!!. Con un gran esfuerzo de más de veinte personas lo subieron al camión. Lo ataron para que no se caiga y la máquina echó a andar por todos los caminos, calles y veredas del pueblo. Judas vendió a Jesucristo por treinta monedas y luego se ahorcó. Esta tradición es parte de una sagrada promesa del señor Julio Vargas ante la enfermedad de un pariente. El prometió quemar a Judas durante toda su vida si le devolvía la salud a su ser querido. La celebración continúa a través de los años, en forma ininterrumpida sin importar que llueva truene o venteé. Aunque desgraciadamente Don julio se nos fue,  sus hijos asumieron el compromiso del padre para efectuar tan honrosa tradición de quemar el judas,  que  identifica  a Navarrete como pueblo.
      Puesto que Judas es el personaje que más personas concentra, existen mentes retorcidas que han llegado al límite de proponerlo para presidente de Limbotropía. Ojala que esto sea solo un deseo trunco.
      La marcha, con el judas  caminante, tomó por la calle diez y seis de Agosto. Se oían pitos, maracas y un perico ripiado (Conjunto de música típica Dominicana) entonaba merengues de tierra adentro, mientras el coro gritaba hasta más no poder. –“¿A qué hora lo queman?” –otro grupo contestaba- -“A las tres” y volvía a repetirse infinitamente el estribillo. –“¿Porqué es que lo queman?” –y el coro repicaba- -“Por calié”. Así recorría el cortejo calle por calle todo el municipio y secciones aledañas.
     La caravana regresó a la plaza del ayuntamiento (hoy plaza de la cultura ñico Lora). Las gentes corrían en todas direcciones tratando de encontrar el mejor puesto para ver al Judas quemándose. Mientras otros miles esperaban impacientes en el lugar. Encima de las azoteas, de los árboles y los más temerarios: Pey, Calvita y Francisco se apostaban ahí mismo cerca del poste donde el volteo fue a descargar a Judas. El alto poste de Luz también estaba impaciente hasta que por fin colocan a Judas con sus enormes brazos abiertos en cruz. Lo amarraron con alambre del fino. Era ya casi el anochecer y el sol enrojecido se iba ocultando.
       Al tiempo que una luna llena se aproximaba por el nítido cielo . Una persona untó gasolina por el cuerpo y los pies del traidor.  Calvita encendió la antorcha y acercó la llamarada por las largas botas coloradas de Judas que empezó a arder sin compasión en el fuego del infierno. En el Gólgota popular donde había sido traído por las masas irredentas. Yo observaba desde lejos como a dos cuadras de distancia. De su cuerpo salía mucho humo y miles de montantes  pirotécnicos se expandían por el cielo fabricando bellísimas figuras de luces y colores divinos. Algunos montantes explotaban en los pies de las personas, que saltaban y corrían a esconderse del bestial fuego cruzado de las explosiones. Como a dos cuadras en dirección contraria a donde yo estaba cayó un montante encima de una vivienda, pero los bomberos estaban alertas y controlaron las llamas de inmediato. Poco a poco Judas se fue extinguiendo en su anatomía. Lo último que le quedaba desapareció con la explosión final, el  más grande y pesado de los montantes que hizo estremecer los edificios y temblar la tierra. ¡!!BOOOM!!!  Se escuchó el grito ensordecedor de la multitud: -“!!Muere Traidor!!Muere!! El humo y la neblina inundaban el panorama, algunos niños lloraban. En fin las gentes empezaron a disiparse por donde vinieron. Yo regresé a mi casa y desde entonces todos los  años, siempre vuelvo a la Plaza para ver este singular acontecimiento de La Quema de Judas, una tradición popular que nunca morirá porque ya forma parte de la cultura de nuestro pueblo. Después que fue quemado hoy, a  Judas no le  quedó voluntad de volver a  traicionar a Jesucristo, porque sabe que si lo hace lo van a volver a quemar. Yo en cambio traspase de nuevo el espejo para volver a mi casa. Me acosté temprano porque al amanecer debía regresar  a la escuela después de toda una semana de vacaciones.