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Cuento de:
Rafael Rosado (Tony)
Correo:
rafael.rosado@yahoo.com
Limbotropía,
no solo es una tierra de vivos que
están muertos. En honor a la verdad
tengo que decir que en este paraíso
increíble todo está muerto. La vida
no es más que una simulación de la
muerte. Uno de esos extraños casos
es la vida del poeta Navarretense,
Raúl Guerra, que murió hace mucho
tiempo, pero a decir de algunos
dizque sigue vivo en Limbotropía
donde comparte con las musas
desinhibidas que son su fuente de
inspiración. Yo no estoy muy seguro
de esto pero que importa. Hoy quiero
contarles sobre tantos escritos del
poeta que nacieron, caminaron por el
papel y por la vida dándose a
conocer y otros desconocidos que al
igual desaparecieron y murieron sin
que nadie supiera más de ellos.
¿Cómo empezó esta historia? ¿Porque
de seguro en algún punto tuvo que
tener sus orígenes? Les cuento que
desde adolescente, el poeta siempre
se propuso escribir un libro. Ya
había escrito muchos en mascotas que
abandonaba en cualquier gaveta o los
arrojaba por el hoyo del sanitario o
los destruía. A mí me resulta
inexplicable que se quiera con tanto
ahínco llegar a la cima –como esta
de escribir un libro- y que al
arribar a la meta, se tenga el
creador que enfrentar con los
remordimientos de la auto censura
personal, oficial y del medio, que
lo conducen a los mortificantes
deseos de destruir lo hecho sin
culminar el objetivo. Peor aun,
cuando pasado el tiempo se quiere
reconstruir el proyecto de libro,
poema, cuento destruido y
desaparecido en la crisis de un
momento sin pensar, pero ya no hay
remedio. Yo tuve el privilegio de
poder ver algunas de sus carpetas
creativas inspiradas en la juventud
de una época turbulenta. Entre esos
manuscritos cuadernos me acuerdo de:
“La Muerte de Cuidad Vieja”,
“Eran Scout Mi General”, “Isabel”,
“El Amanecer, Poemas del Nuevo Sol”,
“Veinte paráfrasis de amor y una
canción Esperanzada”,“Mis Versillos”
y canciones como: “Mi Canto”,
“Fotografía”, “Somos Siguas”, que
desaparecieron como cuando se
borra una pizarra o un cuaderno con
un fuerte instrumento limpiador.
Solo quedaron los títulos y trozos
de algunas de sus historias Parece
que un mago burlón las hizo
desaparecer. Es increíble como un
grandioso caudal de creaciones
murieron para siempre, sin que hasta
ahora se sepa su destino.
Yo digo que son
“LETRA MUERTA”.
El caso es más penoso porque fue el
propio Raúl Guerra, el asesino
cobarde y alevoso de sus creaciones.
El ejemplo más palpable de esto que
digo se produjo cuando el escritor
lanzó por el hoyo del sanitario tres
mascotas de poesías escritas en el
fragor de la juventud, las ansias de
progreso y libertad que mueven los
años mozos y efervescentes.
Igual suerte corrió su
novela: “El Amanecer y la Gloria”
donde se cuentan los santos y
pecadillos del poeta, pero que más
luego fue reformulada con el nombre:
“A donde viven Los Muertos”.
Al otro día de este suicidio
Literario -como ya dije que se
produjo cuando este lanzó varias de
sus obras al sanitario- vinieron a
buscarme con la triste noticia de
que un poderoso temporal de agua
había inundado el barrio donde vivía
el poeta y de paso también sepultó
el hoyo de aquella letrina con todo
y la pequeña casita que la cubría
casi antes mis ojos. Hay quienes
aseguran que esta fue la primera
muerte del poeta porque luego de
este día no se le volvió a ver más
por Navarrete. Los amigos más
cercanos del escritor están
convencidos que el pobre sanitario
no soportó la gran carga emocional
que contenía la obra literaria del
poeta. Los que allí, nos hicimos
presentes vimos impávidos el
derrumbe del sanitario sin poder
hacer nada. En ese momento yo pensé:
¿Cómo es extraña la vida? porque
venimos al mundo para crecer,
construir y avanzar, más al
contrario terminamos destruyendo
todo lo fraguado con tanta pasión y
ternura. Muy a pesar de tener
oráculos contundentes presagiando
una hecatombe sin precedentes, les
aseguro que no todo está perdido,
como les comenté yo pude ver muchas
de las carpetas del novel creador.
Si no hay inconvenientes, quiero
relatarles algunos trozos del
contenido de esas carpetas. Veamos:
“La Muerte de Ciudad Vieja”.
Cuenta lo sucedido en un
alejado campo del Cibao Dominicano
donde una señora muy mayor reúne a
sus hijos para tratar de cambiar su
realidad y eliminar la dictadura que
los oprimía. Cada uno de los
muchachos se instala en un teatro
operativo diferente, según lo
acordado, para realizar un trabajo
de concientizador cultural, política
y estratégica, con los campesinos
(en las labores agrícolas), en el
barrio (con los pobres moradores y
hambrientos), en las fábricas (con
los obreros) creando un fuerte
movimiento social para derrocar al
tirano de “ciudad vieja”.
El líder del grupo
se llamaba Niqui. Gracias al trabajo
paciente y organizado se dio al
trate con el objetivo y al final
logran la esperada emancipación,
naciendo “ciudad nueva”. El
acontecimiento más triste se produjo
por la muerte de la madre de Niqui,
ideóloga principal del movimiento.
El cuento, “Eran
Scout mi General”, es la
historia de tres amigos: Juan,
Elías y Leonardo, que al terminar
las clases de bachillerato, liceo,
secundaria o preparatoria se fueron
a una excursión al más elevado monte
de la zona, llamado “La Montaña del
Mono”, bautizado así porque llegar a
su cima era solo tarea de primates.
Al salir a su tan esperado y
anhelado viaje, ellos no leen los
periódicos ni se percatan de que en
el mismo instante de su partida se
había efectuado un desembarco
guerrillero. Los Scout iban muy
quitados de bulla. Ustedes saben, lo
que se dice despreocupados, sin
stress, al verse libres de asistir a
clases todos los días y tener que
bregar con pruebas y exámenes. En
fin muy contentos por haber
culminado el año escolar y haberse
graduado del liceo. A tres días de
sus andanzas son apresados por una
patrulla de guardias de los llamados
boinas rojas e incomunicados en
celdas solitarias. También son
sometidos a crueles interrogatorios
y torturas por el servicio secreto
del ejercito. Son acusados de ser
los tres guerrilleros que se
sublevaron para derrocar el
gobierno. Vestidos con los trajes
camuflados: las pesadas mochilas
llenas de alimentos, cuchillos,
cantimploras de aguas y las
inmensas botas son llevados ante el
general encargado. Los oficiales a
terror querían que ellos admitieran
ser esos guerrilleros, situación que
siempre negaron, contestando que
eran scout y andaban en una
excursión. Más que nada querían que
los muchachos dijeran donde habían
escondido las armas. A lo que
respondían: ¿Qué armas? nosotros no
traemos armas.
Al ser interrogados
sobre el permiso para su viaje, los
scout decían que no tenían un
permiso, pero que no sabían que se
requería poseer autorización para
subir a esta loma. Debido a sus
atuendos y otras tantas
coincidencias terribles como lo era
la posesión de varias revistas de “Caracoles
la guerrilla de Caámaño”, un
mapa de la zona, una brújula, pero
sobre todo que eran tres como los
complotados.
Sin ser llevados a
ningún juicio, sin avisar a sus
familiares ni dar parte a la prensa
de tan importante hallazgo, el
general dio la orden de
fusilarlos. -Dijo- así: !!PREEEPAREN!!
!!!AAAAPUNTEN!!! FUEGO!! Cuando los
cuerpos estaban cayendo en el reseco
suelo y el humo de las balas aun se
paseaba en el aire del recinto
militar, súbitamente llegó un
sargento con la noticia de que en la
cima de la montaña del mono habían
apresado a los tres guerrilleros
sublevados. El general –le preguntó-
al sargento: -“¿Y estos que acabamos
de fusilar? El sargento sin mediar
palabras –le contestó- a su general.
–“Esos… Eran Scout mi general.
Tengo
que contarles la historia de: “El
Amanecer y la Gloria”,
aquella donde se cuentan los santos
y pecadillos del desaparecido poeta
Raúl guerra. La misma que el
autor introdujo en un sanitario de
barrio, pero que al rescatarse ya
estaba pintada en un cuadro.
Pacientemente fue traducida al papel
por Barbarin Ruiz, antes de
ser exiliado. Por alguna extraña
razón el viejo se la regaló a su
hijo, Aquiles Ruiz, para el
día de su cumpleaños y duró un
largo tiempo en manos del pescador
que también fue desaparecido,
posiblemente desterrado a vivir en
Limbotropía, especie de
Siberia, tropical moderna, no sin
que dicha obra le fuera incautada
por Perfecto Tunante, fiscal
general de la Nación y entregada en
las manos del caudillo Manuel
Tolima Morillo. Como se supo,
luego de la muerte del tirano los
folios envueltos de la trágica obra
fueron encontrados en una refriega
popular de destrucción de los bienes
del Partido Dominicano del jefe y
puesta en hojas en blanco por
Tatín Goren Tuert. Perdonen,
esta es una historia larga,
enrollada y que quizás muchos de
Ustedes no alcanzan a comprender. Yo
tampoco, pude llegar a saber como
fue que más tarde se transformó en:
“A Donde Viven Los Muertos”
Como se me está poniendo un poco
cuesta arriba poderles explicar
estos cuadernos tan engorrosos, debo
aquí interrumpir mi relato, pues
debo ir a comprar el Money Order
(la orden de dinero) para pagar la
renta, que cada día sube más, con
esto de los precios de la gasolina.
De paso debo ir a la farmacia, en
Nueva York para recoger la medicina
del artritis, el cólico, la presión,
la diabetes y el colesterol. Más
luego continuaré con esta historia y
otras tantas anécdotas increíbles
del desaparecido poeta Raúl
Guerra, sus santos y pecadillos.
Total, es una vida tan extensa y
complicada, que requerirá de otro
capítulo, quizás de otro libro,
porque todo no se puede decir en uno
solo y de un tirón. Si es que vivo
para contarla, y no termino como:
"LETRA MUERTA".
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