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TERCER
LIBRO DEL AFAMADO TEATROLOGO
UNIVERSAL STANISLAVSKY.
( En este libro
el autor destaca el cuerpo como
motor de la caracterizacion)
CREACIÓN DE UN PERSONAJE
Este libro reafirma
y profundiza lo que Stanislavsky
planteó en “Un Actor se Prepara”.
Destaca al cuerpo como motor, sin el
cual la búsqueda de caracterización
es imposible, puesto que se
requieren cuerpos ágiles y capaces
de lograr cualquier tipo de
movimiento que sea requerido en
escena. Si el cuerpo no se encuentra
en un estado físico adecuado no se
logrará transmitir una imagen
interna del personaje, pero sí una
actuación falsa y poco orgánica a la
que se llama comúnmente,
“sobreactuación”. Para trabajar el
cuerpo, Stanislavsky propone
ejercicios que contribuyen a hacer
el aparato físico más ágil, más
flexible, más expresivo y aún más
sensible. El propósito de los
ejercicios es “corregir”, no
“expandir” el cuerpo.
En otro capítulo del
libro, el autor se refiere a lo que
todo actor y actriz debe conocer
antes de enfrentarse a un texto: la
entonación y las pausas. Es
tremendamente importante conocer el
lenguaje de manera detallada, porque
todas las sutilezas de la emoción no
tienen valor alguno, si se expresan
con una elocución deficiente. Las
palabras y el modo de pronunciarlas
se revelan mucho más en escena que
en la vida ordinaria, pues se está
dando vida a un texto elaborado por
otra persona, que muchas veces
discrepa de los propios deseos y
necesidades. Se corre el riesgo
además, de adquirir hábitos
mecánicos en escena, que no
establecen relación alguna, ni con
la idea ni con el sentimiento
esencialmente encerrado en ellas.
Aparece también
mencionado en el libro la
significación del subtexto, el cual
se refiere a una red de innumerables
y variados trozos internos, dentro
de una obra y de una parte. El
subtexto es el que dice las palabras
pronunciadas en la obra, es lo que
llama Stanislavsky, la “corriente
subterránea”. Este se revela no sólo
a través de movimientos físicos,
sino también mediante la
enunciación. Es decir, una palabra
privada de contenido, es sólo una
sucesión hueca de sonidos
inconsistentes. Lo anterior puede
traer como consecuencia que las
personas jamás fueran a presenciar
un espectáculo teatral, porque sería
lo mismo que quedarse leyendo una
revista en casa. No se deben olvidar
los signos de puntuación en el
texto, pues permiten lograr
entonaciones vocales especiales. El
punto, la coma, los signos de
exclamación e interrogación, tienen
connotaciones propias. Sin la
entonación adecuada no cumplen su
función. Un actor o actriz tiene que
repetir una y otra vez su monólogo y
recitarlo para descubrir que la
palabra externa gracias a la
entonación adecuada, influye en las
emociones, en los recuerdos y en los
sentimientos de los actores.
Existen tres tipos
de pausas: la lógica, que es pasiva,
formal, inerte, y da forma a frases
enteras del texto, haciéndolo
inteligible. La psicológica, que
infunde vida a los conceptos y a la
frase, sirviendo de vehículo para
transmitir el contenido del subtexto
en que se apoyan las palabras. La
“Luftpausa” (pausa de respiración),
es una interrupción breve y
necesaria para tomar aire y separar
dos palabras. Un párrafo sin la
pausa lógica no es comprensible;
pero, sin la pausa psicológica, es
un parlamento muerto.
Stanislavsky también
hace alusión al acento como el
tercer elemento esencial del
discurso que debe saber emplearse,
pues si se llega a colocar un acento
donde no corresponde, se corre el
riesgo de deformar el sentido de la
frase. Los acentos sirven también
para destacar y dar énfasis a
palabras claves dentro de un texto.
Los actores y actrices tienen que
aprender a manejar su elocución,
utilizando distintos grados de
fuerza y acentuación. Estos grados
necesitan calcularse, combinarse y
coordinarse, de modo que la palabra
clave, adquiera todo el realce que
necesita. El acento puede combinarse
con la entonación. Cuando se usa
este recurso, la entonación entrega
a la palabra una tonalidad con
variados matices de sentimientos, la
proyecta de diferentes formas, ya
sea con ironía, malicia, desprecio,
respeto, etc.
En la parte final
del libro, Stanislavsky plantea que
una puesta en escena debe tener una
determinada perspectiva para no
decaer en la mitad de su
presentación. Existen tres
descripciones de perspectiva:
perspectiva de la idea; perspectiva
para transmitir sentimientos
complejos; perspectiva artística
para dar colorido y mayor viveza a
un relato.
El autor también
nombra la cadencia y el ritmo en el
movimiento, a los cuáles denomina
tempo-ritmo interno. El tempo es la
rapidez o lentitud del compás, y el
ritmo la relación cuantitativa de
las unidades de movimiento del
sonido. Si se acelera el tempo queda
menos tiempo para la acción y para
el discurso, el actor o la actriz
tiene que actuar y hablar con mayor
rapidez; en cambio, si se frena,
queda más tiempo para la acción,
permitiendo la prolongación del
discurso. Todas las acciones se
desenvuelven a lo largo de una línea
de tiempo que se llena con momentos
de pronunciación de sonido, y cuya
duración varía.
Por último,
Stanislavsky, hace referencia a una
parte esencial para los actores y
actrices, la ética teatral. Esta
prepara a los actores y actrices
para un buen desempeño del trabajo
actoral. El gran principio de esta
ética, es amar el arte en uno mismo,
no amarse así mismo. Ésta es una
misión que no termina cuando cae el
telón. |