En mis años juveniles, asistí a una
conferencia de La Nogsis Universal y
escuché por varias horas al cienciólogo,
escritor y poeta Raúl Guerra cuando
decía: -“En la vida hay ciertos
misterios inexplicables. Por lo menos la
ciencia no los ha podido desentrañar.
Otros fenómenos se van dilucidando a
medida que los conocimientos van
avanzando. La clonación era algo
imposible, hace algunos años, pero ya se
han producido eventos públicos y
secretos muy meritorios y de notable
progreso. El uso de células madres para
curar enfermedades genéticas es ya casi
un hecho. El desciframiento del código
genético –ADN- era casi un enigma para
los científicos, por fin se logró
componer éste rompe cabeza. El hombre,
erráticamente se cree ser: el único ser
viviente e inteligente, existente en
todo el cosmo y el más dotado para
comunicarse. Se sabe que las abejas
tienen su propio y original medio de
comunicación. Estas usan un sistema de
señales para avisar a la colmena la
flor que tiene el más rico y abundante
polen. Otros seres vivos también han
creado sus propios instrumentos
comunicativos, para entenderse. Se da
por sentado que los perros se comunican
entre ellos, igual que las ballenas. Los
monos tienen una inteligencia
extraordinaria. Las hormigas poseen una
organización y estructura increíble. Hay
numerosos científicos que argumentan la
imposibilidad comunicativa entre
especies diferentes, para justificarlo
recurren al hecho de que tampoco es
posible la procreación entre seres de
desigual composición biológica. No
olvidemos que el ser humano pertenece al
reino animal, que fue escalando desde
una ínfima forma evolutiva: homo de
cromagnon, homo de neandertal, homo
erectus y homo sapiente hasta situarse
en el estadio evolutivo presente.
–decía- el conferencista, para luego
agregar -“Voy a decir algo
científicamente imposible hoy día, pero
que en algún tiempo, dentro de millones
de años puede ocurrir y ser un asunto
tan natural como lo que sucede en pleno
siglo veinte (XX), con el hombre. Me
refiero a la capacidad que tiene este de
comunicarse mediante la lengua hablada.
¿Quién dice que no? ¿Quién puede poner
en duda que dentro de varios millones de
años otros seres vivos como perros,
monos, cabras y hasta elefantes, Etc.
consigan superarse como pasó con el
hombre y logren una capacidad
intelectual y lingüística que les
permita la comunicación con otros
individuos de naturaleza diferente a la
de ellos?. Los científicos incrédulos,
ya me van a crucificar, y me van a
tildar de demente, pero dejemos el
tiempo correr y veremos que pasa. –así
se expresó- el escritor, al tiempo que
continuó. –“Hago estas divagaciones
científicas y proféticas para contra
restar a quienes ponen en tela de juicio
que pueda yo comunicarme con mi perro
Simpatía. Jesús, el hijo de Dios, tomó
barro, hizo unas palomitas y les dijo:
“Vuelen y vayan por el mundo
multiplicándose”, esto se produjo ante
la incrédula mirada de muchos testigos,
cuando era él apenas un niño de tan solo
cuatro años. La ciencia dice que estos
hechos son poco probables; que no se
produjeron; que no tienen una base
científica; que el barro no se puede
volver una paloma ni el agua vino;
además, si Jesús lo hizo es porque él es
el hijo de Dios; que es disparatazo, que
yo, Raúl guerra, diga que converso con
mi perro Simpatía; mucho más fuera de
juicio y de toda lógica es, que un
hombre se transforme en tiburón y un
perro se vuelva pez espada; que esto no
tiene sentido, ya dirán Ustedes; pero
más inverosímil aún, es que individuos
de anatomías dispares conversen entre
ellos; que solo en sueños eso se puede
dar o producto de un asombroso
encantamiento de una maga o de un mago
burlón; que se trata de una violación a
la ley de la verosimilitud, y no se
cuantas cosas más, me van a decir”.
Yo sé que muchos de ustedes no creen en
Los Galipotes. El que nunca los ha
visto, dice como santo Tomás: “tengo
que ver para creer”. Querido público,
que ha venido a escucharme esta
noche, quiero decirles a Ustedes
como Jesús le dijo a sus
discípulos:
“
bienaventurados aquellos que oyen sin
oír, que ven sin ver, que soy yo el que
está aquí entre ustedes”. Cristo,
manifestó lo anterior luego de aparecer
resucitado. No confundan las cosas, aquí
no estoy diciendo que Jesús era un
Galipote. Me refiero a Los Galipotes que
son y han sido una realidad viva en el
folclor tradicional dominicano. Ellos
tienen una capacidad especial para
flexibilizar sus cuerpos y sus mentes,
haciéndolos aparecer y desaparecer
fantásticamente como por acto de magia.
Además, de que poseen el maravilloso
don de transformarse en animales:
perros, lobos, peces, chivos, gicoteas,
culebras, lagartos etc. y cambiarse a sí
mismos la apariencia física en cuestión
se segundos. –“ya se estaba poniendo de
noche, y la charla con el señor
cienciólogo se estaba alargando, sobre
todo ya me empezó a temblar el cuerpo
cuando se puso a hablar de estos
llamados Galipotes”. El, se veía muy
tranquilo, se tomó un baso de agua y
continuó su exposición :
-“Por esos lejanos tiempos de mi niñez,
cuando contaba yo con apenas unos cuatro
o cinco años, debía ir al colmado, a la
finca de arroz y a buscar agua, sólo en
compañía de mi perro Simpatía y el
burriquito Tarantino. Llegar a mi
destino final era una odisea, pues antes
tenía que atravesar los grandes y
tenebrosos cañaverales. Durante todo ese
trayecto vi y oí cosas espantosas. Como
ya les dije, cada cierto tiempo tenía
que hacer el mismo trayecto por
diferentes razones. El agua potable era
un bien muy preciado, porque para
conseguirla había que ir al mismo camino
real que luego al ser pavimentado se le
llamó carretera Duarte. Más tarde
conocida como autopista Duarte,
Santiago-Línea Noroeste. No duden de que
un día amanezca con el nombre de
Trujillo, Santana o cualquier otro
patriotero de aquellos que solo han
dejado al país ensangrentado por sus
crímenes. No hay cosa peor que cuando un
pueblo pierde su memoria. –“Pues bien”,
-continuó- el charlista, -“A diez
metros antes de llegar a la dichosa
carretera, se encontraba la única llave
pública de agua existente en todos esos
contornos por esos años increíbles.
-“Era Jueves Santo y me levanté sin
hablar. Aparejé mi burriquito Tarantino,
le puse los cajones a ambos lados e
introduje los cubos vacíos. Ya mi perro
Simpatía se había levantado y meneaba su
rabito muy cerca de mis pies, mientras
yo preparaba lo necesario para partir.
Estaba bien oscuro y la espesa neblina
no nos permitía la visibilidad a menos
de cinco metros. El frío era increíble,
sumado esto a la soledad del trayecto,
le daban al panorama un toque
fantasmagórico. Si les digo la verdad,
tenía yo mucho miedo. Las personas
mayores siempre decían que por esos días
pascueros, el enemigo malo andaba
suelto. Mientras caminaba con mi
Burriquito Tarantino y el fiel, perro
amigo, Simpatía, la enorme sombra de un
animal pasó por nuestro frente como un
cometa fugaz.. En un principio pensé que
se trataba de un enorme toro. El pobre
burro se espantó, tiró la carga y echó a
correr como loco desbocado. Simpatía
también se asustó mucho y sus ladridos
más que de ataque eran quejidos de
horror y de miedo. Yo estaba aún en el
suelo, donde fui a parar por el espanto
del jodido burriquito. Me asustó tanto,
la situación porque me vi solo, en el
suelo, golpeado, además de que el perro
y el burro ya casi ni se veían. Me
levanté, todavía un poco atarantado y
eché yo también a correr para alcanzar a
los animales.
Cuando llegamos a la pluma, vi desde
lejos un increíble perro gigante del
tamaño del burrito, que tomaba agua
desesperado en la tina de la llave
pública. Nunca en mi vida que no fuera
en esa oportunidad había yo visto
semejante criatura. Sus piernas eran
largas; sus ojos enrojecidos eran los
ojos de un gato furioso como un
atardecer de luna llena; sus orejas eran
muy largas como conejo salvaje; y su
piel era negra como el azabache. Cuando
terminó de tomarse el agua lanzó un
ladrido ensordecedor hacia la luna, que
aún se veía en el cielo ¡AAAAUUUU!¡UUU!¡Uuuuuuu!
Al notar la presencia del burriquito, de
mi perro y la mía se puso furioso, dejó
ver sus enormes colmillos fulgurantes.
Ahí, fue cuando yo dije “Patitas, para
que las tengo”. De nuevo nos echamos a
correr por donde mismo llegamos.
Ese día no acabaron conmigo porque era
Jueves santo, ya saben, lo precaria
que era el agua y yo que fui a la
fuente de agua y vine sin traer nada,
por dejarme asustar de una sombrita
vieja. Cuando conté lo que me pasó en el
pueblo, me dijeron: -“Esa tiene que ser
Iluminada Beliar que se vuelve Galipote
y sale a asustar a las gentes”. –“A mi
me lo decían y yo no lo creía. Don
Cristóbal, el pulpero aseguraba que:
-“La hicotea que Beliar tiene de
mascota en su casa, es su propia perra
Fragancia”. -Según él- -“Ella la
convirtió así porque se oponía a las
románticas relaciones de su perra con el
perro Simpatía”. –“Yo era muy amigo de
la Señora Iluminada Beliar,
frecuentemente visitaba su casa . Ella
tenía la traba más grande de Gallos de
pelea de toda la región y a mi me
fascinaban los gallos. Yo comencé a
sospechar que quizás era mentira eso que
decían de ella. Ese mismo día en la
noche, me encontré con dos ladrones de
caña que venían por el callejón
principal, uno de ellos muy asustado me
contó : -“Hace un momento en el cruce
de los dos caminos vimos a un perro
negro grande pasar con un toro en su
boca. Nos dio mucha pena con el toro,
este estaba aún medio vivo y se quejaba,
como quien pide auxilio”. Ese mismo día
pero en la tarde había yo ido donde
Iluminada, era casi el oscurecer y Madan
Beliar hacía la ceremonia de entrenar a
los gallos rociándolos con un bebedizo
que preparaba a base de alcohol y otras
sustancias dizque para darle fiereza y
espantarle las enfermedades. A la hora
que los campesinos dijeron ver al perro
gigante yo estaba junto con ella.
Les expliqué a ellos, -“Yo no creo que
Iluminada Beliar sea ese perro gigante
porque a esa misma hora me encontraba
con ella en su casa, entrenando a los
gallos. En estos contornos vivían
decenas de personas a quienes se les
acusaba de transformarse en galipotes,
sin que esto fuera comprobado pero sobre
todo se mencionaba a Enrique Blanco y
una gama numerosa de haitianos que
deambulaban en la zona. Estoy plenamente
convencido-les dije- a los ladrones, que
por lo menos en esta oportunidad no
había sido Iluminada Beliar quien se
volvió galipote para robarse ese toro.
-“Al día siguiente, Viernes Santo, fui
al colmado cercano y escuché a Don Simón
dialogando con el pulpero, Don
Cristóbal”: -“Ayer en la tarde me cansé
de buscar al toro del mechón blanco” –le
decía- él, al señor dependiente. –“Y no
lo pude encontrar por ningún lado,
parece que me lo robaron, este lugar
está lleno de ladrones y cuatreros, ¿Qué
Usted cree? –le preguntó-compungido al
amigo. –“No ‘Ombe, taive’ anda perdi’o
por eso’ monte’ de Dio’” –le contestó-
éste como para consolarlo. –“Yo que oí,
la historia del perro Gigante con un
Toro en la boca, escuché aquella
conversación con disimulo, compré mis
provisiones y me marché, ahora muy
preocupado. Recordé, que en un momento,
la señora Beliar me dijo: -“Agárrame ese
gallo ahí, que voy al sanitario”. La
esperé como por unos quince minutos,
luego salió abrochándose la falda con
esa sonrisa característica que ella
siempre mostraba. –“Pásame el gallo”- me
dijo- y continuamos curando a los gallos
hasta que llegó la noche y me marché.
Fui a la casa a dejar las provisiones,
que momentos antes compré en el colmado
y cuando se hizo un poco más tarde, me
marché al bosque a buscar leña seca para
cocinar. Al regresar como todas las
tardes me dirigí a la casa de mi amiga,
Iluminada Beliar, a ayudarle con los
gallos. Esta vez me movía la curiosidad
de poder descubrir algo que pudiera
incriminarla con el hurto del toro y la
posterior transformación en Galipote.
Ella se entretuvo un poco con los gallos
y yo aproveché para dar una ojeadita. Se
me heló la sangre cuando vi a sus dos
perros policías gigantes comiéndose unos
huesos aún en carne viva. Luego miré
detrás del sanitario y descubrí un hueco
que permitía la salida y entrada. Esto
producía el efecto que las personas
pensaran que ella estaba ocupada en el
sanitario cuando posiblemente se había
escurrido por el hueco. Salí por el
especio abierto y en un alambre para
tender ropa mojada encontré varios
cueros disecándose al sol. Se me
encresparon los pelos al voltear uno de
esos cueros y descubrir en su pelaje
aquel bonito mechón blanco del toro
perdido. Volví con Iluminada sin dar
muestras de espanto, pero la verdad era
que estaba tan asustado con semejante
hecho insólito que faltó poco para que
me hiciera pipi encima de los
pantalones.
-“¿ Dónde andabas? –me preguntó- ella.
–“ ¡OH! es que me dio ganas de hacer
pipi y fui al sanitario. –le contesté-
lo más convincente posible. –“¡Ven!” –me
dijo- y luego pidió con vehemencia:
-“tráeme ahora el gallo giro, tengo que
prepararlo bien porque la próxima semana
tiene una gran pelea en la gallera de
Esperanza”. La ayudé y me fui, pero a
nadie jamás le conté esto que ahora
cuento aquí. Desde ese momento no me
quedaron dudas de que Iluminada Beliar,
había hurtado al toro del mechón y
posiblemente era la persona que se
transformaba en perro gigante. Tomé la
desición de alejarme de ella. Seguía
extrañando a los gallos. No me gusta
verlos pelear, pero adoraba su
hermosura, su bravura, su gallardía y el
maravilloso pelaje que tenían. Quiero
contarles que otro día, cuando llevaba
los alimentos para los trabajadores de
la finca de arroz, pasó un desastre.
Mientra caminaba para este lugar, se
cruzó por mi frente una culebra gigante.
Luego vi a unos gendarmes armados, a
caballo y a pie, que corrían detrás de
un fugitivo. Al no encontrar al
perseguido, se toparon con este enorme
animal y le dispararon, dejándolo
abandonado. Luego continuaron el camino
en busca de su presa. Cuando volví de mi
misión, encontré el animal que aún
saltaba con varios machetazos y disparos
en su cuerpo. Pasé corriendo por el
lugar con miedo a que la culebra
volviera a la vida. Al atardecer cuando
los campesinos volvían de sus labores,
en el mismo sitio donde la gendarmería
atrapó a la gigantesca víbora
encontraron con varias heridas punzo
cortantes y disparos al fugitivo buscado
por la justicia. Unos dicen que era El
mismísimo Enrique Blanco. Argumento poco
probable, puesto que ese mismo día
aseguran haberlo visto en persona por
los predios de Navarrete; en Boca Chica,
vuelto un Tiburón; en el ingenio, vuelto
un tocón; en los rieles de Santiago,
disfrazado de paisano; y en Gaspar
Hernández disfrazado de General. Yo la
verdad ya no sabía ni qué creer.
Agobiado por los acontecimientos y para
ahondar más en mis conocimientos de Los
Galipotes le pedí prestado a Doña Trilce
Salvaland, la maestra del pueblo, un
libro que hablara más sobre estos
enigmáticos seres de nuestro Folclor.
Durante todo un mes esperé que le dieran
el libro, en una librería pública de
Valverde, Mao. Se trataba de una
recopilación anónima de relatos vividos
por diferentes personas de nuestros
campos donde aseguraban haber tenido
experiencias similares a esta que les he
contado. Según este libro, los galipotes
usan la sangre de animales para fabricar
un vino con el que entrenan a los
gallos para hacerlos invencibles. Esta
teoría me resultó un poco descabellada,
puesto que jamás vi ganar uno de los
gallos de Iluminada Beliar. A propósito
de ella, luego de la muerte de aquella
culebra no la volví a ver más en mi
pueblo. Cristóbal, el pulpero me dijo
cuando le pregunté de ella: -“! OH ¡
e’ta, di’que se j’ue pa’ un sitio ñ’amao
Limbotropía, una región paradicia’ca,
políticamente ligá’ a Navarrete, pero
que geográficamente pertenece a Mao,
Vai’vei’de”. –“Ah, -le dije yo- -“Dicen
que allí habitan las musas desnudas, que
tiene enormes cuevas laberínticas que se
comunican subterráneamente con Guananico,
Puerto Plata, Mao, Monte Plata, Boca
Chica, Dajabón, Los Haitices, Sevicos,
Los tres Ojos, El Lago Enriquillo,
Barahona, San José de Ocoa, Montecristi,
San Cristóbal, Gaspar Hernández y
Santiago, entre otras”.
Salí de la conferencia, claramente muy
confundido y asustado. Algunos, ilusos
creyentes en la Maga, Iluminada Beliar,
testifican que mediante estas catacumbas
subterráneas ella tiene contacto directo
con las animas del purgatorio y con
Dios. Yo no estoy muy claro de esto ni
del actual paradero de la señora Beliar,
pero me quedó en la memoria la frase
final del charlista : -“ Los Galipotes
sí existen, Yo tengo completa seguridad
porque los vi con estos ojos que se los
ha de tragar la tierra, aunque la
ciencia y todos los científicos digan lo
contrario”.