TEATRO

Y

 PSICOLOGIA.

 Jose Adolfo Pichardo.                                                      Correo: joseadolfo.p@gmail.com

 

 Escrito por el dramaturgo y director de teatro de santiago.

 

El tema se aparece, de pronto, como un fantasma, un enigma por aclarar, y no viene a juego ni a espantajo la ilusión. Es que el tema es tan simple, pero tan complejo, al mismo tiempo. Simple por dos razones que daré inmediatamente: el teatro es la vida misma, tejido por un dramaturgo universal llamado, según sea quien le nombre, yo le daré el nombre genérico: Dios. Dios crea al hombre, las demás especies animales y las cosas. Esa palabra tan necia y fuera de contexto lingüístico para algunos estudiosos de la gramática española, “COSAS”, está representando la utilería de esta cadena de dramas interpretada por la humanidad. Y escribe Dios una pieza teatral para todo hombre… y para todo animal, por minúsculo que sea, con un solo detalle: el gran hacedor de dramas no nos advierte qué escena viene después con cada movimiento marcado y no avisado ante nosotros. Termina nuestra obra trágica, cómica, dramática, violenta o tranquilamente, y el teatro del mundo continúa. Esta es la gran obra de Dios, esta es la gran trama de cada quien.

 

La segunda razón, y ahora nos movemos al término psicología, es que la psicología también es la vida misma. De ahí que rece el dicho, “toda conducta es motivada”. ¿Se referirá a motivada por qué o motivada por quién? Todo cuanto hacemos o decimos tiene un alcance psicológico y todo cuanto hacemos o decimos forma parte de nuestra trama teatral personal, ¡Qué no la escribimos nosotros!

Estas dos razones hacen simple mi ponencia, porque ambos designios lingüísticos nos ofrecen una misma idea. La complejidad es otra: cómo desarmar ambas para que nos guíe por otras definiciones o por lo menos, otros conceptos. Es lo que procuraré ahora. Veremos tres aspectos dentro del campo titulado: Teatro y Psicología.

 

El Psicodrama.- Para algunos, el psicodrama es un “tipo de teatro” que trata sobre algún aspecto de la conducta humana. He estado viendo, junto a algún amigo, una pieza dramática, al término de la cual, el acompañante apunta: “Qué buen psicodrama”. Error. El psicodrama es una terapia psicológica y psicoanalítica, a través del cual el terapeuta ofrece al paciente, (Prefiero la palabra paciente a cliente) la oportunidad de que dé rienda suelta a sus emociones.

 

Un poquito de teoría:                              

 

“El psicodrama es una técnica que desarrolló J. L. Moreno en los años veinte. Consiste en poner al alcance del paciente, lo que en teatro y fuera del teatro llamamos improvisación. (Hay quienes afirman que la improvisación no existe, pero ya esto es otro tema). Es una técnica que intenta analizar los conflictos internos, haciendo que el paciente represente una escena improvisando a partir de algunas consignas. La hipótesis consiste en que es en la acción, más que en la palabra, donde los conflictos reprimidos, las dificultades de las relaciones interpersonales y los errores de juicio pueden revelarse mejor”.

 

Partiendo de este enunciado, podemos deducir que en la psicoterapia no estamos reproduciendo una escena preelaborada, entonces, debemos establecer la diferencia entre lo que es una función terapéutica de otra función dramática. Con relación a esto el teórico y hombre de teatro Patrice Pavis, en su diccionario de teatro, titulado “El ABC”, nos dice: “El psicodrama es una técnica terapéutica, y no debería, por lo tanto, ser confundida con la catarsis, la obra psicológica y el teatro total o el de la crueldad. Según Moreno, el psicodrama, cuando imita una acción (mimesis) se aproxima al teatro, mientras que un encuentro humano es menos mimético cuanto más auténtico y real”.

 

Como bien es sabido, el psicodrama se desprende de la realidad del individuo. Si un paciente, al que se le pide que dé riendas sueltas a sus emociones, de ustedes tener la oportunidad, podrían verle y escucharle sucesos de aparente surrealismo, absurdos, fantásticos… sin que el individuo esté bajo los efectos de ningún tipo de sustancia alucinógena. Es que está comunicando, a través de esa fantasía sus más recónditos y desgraciados secretos; y lo hace, regularmente de manera encubierta, y es al terapeuta a quien corresponde decodificar la escena para traducirla al lenguaje de la realidad cognoscible para descubrir las posibles causas provocadoras del malestar mental del paciente.

 

Lo que verán a continuación no es propiamente dicho un psicodrama, pero por el momento es lo que puedo, a manera de ejemplo, proporcionarles.

 

(Escenificación)

LAURA: ¿Eres tú, Madre? Pero, si estás sangrando… (Sonríe) y aún así tus labios no dejan de estampar esa sonrisa… ¿Qué? (Extiende la mano libre como recibiendo) ¿Qué me das, madre? ¿Un vidrio, un hacha? ¡Un estruendo! ¡Me entregas una trampa, madre! Tu sonrisa, madre… algo le pasa a tu sonrisa… No eres mi madre, eres… papá, eres tú padre… ¡Monstruo! Eres un monstruo… Eres un monstruo, padre y mi fuego no te quema. ¡Dios, Dios, haz que me escuche Hero! ¡Haz venga Hero a sacarme de aquí!

 

A través del psicodrama el psicólogo podrá descubrir la verdadera identidad del paciente, o la causa que le desencadena el desequilibrio emocional, mientras éste, (el paciente) va desarrollando su personaje, (porque no hay ninguna duda de que el sujeto se convierte en un actor para que pueda revelarse desde sí, el personaje o los personajes responsables de su estado psicopatológico)

 

Salgamos ahora del psicodrama y entremos a otro campo.

 

Para dar continuidad al tema Teatro y Psicología trataremos otro aspecto:

 

La Psicología en el Teatro. Es el momento de que los trastornos psicológicos entren a formar parte de nuestros personajes. El dramaturgo pone al servicio de la psicología el teatro, desarrollando en sus obras, a veces, un poco llano, otras con bastante profundidad, los grandes y marcados trastoques mentales. Tenemos un caso muy interesante: El Tragaluz, de Antonio Buero Vallejo. Recién terminada la guerra civil española, una familia va de regreso a su casa. Está cansada, abatida y hambrienta. El mayor de los hijos logra montar en un tren, y a pesar de los ruegos del padre para que bajara, éste se va, llevándose consigo la última ración de alimento, que trajo como consecuencia el que su hermanita de dos meses muriera de inanición. El hecho desencadenó en el padre un cuadro de fijación, trastorno moral, le llama Vallejo, que  le facilitó un final trágico al autor, (para su obra, por supuesto): el parricidio.

 

Otros muchísimos autores dramáticos, recurren a temas eminentemente de tratamiento clínico conductual.

 

Ya sabemos que todo responde a justificaciones psicológicas, pero no todos los temas son desarrollados con el rigor científico de esta ciencia, de ahí que la psicología en el teatro especifique que el tema esté orientado en ese sentido definitorio y aunque puede traducirse en términos ficticios, ya que está siendo tratado en una obra de arte, sus postulados mantendrán una directriz cónsona de causa y efecto y sintomática.

 

En mi obra, “Los demonios del pasado”, podremos ver un ejemplo de lo que estoy hablando, es decir, el tratamiento de un tema psicológico retratado en el arte dramático.

(Escenificación)

 

“Yo tenía ocho cuando sucedieron los hechos.

 

(La lluvia acrecienta.  Más fuertes los truenos, más brillantes los relámpagos)

 

El viento, el viento ha arrojado la puerta. ¡No! ¿Quién es usted? ¡Suélteme, por favor déjeme! Ernesto no te salgas de la cuna.  ¡Déjeme, señor! Es pecado... Ernesto corre, ve por ayuda... La lluvia, madre, la lluvia.  La casa se va... Señor, déjeme, por piedad. Ernesto no te salgas de la cuna.  No, no, no: te vas a hundir en el agua. ¡Ernesto, Ernesto!

 

(Silencio profundo: el hombre se hamaquea en la banqueta)

Esa sangre en el agua, como un cuerpo inerte, como una masa inorgánica.

 

(Su vista se extravía)

 

Esa sangre, madre, perdiendo su rojo en la turbulencia del río

¡Tapiaré tus oídos para que no escuches a Ernesto, madre! Él no puede saber nada, sólo tenía seis años. ¿Qué puede recordar un niño de seis años?

 

Ya se aleja la lluvia.  La lluvia es un alma en penas que viene de lejos trotando en las alturas, y luego se aleja, chueca, con su espalda sudorosa.  Cuando la lluvia se va, me deja clavado su signo interrogativo, y pregunto... me pregunto: ¿por qué, como me los trae, no se lleva la pena y el temor?

 

Hay tantas cosas que ignoro, Ernesto, y tantas que tú, siendo un mal hijo conoces.

 

Cuando me invaden los terribles momentos de impotencia, miro en este espejo figuras distintas, que a veces son Caamaño, después se tornan Manolo, Orlando y siguen cambiando, pero luego me veo yo y el espejo se trastoca en una caverna nocturnal...

 

(La escena queda en semi-oscuridad)

 

... Mil ojos brillan conmigo en el centro y después el agua comienza a filtrar y emerge de la tierra fría y cálida.  ¿Qué es esto, Santo Dios?  La lluvia se ha convertido en aquel hombre grotesco.  A lo lejos la voz de Ernesto que me llama.  Intento correr, pero ésta es una pesadilla y no avanzo, y caer y caer es la suerte de la desgracia.  Debo enfrentar este monstruo. 

 

(El hombre lanza un grito aterrador, la luz vuelve a la normalidad)

 

Sí, madre, siempre quise ser un Caamaño, un Orlando o un Tavares Justo.  Pero el espejo sólo me devuelve lo soy  y lo que he sido.  Sobre todo lo que he sido.  ¿O acaso lo que han querido tú y padre que yo fuera, una sombra de Ernesto? ¿Una réplica de su muchachito querido?  ¡No me digas nada! Mis preguntas no están esperando respuestas. La única respuesta que espero no viene de ti, ni de Ernesto: ese sabelotodo que siempre se burló de nosotros.

 

¡Perdóname, madre! No quise levantarte la voz, en verdad no soy lo que tú crees”.

 

Este personaje, como se podrán haber dado cuenta, ha sido objeto de una violación sexual, pero no sabemos a ciencia cierta qué le pesa más, si ésta o la violación emocional al que ha sido sometido desde su niñez, viéndose achicado y maltratado por sus padres, a la vez que estos engrandecían a su hermano menor. El tema de la sobreprotección del menor contra la subestimación del mayor nos ofrece, en términos analíticos, múltiples posibilidades; sabemos o deducimos sus causas y también podemos hacer un pronóstico, pero cuando hablamos de teatro o de cualquier otra manifestación artística, si la obra que realizamos no es documentada o histórica, entonces nos vamos a consecuencias lo más parecido al sensacionalismo o al teatralismo.

 

Antes de pasar a una tercera y última división de este tema, veamos el final de “Los demonios del pasado”

(Escenificación)

¿Recuerdas cuando murió Ernesto?  ¡Oh, oh, perdona... no quise recordarte su muerte! ¿Me perdonas, verdad?

                                                                                                               Yo sufrí mucho, ¿es que no te acuerdas cómo lloraba?  Cuando los amigos de Ernesto perforaron su cuerpo...

 

¡No, no me interrumpas! Siempre te dije que los jefes de pandillas tienen amigos muy extraños. 

 

Ernesto fue bien acribillado por sus propios compañeros.  Tuvieron la reunión en la casa, y Ernesto, inteligente como era, quiso engañarlos, y allí mismo sacaron armas, ¿recuerdas? 

 

Aquello parecía un campo de batalla y cuando todos se fueron y dejaron a Ernesto tirado, tú y yo salimos del cuarto, del que mi hermanito nos prohibió la salida hasta tanto terminara la reunión. 

No sabíamos qué herida tapar con nuestras manos.

Entonces ocurrió lo del velatorio: tú llorabas y mi llanto era inconsolable, pero yo no lloraba por Ernesto, sino, porque me di cuenta de que tú le habías entregado todo tu amor a él y no dejaste nada para mí.  Hasta entonces creí que Ernesto sólo contaba con el amor de nuestro padre y la mitad del tuyo, pero no, todo era para él. 

 

¡Quita! No pretendas consolarme. (Pausa) He pretendido ser tu Ernesto durante toda su ausencia para devolverte la alegría, pero ya ves, madre...

 

(Se coloca frente al espejo, que ya no devuelve su imagen)

Yo mismo hace mucho tiempo que he muerto, desde aquella vez que mataste mi ilusión entregándole todo a Ernesto.  Es hora de decirte adiós, no voy a seguir engañándote, haciéndote creer que estoy vivo y de que él vive a través de mí.  Me voy con mi duda, madre, ¿qué relación tiene la tristeza con el miedo?

 

Bueno, ni tan teatral, es muy probable que el niño criado de este modo, (me refiero al menor, a Ernesto) llegue a tener dominio sobre la familia y se meta a cualquier pandilla vandálica, terminando su vida como la del personaje.

 

Ya hemos hablado del Psicodrama y de la Psicología en el Teatro; nos queda, finalmente el teatro psicológico.

 

Teatro psicológico. Hablaremos de algo totalmente diferente, se trata del drama capaz de modificar una conducta. No es un teatro que trata temas de psicología, a sabiendas de que todos los temas o casi todos los temas tienen una connotación psicológica, (Ya dijimos que la psicología es la vida misma y que el teatro es la vida misma, al menos déjenme creer que los he convencido de ello).

 

En mi obra titulada “Los ojos vacíos”, una mujer recibe los maltratos físicos y psicológicos de su marido, guiado por unos celos enfermizos. Veamos un episodio escénico:

 

“Mujer: No me juzgue mal, doctor. Entienda que fui una prisionera de mi marido y que no podía tratarme con otras personas porque a él le sacaba de quicio. Me quería sólo para él. Le contaré un secreto: no le gustaba ni que me bañara. ¡Doctor, mi marido creía que si me bañaba era para verme con otro hombre!”

En una de sus representaciones pudimos notar, los que no actuamos en ella, que una mujer apretaba los brazos de su butaca y luego pasó al sobar violento de su puño derecho contra su mano izquierda. Y si entendemos que una conducta modificada es el cambio de estado anímico, pues, aquí se puede decir, con toda precisión, que Los ojos vacíos es una representación viva de un teatro psicológico.

 

El Teatro Psicológico persigue influir, evidenciar reacciones en el espectador, y no como muchos pretenden que sea como un tratado de psicología clínica, como no es menester desarrollar toda una teoría psicológica para montar una pieza dramática cualquiera.

 

Continuando con el juego de la empatía, (del espectador hacia el personaje) con la siguiente escena de la misma obra, pudimos contactar un cuadro conmovedor, con otra de los asistentes:

 

MUJER: (Al público) A su lado vegetaba. Sus celos enfermizos me llevaron al sótano de la inmundicia. En principio sentía vergüenza cuando pasaba o estaba al lado de los demás. Pero luego me fui sintiendo... ya pensaba como mendiga. Y un día....!Oh, Dios! Un día me atreví.

 

DOCTOR: ¿Se atrevió? ¿A qué se atrevió?         

 

MUJER: Cuando iba al baño de donde trabajaba... entraba cabizbaja. Él había metido en mi cabeza la idea de que sólo él podía soportar mi aspecto feo. Y fue la excusa para romper los espejos de la casa; de tal manera, que aunque tuviera la oportunidad de verme, no pudiera: sería un espectáculo espantoso. Sí, tenía miedo y rechazaba cualquier imagen que una vitrina de tienda pudiera mostrarme. Andaba con los ojos bajos, besando la tierra. Y si había llovido, evitaba que mis ojos se encontraran con la luz de algún pozo en la calle. El efecto, creía yo, podía ser contrario al de Narciso cuando su rostro se reflejó en el agua. Ya no era cuestión de que hubiera o no espejos, si no de que el temor de verme era mío, mío, mío.

 

Pero ese día me atreví. (Agacha la cabeza y la va subiendo poco a poco) Y miré el espejo (Mira en el espejo imaginario) ¡No era yo! Esa cabeza pegada al cuerpo era ajena. ¡Qué horrible! Y el mismo cuerpo parecía haber sufrido una inmejorable metamorfosis. ¿Dónde había quedado mi cuerpo? ¿Qué extraño y estrambótico camuflaje se había cosido a mi ser? Y lo peor, ante el espejo grité: ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? Y mi voz misma se escuchaba prestada. (Solloza) pensé tantas cosas. Vi lágrimas correr por las mejillas de la que aparecía dentro del espejo.

 

OTRA: No quiero llorar, tengo años con los ojos secos. ¿Por qué ahora?

MUJER: No quiero, no quiero llorar.

OTRA: (Sonriendo) ¿Para qué llorar? (se seca las lágrimas)

 

MUJER: (Sonriendo) El llanto ahoga.

 

OTRA: (Seria) El llanto desahoga el espíritu y limpia con su baño de lágrimas.

 

MUJER: Lágrimas... ¿Qué son las lágrimas?

 

OTRA: Las lágrimas son penas en estado líquido.

 

MUJER: Son dolores desentrañados que corren enloquecidos.

 

OTRA: Llorar... hay que llorar hasta dejar los ojos completamente secos.

 

MUJER: Llorar hasta que queden con la vaciedad del alma.

 

OTRA: Y esperar, luego esperar a que se llene el estanque de nuevas penas.

 

MUJER: Penas es lo que más he tenido, pero... ¿tú quién eres? Has surgido de ese animal blanco y no me has dicho quién eres.

 

OTRA: No lo sé, he venido para que me lo digas tú. Quizás he tenido un nombre, alguna identidad, pero lo he olvidado desde aquel día.

 

MUJER: ¿Qué día?

 

OTRA: El día en que tu belleza se hizo añicos ante la violencia de tu marido. Los cristales que cayeron sobre el piso de aquel cuartucho, fueron mi carne, y no tuve más remedio que pegarme a la tuya para sobrevivir.

 

(La mujer se mira de nuevo al espejo. Se pasa las manos por las mejillas)

 

MUJER: No soy tan fea, sólo estoy descuidada.

 

OTRA: Es cierto, ¿por qué no me devuelves mi identidad? ¿Por qué no me devuelves lo que soy?

 

MUJER: (Golpeándose el pecho) ¡Fuera! ¡Fuera dolor! ¡Fuera tristeza!

 

(A medida que ella se golpea y grita, la otra va saliendo como si recibiera los golpes) ” 

Lo que vimos allí fue cómo esa mujer dejaba rodar sus lágrimas. ¿Qué pudo haber sucedido con aquella mujer? Nosotros dedujimos, que esa joven estudiante, (porque fue en una universidad de acá de Santiago, estaba pasando por una situación similar. Ojalá y que se tratara, simplemente, el que ella es tan sensible que le llegó al alma el drama. Y digo que ojalá porque no quisiera que la influencia fuera total y llegara hasta el final de esta pieza, por lo que ustedes verán.

 

DOCTOR: Y ese sadismo suyo, ¿por qué hizo esa barbaridad de...?

 

MUJER: (Sonriendo) ¡Ah! Fue mi especial venganza. Se me ocurrió en el momento. Después de los golpes me obligó a prepararle cena. Con la cena le di jugo, y con el jugo, varias pastillas de las que yo estaba tomando para dormir. Cuando quedó profundamente dormido: lo amarré, lo anestesié y luego le extirpé el pene; se lo puse en la boca y después lo desperté. Cuando abrió los ojos y se encontró con la maravilla de su propio espectáculo, le sonreí para, al momento, abrirle con el bisturí, el corazón. Y le grité: ¡no soy tan poca cosa, maricón!

 

DOCTOR: (Llamando) ¡Centinela! (Entra la mujer policía) La sesión ha terminado.

 

(La mujer policía toma a la paciente por un brazo y se encamina hacia la puerta)

DOCTOR: ¡Ah! (La mujer se vuelve) En cuanto a su pregunta: yo hubiera hecho lo mismo.

Los mejores representantes, desde mi  punto de vista, del Teatro Psicológico, son: el francés Jean-Baptiste Poquelin, mejor conocido como Moliere, el irlandés George Bernard Shaw, los españoles Antonio Buero Vallejo y Alejandro Casona, el sueco August Strindberg y otros tantos que llenarían esta y otras cuantas páginas.

 

De modo que estos son los vínculos que puedo estrechar con el título “El teatro y la Psicología”: El Psicodrama, Teatro Psicológico y La Psicología en el Teatro.