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La Triste Tragedia De Los Trillizos Cuento de: RAFAEL ROSADO (TONY) Correo: rafael.rosado@yahoo.com Si me permiten, ahora les quiero relatar otra historia de la tradición oral de Navarrete, que se vino conmigo a vivir en Limbotropía. Esta historia, me la contó, Tomás Freud ( froy), ahora que vino a visitarnos en sueños, aquí en Limbotropía. Mi amigo, a su ves escuchó la narración de labios de su abuelo, un recio campesino de esta zona. ¡Perdonen pero es posible que este suceso haya sufrido algunas variaciones según ha ido pasando de boca en boca. Escuchemos
el espeluznante y dramático episodio, y dejemos que sea el mismo
Tomás Freud (Froy), quien nos lo cuente.
El tiempo pasó y los niñitos fueron creciendo. El padre se las pasaba sacrificando animales delante de las inocentes criaturas de Dios. Ese día, el señor, Kilopondio Cabeza de Vaca, llegó de trabajar y olvidó los cuchillos, sobre la barbacoa al lado de la tinaja. Dos de los
niños aprovechando que el padre se fue a bañar al río, se subieron sobre
una silla de guano y le echaron mano a los dos cuchillos.
Cuando vieron sus pequeñas manos sucias de sangre, se asustaron y corrieron, donde Mamá Juana Leona del Espíritu Santo, que muy distraída estaba cortando unas escobas de hierba amarga para barrer, y unos tamarindos verdes para hacer una tisana, muy efectiva en la cura del paludismo. –“!Mamá!!Mamá!...!Matamos un puerquito!, pero no hizo ¡Cuiiii!!Cuiiiii!. –“!Ay, Dios Mío!” –Gritó- ella, y corrió a ver. Allí, encontró, al tercero de sus trillizos muerto. Trató de revivirlo pero fue imposible. Cuando el padre llegó del río se encontró con los llantos, y ya la madre tenía amortajado el pequeño en medio de la humilde casucha. Muy adolorido, Don Kilopondio Cabeza de Vaca dejó de ser carnicero y se dedicó a trabajar en la propiedad de Café que heredó de sus padres. Los dos trillizos restantes, ya de adolescentes, se las pasaban haciendo miles travesuras e intercambiándose el uno por el otro, llegando a engañar, incluso a su misma madre. Botán Cabeza de Vaca del Espíritu Santo, como le decían al mayor se hizo novio de una hermosa muchachita. Un día, Manuel Cabeza de Vaca del Espíritu Santo, el segundo de los trillizos, se dirigía al colmado por un tupido tramo del cafetal y se encontró, por esos mundos solitarios, a Dolores Disla, la prometida de Botán Cabeza de Vaca del Espíritu Santo. -“!Vaya, DOLORITA! Así, te pasas. ¿Ahora te haces que no me conoces? –dijo- este pervertido a la muchacha, porque ella caminaba muy distraída, sin apenas notar su presencia. Entraron en conversación, besos abrazos y se revolcaron sobre las hojas de café. La pobre e ingenua joven luego fue que se enteró que había sido el hermano menor de su novio quien estuvo con ella en el cafetal. Botán, desde pequeño veía visiones, hablaba con amigos invisibles, viajaba a mundos desconocidos, recibía mensajes de los espíritu del purgatorio, y de los muertos, hablaba en lenguajes desconocidos y componía inusitados brebajes de hierbas para curar todas clases de enfermedades, especialmente preparaba el té de Tamarindo Verde, como su madre, con el que logró erradicar una grave epidemia de paludismo que se desató en este campo, siendo muy popular en estos lugares por sus especiales facultades curativas. Además de ser agricultor, jornalero, carnicero como su padre y luego dependiente de su propio colmado, Botán, propugnaba por la no violencia y trataba de ayudar a los desposeídos. Siempre andaba con un revólver, tan grande, que él mismo no podía con tan pesado ejemplar, de esos llamados ¡Cachafú! que usaban los guerreros de las luchas fratricidas entre bolos y rabuses. Una noche de Julio, ya viviendo en Navarrete, se acostó tranquilo. Era la víspera del aniversario del Trillicidio. Rezó sus oraciones, pidió perdón a Dios por la muerte de su hermanito. No podía dormir, y por más que trataba, no lograba olvidar aquellos sangrientos episodios, que culminaron en una tragedia que lo seguía a cada paso de su vida. Hay
quienes aseguran, que (el trillizo muerto) se le aparecía (a Botán),
muy a menudo, haciendo que este se la pase hablando solo, e incluso,
dizque el espíritu del niño, vivía dentro del cuerpo del viejo
curandero.
Esa noche de Julio, como no podía conciliar el sueño, colocó su cabeza sobre la almohada, meditando profundamente. ¡De improviso!, un ladrón entró por una de las ventanas de su casa. El, que estaba despierto, escuchó, el ruido del vagabundo cuando cayó en el piso. Revolver en mano fue en busca del timador.
–!Párate ahí, porque si no te mato! ¡PUMMB!!PUMMB!!PUMMB!
descargó varias veces su viejo cachafú y el sinvergüenza se tiró de
cabeza por donde entró, corriendo hasta perderse en la oscura noche. –“¿Yo sé que pude haberlo matado?, pero en aquel momento solo me acordé del tercer trillizo muerto y la verdad me tembló el pulso y cambié la dirección del arma”. El viejo Sabio, cerró la ventana por donde penetró el maleante. ¡Ah! Ahora debo volver a dormir. Mi abuelo también me contó, que Manuel Cabeza de Vaca del Espíritu Santo, el segundo sobreviviente, se quedó por largo tiempo viviendo en La Cayota con Dolores, que prefirió a este, porque decía que Botán, siempre andaba en las nubes. Manuel era tan realista, que vivía construyendo carros de madera, guaguas, trenes y aviones. El pobre tenía el sueño de ser piloto de avión. De vez en cuando, Manuel venía a Navarrete de visita donde Botán, y le traía de La Cayota, un gran caudal de yerbas medicinales para las curaciones milagrosas. Tengo que agregar, que Manuel escogió el camino de la técnica, pero este igual que su hermano, podía curar, con hierbas, ensalmos, santiguaderas, y mantras de palabras enredadas que éste decía, sobre el área afectada de sus pacientes. Como les referí, a Manuel le gustaba pasarse unos días en Navarrete, en la casa de su hermano, pero amaba su campo como nadie. Un día cuando llegó la fiebre de los radios, se dirigió a la tienda de Miguel Cabrera y se compró un radio transistor. Sin ninguna dificultad, él podía oír en Navarrete todas las emisoras en su radio. Para este tiempo su campo no contaba con carreteras y solo era posible llegar hasta allí en burros, caballos y a pié. Manuel se fastidió pronto del constante ruido de los carros, marchantes y vendedores del pueblo, por lo cual decidió volver a la Cayota, llevándose su recién adquirido radio. Cuando lo
prendió, solo se oyó un ruido tremendo ¡Guiiii!!Chuiiiiiiiiiii!!Uuuiiiiiiiiiii!
lo que desesperó a Manuel, porque quería oír los merengues del
día, especialmente aquel que decía:
“Dolorita si mi ojos te dan pena, Dolorita me los mandaré a sacar”. -“Jodida emiso…gra, aquí en la loma de La Cayota no se quiere oír. Por eso, ¡no vivo más aquí!. Desde hoy ¡me marcho pa’i pueblo! ¡Me voy, porque aquí no hay vida!” –dijo- muy enojado y se mudó de manera permanente a la ciudad para poder escuchar los merengues y cumplir su sueño de ser piloto. Estos
sueños no muriéron en el camino, por lo menos se acercó a ellos, sin
perder las esperanzas.
La primera vez, que oí: La Triste Tragedia de los Trillizos por poco y se me parte el corazón. Así, de roto le quedó el corazón, a mi abuelo, cuando oyó esta historia de boca de su padre. Eso sí, desde niño aprendí que: ¡No se deben exhibir armas blancas delante de los niños ni sacrificar animales en su presencia! ¡A los animales hay que amarlos, respetarlos y cuidarlos igual que a los seres humanos y las plantas!. Ya me lo decía, mi abuelito querido que en paz descanse: -“Los Niños son como una esponja, que todo lo absorben”
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