Las Patronales de Navarrete   

Un 26 de Julio,  era un acontecimiento de incalculable  valor sentimental para el Navarretense que fue despojado de una tradición ideada por el pueblo auténtico con su visión maravillosa de religiosidad popular sustraída de mezquinos prejuicios seculares y de politiqueros alcahuetes
 
  Por: Dionny Cabrera Pérez    correo: dionnycabrera@hotmail.com

 Navarrete.-17 de julio 2010.- Las Fiestas Patronales "Santa Ana" de Navarrete fueron una iniciativa de los cosecheros y productores de tabaco de aquí en los albores del siglo pasado, cuando por su iniciativa se construyó la primera iglesia católica en esta comunidad en los terrenos que  había donado Don Eusebio Cabrera, también productor de la aromática hoja. Nuestras fiestas patronales fueron toda la vida una suerte de sincretismo, concordancia o conciliación entre la religiosidad popular y la espiritualidad secular que ha poseído este pueblo sin que ello implique entrar en un cuestionamiento a sus dogmas y a su fe.
  
 Para un navarretense de pura sepa, un 26 de julio, un día de Santa Ana
[1] -la madre de la santísima virgen María, cuyo culto, se introdujo en la Iglesia oriental en el siglo VI-, era algo estupendo, extraordinario, que le hacia sentir con un aire de orgullo y júbilo intensos, un ansioso aletear alegre que nos ponía a sonreír como un bobo todo el tiempo.  De veras, nuestras patronales eran algo fuera de serie. Usted se imagina una Aldea como la nuestra -el día de sus patronales-, con una iglesia atestada de fieles, rodeada de vehículos, caballos, burros,  vendedores,  de pregoneros, de peregrinos que venían de todas las comarcas  de todos los alrededores, de todas las proximidades a disfrutar de nuestras hermosísimas fiestas como una manera de expulsar los desánimos que le acompañaban y que sólo aquí, en estas tierras irredentas se sentían felices, contentos, dichosos y como en casa. Nuestras principales vías permanecían adornadas por las pintorescas pencas de palma, con cruza calles multicolores en papel de celofán que como parte de la tracción que fue forjando nuestro folklorista Frank Bueno.
  
     Mi madre ha dicho que "hay mucha gente que la gozó bastante y hoy quieren impedirle a otros su disfrute", hecho que muchos lo vemos como un acto de gratuito egoísmo, sabiendo que la violencia y la delincuencia -con licencias oficiales y del partido-, que imperan hoy impiden su disfrute, razón por la que, en parte, compartimos su critica, su desvelo y apoyo al encierro.
  
     Ya he narrado en otros trabajos que nos testimoniaba Agustina Cabrera Román, nonagenaria, hija de Víctor Cabrera Ulloa y nieta del productor de tabaco Don Isidor Cabrera,  y la comerciante Doña Humberta Ulloa -pareja de esposos poseedores de una gran cualidad: su espíritu de servicio, parecía que su oficio más agradable era poder ser útil a los demás en todo lo que les fuera posible ayudarles-, y nos exponía ella que:  "cuando se edificó  la primera iglesia en Navarrete y, a fin de que se le enviaran los ornamentos de consagración, campanas y demás útiles para el funcionamiento cabal de la capilla erigida a la virgen de "Santa Ana",  como patrona de Navarrete, los productores de tabaco de la Aldea, quienes habían concebido la idea de la designación de la pequeña parroquia -en los terrenos por ellos donados donde hoy se encuentra la iglesia Santa Ana-, basaban su solicitud, en el hecho cierto de que ellos eran productores de la aromática hoja, cuyo beneficio de su arduo trabajo que iniciaban en el mes de septiembre con la preparación de los canteros o semilleros, con los terrenos arados en espera de las lluvias de octubre  y noviembre para sembrarlo y si se presentaba buena cosecha, recibían en el mes de julio  la paga en efectivo, razón por la cual optaron  la decisión de construir la primera capilla como una forma de dar a Dios las gracias que le había concedido el logro de sus esfuerzos, por eso los productores de tabaco escogieron el  26 de julio, día de Santa Ana, como la fecha para festejar mediante una novena la satisfacción  del beneficio alcanzado, por lo que se deduce que la celebración de esta festividad se remonta a los albores del siglo pasado, conjugándose de ese modo -reitero- el perfecto ,sincretismo entre espiritualidad y religiosidad popular sin ningún sesgado prejuicio barato
[2]".
  
    De ahí que, la torpeza, de no saber distinguir entre espiritualidad y religiosidad, esa ha sido la causa principal de los opositores tardíos -fuera y dentro de un sector de la iglesia católica local-, al momento de asumir su actitud de prohibirle al pueblo laico disfrutar de uno de los momentos mas esperado: la celebración de las fiestas de patronales "Santa Ana" de Navarrete, que siempre fueron un ejemplo de perfecta armonía entre la iglesia católica y la comunidad.
  
    La calificación jurídica que merece este hecho es la de revelación de secretos tardíos, y la argumentación, revestida de la oscura dignidad de un lenguaje incomprensible, como acostumbran a hacer los malos médicos y los jueces torpes, es tan peregrina que sorprende que nadie pueda celebrar lo que por cerca de 100 años fuera y formara parte de nuestra principal fiesta tradicional para decretar penas de privación de libertad para todo el que osara celebrarla a la usanza antigua. Y estas cosas suceden aquí por los déficits crónicos acumulados en educación y el analfabetismo que han desarrollado una cultura de actuar con la pasión y no con la razón, es decir, guiados por la ignorancia. Es como dijo el poeta Manuel Rodríguez Objío: “el pueblo dominicano siempre obedece al sentimiento y confunde a cada paso la gratitud con la adoración”.
  
    La diáspora ha sido la tabla de salvación para que el galope de la cobardía envuelva los cuatro costados de nuestra extensión urbana, por ello hoy, los navarretenses del exilio económico, de la diáspora,  o del éxodo, celebran con igual júbilo, gozo y jolgorio sus patronales en cualquier rincón del mundo donde se encuentren sin que les importe el desfasado e infeliz "decreto" maniobrado por la sierpe hija bastarda de Navarrete. Por lo cual, actualmente hay muchas personas que de una manera muy animada en sus conciencias siguen la tradición truncada, forjando así y bajo un espléndido silencio la vieja costumbre de  seguir con las vivencias heredadas, haciendo llevadera esta tradición que por mas de un siglo ha estado en el corazón de muchos fieles a las enseñanzas de los mas viejos.
     
     Los Navarretenses armados con su genialidad y su ánimo bravío han sido los trovadores de nuestros barrios, los porta memorias de tradiciones y leyendas aldeanas que no han podido ser ni desvanecidas ni apagadas ni aplastadas en el tiempo por las aves de paso que siempre han venido -de necios, inoportunos y desatinados-, a estorbar nuestras cotidianidades pueblerinas para tener -al final-, que terminar largándose "con su música a otra parte", ya que no tienen raíces en esta aldea y porque nuestro pueblo es genial y bravío y sabe el instante en que debe actuar contra los embaucadores, hipócritas y mentirosos. 
  
       El Navarretense es un pueblo ruidoso y bochinchero con la personalidad extrovertida característico de todo caribeño que poblamos estas tierras convulsas, tibias, padecientes y afligidas a consecuencia de la mirada de gendarmes que han apropiado su estratégica ubicación geográfica.
  
     Estas peligrosas eminencias "de chalupa, que en relicario de sus escotes perfumaron mi juventud
[3]"  nunca entenderán a nuestro pueblo, aun hoy monopolizándolo, exprimiéndolo en su provecho y beneficio personal, pues desconocen que este es un pueblo lúdico, auténtico, parido a golpes, nunca rendido por el hambre, martirio o el sufrimiento sobre los cuales siempre se enseñoreo  con esa capacidad lúdica que lo convirtió en levantisco. La lúdica se entiende como una dimensión del desarrollo de los individuos, siendo parte constitutiva del ser humano.  El concepto de lúdica/o es tan amplio como complejo, pues se refiere a "la necesidad del ser humano, de comunicarse, de sentir, expresarse y producir en los seres humanos una serie de emociones orientadas hacia el entretenimiento, la diversión, el esparcimiento, que nos llevan a gozar, reír, gritar e inclusive llorar en una verdadera fuente generadora de emociones[4]", por ello he sostenido que Navarrete es un pueblo complejo porque es un pueblo de espíritu lúdico, que insisto, encierra una amplia gama de actividades donde interactúan el placer, el gozo, la creatividad y el conocimiento, en medio de tanta ignorancia y déficits educativos.
  
     Muchas de estas flores silvestres del camino ignoran que el pueblo Navarretense es un duende, hechura de Dios dotado de un temperamento volcánico cuya lava chispea, carboniza y momifica sin piedad a quien incurre en el atrevimiento de provocarlo inoportunamente; sísmico además porque son impredecibles sus ondas telúricas. Porque -como pueblo rebelde-, tiene muy poca tolerancia para las payasadas  y esto es un rasgo distintivo de este pueblo. Pero también -si se le trata con el debido respeto-, es alguien frente a quien se puede conversar sobre cualquier cotidianeidad trivial o compleja.
  
        Con la celebración de estas fiestas siempre se procuró perennizar las actividades espirituales sanas, juegos, historias, charlas, eventos, exposiciones, intercambios deportivos... que caracterizaron al Navarrete de antaño latente en la memoria de cada niño, joven, adulto y longevo de hoy, al margen de la sesgada e inconmovible opinión del Opus Dei local que cortó de un sólo golpe 100 años de tradición.
  
     En l
as fiestas patronales de Navarrete, se elegía un Comité que organizaba un programa, que se iniciaba con el proceso de elección y posterior coronación de la Reyna, dando inicio a las fiestas, ; en el mismo se establecían todas las actividades: festivas, culturales, deportivas, artísticas, etc.; y las rigurosas actividades religiosas que incluía el novenario y la visita del obispo católico de la Diócesis de Santiago de los Caballeros, quien realizaba el sacramento de La Confirmación; acto  que perfecciona la gracia bautismal y es el sacramento que -conforme la iglesia católica-, da el Espíritu Santo para enraizar más profundamente en la filiación divina, incorporar a los creyentes más firmemente a Cristo, hacer más sólido su vínculo con su Iglesia.
  
 
     Otras actividades consistían en el palo ensebado, las carreras en saco (juegos que lastimosamente ya no se practican en estos tiempos) y las corridas de sortijas a caballo, LUEGO, se les fueron agregando las carreras de motocicletas, los rallys automovilísticos, atletismo, motocross, etc. creando un ambiente de mucha alegría, exaltación y colorido que ponían de manifiesto la autenticidad interior del Ser que somos, lo que hacemos y como andamos.
  
    
Además de la tradicional verbena que se realizaba en el local del Club Recreativo y las presentaciones artísticas que se llevaban a efecto cada noche, durante todo el día se realizaban charlas, conferencias, exposiciones de artes o manualidades, intercambios culturales, deportivos, venta de diversos productos comestibles, etc., que ponían en evidencia el alto grado de participación e integración de todos los sectores de la comunidad.
  
 
 En las décadas de los años 70's  a los 90's, las fiestas patronales de Navarrete alcanzaron su punto más alto de interés, entusiasmo e impacto regional. Los navarretenses ausentes y los visitantes de otros pueblos contribuyeron grandemente a éste éxito sin precedentes. Ya que, de manera masiva, regresaban para participar de las mismas.
  
    El día de Santa Ana, era algo increíble, ese día niños, jóvenes, mujeres y hombres de todas las edades lucíamos la "Remúa" que habíamos comprado o un "pancho" impecablemente nuevo o de media vida que, como obsequio nos llegaba. Era un día de ponerse de arriba a bajo impecable, con algo de moneda en el bolsillo, juntarse con varios amigos y amigas, para, luego de ir a misa, dar varias vueltas al Parque, disfrutar de helados, frutas, golosinas o una "fría"; saludar o conversar con "los ausentes" que extrañamos; luego al caer el sol subíamos hasta La ex-hermosa  Rotonda, a recrearnos un rato, para entonces marchar hasta el Club Recreativo "Navarrete", al "Moroquito Bar", al Navarrete Country Club, al Kenia Bar, al Picnic, al patio de la casa de cualquier amigo o compañero que nos había invitado, o cualquier otro lugar para disfrutar o celebrar sin las preocupaciones y temores de hoy, nuestras fiestas patronales. Uno salía, a cualquier hora de la noche o muy de madrugada de cualquier lugar de regreso a casa, sin ningún tipo de preocupación por robo, asalto o acoso policial. Hoy, por la inseguridad ciudadana, eso no es posible, sin riesgo de un grave problema. 
  
 
   Recuerdo, como el pueblo se engalanaba para esperar a los suyos. Y esto era bueno, ya que cada uno de los ciudadanos navarretenses que regresaba, llegaba cargado de esperanzas entre otras cosas. Y como desde final de junio entran en vacaciones los estudiantes en los EE UU y era el momento en que sus padres, como inmigrantes, aprovechaban para solicitar las suyas en el trabajo y venir junto a ellos a su país para compartir con los familiares, amigos y amistades durante unas largas semanas que las hacían coincidir con nuestras fiestas patronales, lo que permitía un formidable re-encuentro de las familias.
  
 
  Además, la inyección monetaria y material que recibía el pueblo y sus negocios revitalizaban la economía. Eso con la triste excusa de "prohibir" Las Patronales Santa Ana, en Navarrete se acabó de un leñazo, por "decreto", sin democracia, una tradición sin ataduras de ninguna índole; muchos factores incidieron. Cuestiones de fondo: religiosas, políticas, delincuenciales, de seguridad y más hicieron sentir su peso.
  
     Nuestras fiestas patronales -hasta el 2002-, fueron celebradas con el jolgorio y regocijo popular que le caracteriz
ó por cerca de un siglo y en parte sin perder un ápice del gran sentido religioso que todos respetaron y que nunca nadie cuestionó, aunque con el "decreto de la sierpe" han cambiado, por la manera que actualmente son celebradas -como un estricto novenario-, y, proscritas para los laicos,  ya que antes eran manifestaciones multitudinarias -efectuadas en La "Plaza de la Cultura Ñico Lora"-, que nunca pasaron ni pasaran desapercibidas en lo que encierra la tradición  de nuestro pueblo y todos los otros que nos visitaban para festejar con nosotros sus satisfacciones y nuestras alegrías.
  
 
  Pero, de una cosa si estamos seguro, y es que el pueblo necesita de sus fiestas patronales, que renazcan, que vuelvan a ser esplendorosas y chispeantes, alegres aunque haya que tomar todas las providencias necesarias que resguarden la seguridad y estén ausentes los sobresaltos, que como excusas fueron el pretexto para suspenderla como fiesta de tradición, por lo que necesitamos aunar esfuerzo y hacer de esto una realidad, para lo cual seria necesario la comunicación y el dialogo con la iglesia.
  
 
  Nuestros niños, jóvenes, adultos y envejecientes de aquí y residentes en el exterior necesitan su espacio para unirse, recrearse y debemos garantizarlo, primero nosotros los ciudadanos asumiendo la voluntad y luego las autoridades civiles y policiales con su responsabilidad, sin que ello implique crear un estado de sitio. De lo que se trata es de garantizar el disfrute de una actividad de sano esparcimiento para nuestros conciudadanos.
  
    Mientras tanto, desde este rincón de la memoria histórica navarretense en que me situó dichosamente por accidente para algún designio, celebro el día de nuestras fiestas patronales como la siento, las viví, lo aprendí, por eso les narro, sin ocultar hechos, estas vivencias de mi generación, para el análisis, la reflexión, la búsqueda de reconciliación, y de la vuelta al pasado glorioso de las patronales, al margen de la inquisidora concepción de los que, por carecer de inteligencia, por ignorancia social y sectarismo dogmático, persiguen la vuelta a la Edad Media en el siglo XXI. Ignorando que el Opus Dei y su prelatura territorial local tienen muchísimo menos edad que este pueblo, que nuestras tradiciones y la ingeniosa voluntad de fusionar espiritualidad y religiosidad popular que poseyeron los precursores de nuestra Aldea. No apaguemos 100 velas, sino encendamos una grande para iluminar caminos promisorios de futuro llenos de esa facultad lúdica característica de los indómitos navarretenses y de frente hagamos el reclamo formal o autoexcluyámonos.